lunes, 20 de junio de 2011

Martes 21 de Junio de 2011...


¡Aquí estoy de vuelta! Disculpen mi retraso, es probable que alguno del otro lado estuviera ansioso por saber las novedades. Lo cierto es que tuve un percance, uno de los tantos que me ocurrieron el sábado. ¡Maldición! A veces me pregunto seriamente si la mala suerte puede llegar a ser algo genético…
Pero les voy a contar las cosas paso a paso.

El viernes por la noche, como les comenté, nos reunimos con la Cofradía. Les expliqué la situación que encontré en mi casa la otra noche y les hice mi pedido. Por suerte todos aceptaron. De modo que el sábado iba a ser el gran día, justamente el sábado mi madre y mi hermana no iban a estar en casa. Armamos el plan y dedicamos toda la noche a  ajustar las piezas. La cosa era sencilla pero de todas formas no queríamos dejar nada librado al azar.
- Pasamos por la terraza de mi casa a la terraza de la casa del vecino –yo les leía la hoja impresa que habíamos hecho con el plan de acción-. La hora será a las 1300 (siempre quise decir eso), es la hora que se va el matrimonio del departamento de al lado a su caminata de cada sábado después de almorzar. Una vez en la terraza de al lado
, bajamos al patio por la escalera…
- ¿Qué pasa si tiene esbirros humanos para custodiar la casa mientras él duerme? –preguntó de pronto Claudio.
- ¿Eh? –ninguno habíamos pensado en eso…
- Humanos que ayudan a los vampiros –explicó con aire académico-. Es común que pase esto. A veces son meros mercenarios que lo hacen por dinero, a veces lo hacen con la promesa del vampiro de convertirlo cuando sea merecedor de tamaño regalo.
- Es un problema con el que no habíamos contado –reconoció Marcelo luego de que permanecimos algunos segundos en silencio meditando las palabras de Claudio-. No deberíamos bajar directamente por la escalera al patio, si hay guardias, es muy probable que estén allí cuidando la entrada.
- Hay una ventana en la terraza que da a una de las habitaciones –expliqué-. Antes de que se mudara el vampiro entré unas cuantas veces a esa casa. Podemos abrir la ventana con cuidado y bajar por ahí…
- ¡Perfecto! –exclamó entusiasmado Tony-, pero ¿si hay guardias en la habitación que bajemos; o si los atraen nuestros ruidos?
- No se preocupen por eso… Mañana les traeré una sorpresa en la que estuve trabajando toda esta semana –anunció casi al borde de la excitación Claudio.
- Bien, prosigamos. Obviemos el hecho de los guardias… Una vez que estamos abajo, debemos identificar el lugar donde esconde el féretro. Sé que esa casa tiene sótano, así que es muy probable que esté allí… Llegamos a él, clavamos la estaca, cortamos la cabeza y… sacamos los restos al sol. ¡Asunto terminado!
Todo cerraba perfecto. Además, Marcelo traería a su hermano que era religioso para que nos bendijera.
- Como en la película Vampiros, de John Carpenter –dijo-. Ellos tenían un cura…
- Si, bueno –intervino Pedro, algo confuso-, pero tu hermano es Testigo de Jehová no sé si sea lo mismo… 
- Sí, para el caso es lo mismo –dijo muy satisfecho.
Había gran expectativa, bastante entusiasmo pero también miedo. Mañana nos enfrentaríamos con una de las más perversas encarnaciones del mal… Para distendernos organizamos un “Carrera de Mente”. Marcelo formó equipo conmigo; Tony y Claudio formaron otro, y por último Pedro y Alan el otro. Nos ganaron estos dos por muy poquito. Claudio y Tony terminaron discutiendo como de costumbre pues, Tony a mitad del juego se encendió un cigarrillo de los suyos y sus respuestas (sin consultar con su compañero) fueron de lo más inverosímiles: “¿Quién ayudó a los rebeldes americanos a luchar contra la Corona Inglesa?”: Superman. Alquímedes se caraterizó por exclamar una famosa frase al descubrir su teoría de la flotación”. El que depositó dólares cobrará dólares. “¿Cuál de los hermanos Marx era mudo?” Carl Marx y además comunista. “¿Cómo se llama el popular juego donde se disponen  asientos en los que hay que  intentar sentarse antes que el otro?”. El 60 a hora pico.

El sábado me desperté temprano. A pesar que me había acostado tarde, madrugué porque la ansiedad casi no me dejó dormir. Eran muchas cosas las que se conjugaban ese día: el operativo “Vecino Nocturno”; la salida con Mariela… ¡Bah! ¿A quién engaño? No dormí en toda la noche esperando, estaca y agua bendita en mano, que se apareciera mi vecino para liquidarme o bien para convertirme. Por suerte no sucedió eso.
