La sesión de rol de ayer resultó un completo desastre. Por empezar Marcelo no apareció y no hubo caso de poder ubicarlo al celular. No quise decir nada al grupo, pero sospecho por dónde podría estar el origen de su súbita desaparición. Habría que apuntar a Constitución... Más precisamente a Gladys. Por otro lado, el juego no salió tal como lo esperabamos: primero que nada había un jugador menos; en segundo término: Tony, desobedeciendo toda regla de convivencia para el juego, reglas que habíamos redactado en conjunto y en consenso el primer día que comenzamos a jugar rol, allá por por el año 1996, una de las cuales rezaba: “Queda absolutamente prohibido intoxicarse con sustancias quimicas u organicas que provoquen obnubilación, exitación, sueño, desgano, o alucinaciones varias, antes o durante las sesiones de rol”, había estando fumando durante toda la tarde.
En nuestra última sesión Hawk el Bribón, Strongsteel el guerrero, Alathar el hechicero y Odaesh el Bardo estaban juntos... (bueno ese grupo había sufrido la baja por ausencia sin aviso de Odaesh); por otro lado, solo, el enano berserker se enfrentaba a una horda de orcos.
- ¡Bien! -les dije para comenzar a introducirlos en la historia, hacía como quince días que no jugabamos-. Ustedes acaban de expulsar al vampiro...
- ¡Ja! ¡Cómo nosotros el otro día! -. acotó Tony con sus ojos inyectados en sangre de mirar vidrioso con una sonrisa un tanto turbia en sus labios.
Por supuesto, omití aquel comentario y proseguí.
- En cambio, vos, Mataorcos, estás seriamente rodeado por una horda de diez orcos comunes avidos de sangre...
- Les mando a la 12 a ver quién tiene más aguante-volvió a acotar Tony y se rió de una forma estúpida.
- Lamento comunicarles -me dirigí de nuevo al grupo que estaba en la cripta-, que por alguna extraña razón que aun desconocen, Odaesh se desvaneció cuando el vampiro se esfumó lanzando un grito de agonía. De modo que su algarabía por el triunfo les duró poco. Ahí está el bardo tendido y sin conocimiento.
- Lo pongo boca abajo -declaró Tony con una sonrisa perversa- y le bajo las polainas.
- Bien, le bajastes las polainas, Odaesh está en culo al aire. ¿Se puede saber cuál es la gracia de hacer esto?-. Tony comenzó a reirse de una forma muy estúpida y sus ojos brillaron de maldad.
- Le reviso la mochila -declaró.
- ¿Dale, ladrón de cuarta, que estamos perdiendo tiempo acá! -protestó Pedro cuyo temperamento era tan volátil como el de su personaje Steelstrong.
Ambos se enzarzaron en una discusión sobre cómo debía comportarse un jugador mientras se llevaba a cabo una sesión de rol. De inmediato se unió a la disputa Alan. Aproveché y me dediqué a Claudio que aguardaba con ansias su combate contra la horda de orcos, pero cuando anunció con el entrecejo fruncido y los dientes apretados: “¡Ataco!”, mientras agitaba los dados entre ambas manos, escuchó decir a Tony: “¡Ustedes me dicen a mí pero cuando el enano egoísta se corta solo (como ahora) para quedarse con lo mejor de los tesoros…!”
No pudo terminar la frase, porque Claudio le arrojó los dados por la cabeza. Tony lo miró serio, le dio una larga calada a su cigarro “especial”, lo apoyó en el cenicero y alzando sus manos como si fueran garras, y lanzando un grito tipo karate muy agudo, se lanzó sobre el agresor. Las hojas de personajes volaron por el recinto, la pantalla se cayó y las hojas donde tenía mis apuntes de la historia se mezclaron, los dados saltaron tintineando por el piso, al tiempo que el resto de nosotros intentaba separarlos y, uno de los gatos de Tony continuaba aferrado a la espalda de Claudio (que había saltado junto con su amo. Se ve que son un tándem feroz acostumbrado a actuar juntos). Finalmente pudimos separar a los dos púgiles (y al gato) y colocamos a cada uno en un rincón. Alan sostenía a Tony y yo a Claudio, mientras Pedro recogió todas las cosas tiradas e intentó poner un poco de orden.
- ¡Gente grande! –les reprochó Alan-. Comportándose como salvajes. ¡Ahora quiero que se pidan perdón!
- Dejate de joder –lanzó Tony algo avergonzado mientras movía el pie izquierdo de un lado a otro, arrastrándolo como si estuviera alisando un piso de tierra.
- ¡A ese miserable no le pido ni un vaso de agua! -acotó Claudio muy dolido, en su alma y en la espalda que la tenía toda arañada por el gato.
- ¡Se piden disculpas! –reiteró con total autoridad Alan. Tanto Tony como Claudio se sobresaltaron y murmuraron un “Disculpá, bolú!” de forma rápida.
- ¡La mano, ahora! ¡Se dan la mano!
Las manos se estrecharon, primero con reticencia, pero luego, al contacto, ambas se apretaron con fuerza, con calidez y de pronto… las lágrimas…
- ¡Estúpido! ¿Por qué me hacés enojar, si yo te quiero mucho? –Claudio soltó las palabras entre sollozos.
- Yo también te quiero mucho –Tony se deshizo del apretón de manos y lo abrazó con emoción.
- Alan, nunca te lo dije, pero siempre admiré tu destreza para jugar al “Bubble Bobble” –no puede evitar confesar.
- Y yo, y yo… -moqueó Alan-, tu colección de Batman, tan completa y con tantos ejemplares tan raros…
Pedro se acercó a Tony y lo rodeo con un brazo.
- Tony –Pedro se enjugó las lágrimas-. Nunca quise decírtelo pero siempre me gustó tu arte. Creo… creo que sos distinto.
A su vez, Tony tomándolo por la nuca lo acercó con fuerza para sí, para estrecharlo en un abrazo y le respondió:
- A mí también siempre hubo algo que me costó decírtelo… A mí siempre me gustó tu hermana. ¡Creo que está más buena que un fasito jamaiquino!
Esa frase fue categórica para que el momento sensiblero llegara a su fin. Pedro se mosqueó con Tony y una vez el grito karateca de este último fue como un grito de guerra para que el gato (Tom Lupo, creo que se llama, en honor a nuestro filosofo mediático) se prendiera de la espalda de Pedro como si de un cacho de bofe se tratase.
Cuando todo regresó a su cause normal, decidimos hasta tanto se apaciguaran los ánimos suspender las reuniones de la Cofradía.
que lindo, me reí :) y la foto del tigresito me encantó!
ResponderEliminar