Mi madre y mi hermana se fueron a eso de las once de la mañana. Ni bien estuvieron en la calle, subí a la terraza y le di un vistazo al terreno enemigo, como para hacer un reconocimiento y ver si podía detectar la presencia de humanos o algún ruido extraño. No vi nada. A las doce llegaron los muchachos. Puntuales todos. Marcelo vino, como lo había prometido con su hermano Hernán.  Claudio lo hizo cargando una gran mochila de alpinista y una cara de felicidad tremenda.
- Tomen –dijo con orgullo-, por si algún traidor humano intenta causarnos problemas.
A cada uno nos repartió unas pequeñas y ligerísimas ballestas que disparaban dardos comunes, los clásicos para jugar tiro al blanco. Repasamos el plan una vez más y subimos a la terraza con las cosas que usaríamos: en un viejo maletín que había pertenecido a mi padre coloqué: estacas (que Claudio había tallado), tres martillos, seis cruces de madera bastante grandes, que luego repartí una a cada uno. Las había comprado el viernes en una enorme casa que vende insumos para sacerdotes de la calle Paraná; también coloqué agua bendita, aunque el manual nada decía de este elemento; ajos y fósforos (nunca se sabe si no hay que prender fuego la casa y huir); algunas barretas y destornilladores, y una cuerda. Claudio por su parte también se encargó de traer los elementos para cortar la cabeza del vampiro: un machete de monte y una katana que él mismo había forjado. El machete se lo pasó a Pedro, la katana se la quedó él. Tony desde que llegó registraba todo en la cámara de video que Pedro había traído. “Esto lo subimos a youtube y reventamos las pagina con visitas”, había dicho entusiasmado. Cada uno se imaginó siendo recibido por el Papa y convocados para formar el primer grupo de caza vampiros patrocinado por el Vaticano.
- ¡Dale, Hernán, bendecinos! –le dijo Marcelo a su hermano cuando el reloj marcó las 13:05. Un par de minutos atrás escuchamos como el matrimonio de al lado se iba con sus dos molestos perritos caniches ladrando como endemoniados.
- ¿Ustedes están seguros de esto? –preguntó Hernán algo temeroso. Nos miraba a cada uno con cierta desconfianza, con bastante diría yo.
- ¡Pero claro, chabón! –le espetó su hermano-. Ya te lo expliqué el otro día: en esa casa se esconde el Mal y nosotros vamos a eliminarlo en nombre de Dios… de Jehová… 
- Pero miren que yo no sé… Digo bendecir…
- No importa, no importa –intervino Alan-. Decinos algo, unas palabras...
- ¡Bueh! Que la luz del Señor, Jehová, los guíe en esta empresa y que en su venida, para juzgar a todos y anunciar el Fin de los Tiempos, los encuentre dignos gracias a esta tarea que hoy está en sus manos… Que esta batalla sea una muestra de lo que será la Batalla de Har-Magedón. ¿Está bien así?
- ¡Perfecto, chabón!
Uno a uno fuimos saltando la pared medianera que tiene un metro veinte aproximadamente de alto. Todos habíamos acordado venir vestidos de negro, y así estábamos, excepto Tony que no había recordado la consigna y vino vestido con unos pantalones de traje marrón que le colgaban de todos lados, una suéter azul y una campera militar. Uno a uno fuimos cayendo en la azotea vecina y de inmediato tomamos posiciones junto a la ventana. Como era de preveer tenía un grueso postigo cerrado. Sin demorarnos, abrí el maletín y saqué las dos barretas. Una se la pasé a Alan y la otra la tomé yo. El resto nos rodeó para mirar con expectativa como progresábamos en nuestro intento de hacer saltar los postigos. ¡Cómo se nota que éramos novatos en esto! Por los nervios y la excitación, nos olvidamos de cubrir la escalera que bajaba al patio y que disponíamos de las ballestas. Toda nuestra atención se concentró en la ventana. Los postigos estaban bien firmes, se negaban a abrirse. Tanto Alan como yo, estábamos colorados de la fuerza que hacíamos y transpirábamos como locos. Arriba el sol nos daba casi directamente. Nuestro aliado el sol, el que nos protegía del mal, el que impedía que el vampiro nos atrape…
De pronto una sombra se alargó sobre nosotros. En un principio creímos que se estaba nublando pero la voz temblorosa que nos llegó desde atrás nos hizo ver que estábamos equivocados… y perdidos.
- ¡¿Qué están haciendo acá?! ¿Se puede saberr?
La primera reacción nuestra fue quedarnos paralizados por el miedo unos segundos. Juro que la sangre se me heló y un sudor más frío aun me humedeció la espalda. Luego, casi al mismo tiempo, como si fuéramos unos robots programados para eso, volvimos lentamente la cabeza hacia el lugar donde provenía la voz. Y, luego, el grito aterrado que brotó de nuestras bocas. Fue un coro que cantaba al espanto. Yo dejé caer la barreta, creo que Alan también.
De pie ante nosotros, enfundado en unos pantalones de paño gris, una camisa blanca y una blazer cruzado, estaba el vampiro, es decir mi vecino. Su cuerpo delgado y desgarbado bien firme, su cabeza totalmente calva y pálida, las piernas separadas levemente, el ceño fruncido en un gesto de disgusto, un teléfono inalámbrico en su mano derecha…
- ¡Qué están haciendo en mi casa, prregunté!
Tony alzó la camarita de Pedro y sonrió nerviosamente.
- Nada, jefe, un trabajo para la facultad…
- ¡¿Y en mi casa?!
¡Mi vecino, el vampiro, estaba despierto en plano día! ¡Es más, estaba parado bajo el sol del mediodía sin que este le afectase!
- ¡Debió haber hecho algún ritual como en Vampiros! ¡La Cruz Negra ¿te acordás? –me susurró asustadísimo Alan.
- O es un Antiguo –añadió Pedro-. Ya no le afecta el sol…
El viejo se llevó el teléfono al oído después de marcar un número. “Está llamando a los esbirros”, le escuché murmurar a Claudio. Ninguno se acordó que en nuestras espaldas colgaban ballestas (¡Gracias a Dios!), todos temblábamos de miedo.
La policía llegó en pocos minutos y no hubo explicación que valiera, todos terminamos en el calabozo, con la promesa de que pasaríamos mucho tiempo a la sombra por los cargos de: Allanamiento de Morada, Portación ilegal de Armas, Acoso, Intento de Hurto…
Lo último que vi, antes de bajar la famosa escalera que daba al patio fue a Hernán, apenas asomado por la medianera observando todo con detalle. Él se había quedado en mi casa, de modo que se salvó de caer preso con nosotros.
Todo el sábado, todo el domingo y todo el lunes la pasamos en el calabozo, esperando para declarar ante el juez (Maldición un feriado en el calabozo!). Salimos hace un rato (acabo de llegar) porque mi vecino, gracias al intercesión de mi madre, y al parecer de Cinthya, retiró la denuncia. Hernán le había contado todo a mi mamá y ésta se presentó en lo del vecino a disculparse y explicarle el caso.
Obvio que el sábado no pude ir a encontrarme con Mariela. Obvio que cuando encendí mi celular, la casilla de mensajes explotó con las insistentes llamadas de ella del sábado, y los días subsiguientes, primero enojadísima, luego, el lunes, preocupada por si me había pasado algo. El lunes por la tarde llamó a casa y mi madre le explicó mi situación.
- ¡Ay, querida! ¡Preso me lo metieron al nene! No, él es un amor, pero se junta con cada uno… Lo que le falta es una mujer, ¿sabés? Hace como tres años que nada y está todo el día con las revistitas y los muñequitos…
Gracias mamá, siempre ayudando a tu hijo.
En fin, parece ser que en este cuento, en mi cuento, la tercera no fue la vencida y lo peor de todo es que no le puedo echar la culpa a nada esta vez, porque yo solito me hice la cabeza con mi vecino. Resulta que el pobre tipo no es ningún vampiro. Es músico y trabaja de noche, hasta las seis de la mañana en un show de tango para turistas, por esa razón siempre lo vemos de noche y durante el día duerme. Lo del cuadro y el féretro (que no era un féretro sino un armario) era sencillo de explicar: el tipo además es anticuario. Colecciona cosas antiguas y se dedica a revender las que ve que puede hacer un buen negocio… Sin contar que la música de los Cárpatos que yo oía la escucha a menudo porque lo único verídico, da la casualidad, es que el tipo es rumano y de tanto en tanto le agarra la nostalgia, se acuerda del pago… Voy a tener que ir a ofrecerle mis disculpas… Y a Cinthya también. Lo de ella también tuvo fácil explicación: se sentía mal, una gripe viral muy fuerte que no se le iba con nada. La noche que me pidió cambiarle la bombita, la estaba incubando. Cuando yo me fui, mi vecino se ofreció a cambiársela, después cuando se enteró que estaba mal, él le ofreció un remedio casero que su madre le daba a él cuando tenía este tipo de gripes...
La vergüenza me carcome. ¡Yo que me había hecho tantas ilusiones con ser convocado por el Papa! Lo bueno de todo esto es que voy a poder tirar de una vez por todas las ristras de ajo que tengo en mi habitación, el olor ya es insoportable, y que podré continuar con la lectura de Nocturna que la había suspendido por lo sugestionado que estaba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario