Aquí estoy de nuevo, escribiendo y aun no sé por qué en este blog. No sé bien si escribo como una forma de desahogarme, si por este medio he encontrado una vía para canalizar y sacar toda la frustración que se acumula en mí. En fin, la cosa es que estoy, acá sentado frente a mi notebook tipeando, quien sabe para quién, los pormenores de mi vida que, por ahora se presenta con un horizonte gris.
Mi cumpleaños pasó sin pena ni gloria. Cuando regresé del trabajo, mi madre me esperaba orgullosa con su bizcochuelo y tuve que volver a soportar los tirones de oreja. Estaba mi tío, también, el hermano de mi madre. Más tarde llegaron un par de primos y dos o tres amigos con sus señoras. Comimos unas pizzas acompañadas de sus buenas cervezas; servimos unas macitas, me obligaron a soplar las velitas, brindamos y cada cual para su casa. En un momento de la reunión, tanto tío como madre, se mostraron preocupados por mi situación sentimental.
- ¡Macho! –me espetó mi tío- ¿Te pensás quedar solterón vos? Yo a tu edad ya estaba casado con la tía y Dani ya tenía como cinco años.
- Bueno tío, los tiempos cambiaron un poquito –le dije yo con una sonrisa un tanto avergonzada, debo admitir. Mi tío había tocado una fibra muy delicada de mis sentimientos-. ¿No ves que los expertos dicen que la adolescencia termina a los treinta y pico ahora?
- ¡Ah, sí! Esa es la excusa ahora –se quejó mi tío dándose una palmada en la rodilla.
- A mí me encanta que el nene esté acá, con nosotras –intervino mi madre con una mirada de amor maternal que derretiría hasta al más duro-, pero… Nene, vos te tenés que buscar una buena mujer… No sé porque largaste a la pobre Lorenita…
- Esas son cosas mías… y me largó ella a mí –repuse ofuscado.
- Miralos a ellos –mi vieja señaló a mis amigos y a mi primo-. Cada uno armó su familia.
Era verdad. Mi primo estaba casado y con dos preciosos hijos. Mi amigo Fernando, se había divorciado pero había vuelto a formar pareja (muy rápido para mi gusto); mi amigo Juan, también, casado y con dos nenas hermosas… Claro no habían venido ni Alan ni Tony ni Marcelo ni Pedro ni Claudio. El primero había fracasado en todos sus intentos de convivencia y ahora vive solo en una pensión; el otro es un caso perdido, padece de cierta misoginia y lleva una vida bohemia de artesanías extrañas, cigarrillos de marihuana, y filosofía un tanto más extraña que sus artesanías. Marcelo es un músico frustrado que no le hace asco a nada, pero no formaliza nunca; Pedro tiene sus buenos amoríos pero padece un gusto exacerbado por la pornografía y la poligamia lo que le trae muchos problemas. Finalmente, Claudio… A Claudio no le interesa relacionarse con mujeres, sus aficiones pasan por la literatura fantástica y las armas medievales; cuando su cuerpo le reclama necesidades del tipo sexuales requiere de los servicios de las profesionales del amor y asunto terminado. Ellos comparten conmigo los gustos comiqueros, cinéfilos y literarios. Formamos una cofradía y nos reunimos cada martes para jugar rol. “Los Penosos Caballeros Resignados” nos llamamos y llevamos adelante una campaña de AD&D. Con ellos festejé mi cumpleaños el sábado.
La reunión de mi casa, culminó apenas pasada la medianoche cuando, tal vez cansados de los ruegos desesperados de mi madre porque me consiguieran una buena chica para rehacer mi vida, se retiraron todos… O tal vez fueron los insultos de mi hermana Sandra, que ya estaba podrida de todos estos que no se iban más y ella se había perdido la novela por su culpa. De todas formas, a los pocos minutos los despidió efusivamente, con una alegría danzarina en su espíritu pidiéndoles, que no se pierdan y vengan más seguido que la pasamos bárbaro…
Antes de acostarme, una vez se fueron todos, me conecté un poco a Internet. Chequeé mails, leí sin mucho entusiasmo las salutaciones por el cumpleaños que mis contactos en Facebook me habían dejado… y de pronto una ventanita del Messenger comienza a titilar en naranja en la parte inferior de la pantalla con un anuncio que me sorprendió: Mariela dice: “Hola!!! Feliz cumple!!!”
Mariela había sido una amiga de la adolescencia con la que había tenido una breve affaire: unos cuantos besos una noche en un asalto, un par de días de “novios” y nada más. Hacía años que no sabía nada de ella. Hace poco la había encontrado a través del Facebook y no puede resistir la tentación de enviarle una solicitud de amistad. Ella más tarde me había agregado al Messenger, pero nunca coincidimos en estar conectados juntos. Hasta ahora. Una extraña emoción me recorrió el cuerpo cuando clikeé sobre la ventanita y, al desplegarse, me mostró la foto de una Mariela en bikini en alguna playa de la costa atlántica. Había desarrollado bastante desde la última vez que la había visto, sobre todo sus pechos…
Mariela: ¿Qué decís vejete? ¿Viste cómo me acordé de tu cumple?
Yo: Seh! Gracias! Je! Pero eso de vejete…
Mariela: ¡Es broma, che! Igual lo de acordarme la fecha agradécele al Face que me avisó, sino no me hubiera acordado (acá le siguió una carita avergonzada).
Yo: No te preocupes… Yo no me acuerdo el tuyo (mentí, sabía perfectamente que ella cumpliría el 22 de diciembre 28 años, era dos años menor que yo)… ¡Estás muy linda! –me arrepentí de inmediato de haber lanzado esa última frase, pero uno siempre se arrepiente una vez que apretó la tecla “enter”.
Mariela: ¡Bueno, gracias! La verdad que me cuido mucho…
Yo: Si se nota, sobre todo los pech… -Ahí tuve la astucia de darme cuenta de mi error y borré todo-. Me parece muy bien. ¿Qué es de tu vida? ¿Te casaste?
Mariela: ¡Ajá! –di un pisotón al piso maldiciendo-. Pero me separé… Hace un año. Tengo un hijo.
Yo: ¡Qué bueno! Digo, lo del hijo, no que te separaste… Un bajón…
Mariela: No, si: ¡Qué bueno que me separé! Fue un infierno mi matrimonio, y si no lo hubiera hecho no podría ir a tomar algo con vos.
Justo me estaba encendiendo un cigarrillo, por poco me asfixio. Comencé a toser y me llegó la voz de mi mamá desde su cuarto: ¡Dale, nomás! ¡Seguí fumando que te va ir bien! ¡Ya debés tener EPOC!
- ¡No, mamá! ¡Me atraganté!
- Si, si, engañen a la mama que la mama es sonsa…
Yo: ¿Querés ir a tomar algo conmigo?
Mariela: ¡Claro! ¿Vos no? Así nos chusmeamos bien de nuestras vidas… Ah, pero que tonta, esperá… ¿Estás casado vos? ¿En pareja?
Yo: ¡No, no! ¡Qué voy a estar casado! Digo… estuve en pareja, pero ya fue…
Mariela: ¿Mañana?
Yo: ¿Mañana qué?
Mariela: Que si mañana nos vemos…
Otra vez me agarró pitando el cigarrillo y otra vez la tos. Y otra vez mi madre:
- ¡Fuma! ¡Fuma, caro mío! –ella suele intentar imitar el tono italiano cuando se enoja o se queja, recordando a su santa madre.
Yo: ¡No! ¡Mañana no puedo! –no podía dejar en banda a mi Cofradía de los Penosos Caballeros Resignados, cuando tenían todo preparado para mi festejo. Una de las reglas fundamentales del grupo es que nada, pero nada será lo bastante urgente o importante como para hacer fracasar una reunión, a menos que sea: fallecimiento de un familiar, ante el cual deberá presentar certificado correspondiente; enfermedad, ídem anterior; o ataque exterior, léase invasión alienígena-. Tengo un compromiso impostergable. ¿Qué te parece en la semana? ¿No sé, podés después del laburo?
Mariela: ¡Dale no hay problema! ¿El miércoles te parece? ¿Me pasas a buscar? Tomá te paso la dirección del estudio y mi celular…
“Estudio”, había dicho, ¡me cacho! Seguro era abogada
Yo le pasé mi número, nos despedimos (ella me envió uno de esos besos virtuales) y me fui a dormir. Esa noche tardé en dormirme pensando en Mariela, más exactamente en sus generosos pechos…

Mi reunión con la cofradía no pudo resultar mejor. Nos juntamos a las nueve en Manolo, para comer unas buenas supremas rellenas. Pedro había reservado las mesas. De ahí fuimos a comer unos helados al Freedo de Defensa y Estados Unidos y después fuimos a lo nuestro: “Partida extraordinaria de Cumpleaños de AD&D”. Estamos en un momento crucial en la campaña –que yo dirijo-. El grupo de aventureros, parece que dio por fin con el villano que los tiene a maltraer desde los comienzos. Un enemigo que se granjearon en una campaña anterior y que yo, perversamente, se los traje en esta para hacerles las cosas más difíciles. Lo cierto es que el bribón que maneja Tony, había sobornado con éxito –eso creía él- a uno de los esbirros de Lord Blackhood y los llevaría directamente a su guarida. Pero todo era una trampa urdida por el propio Blackhood para atraparlos a todos. Luego de quince minutos de soportar las protestas de Tony, Pedro, Alan, Marcelo y Claudio, se decidieron a jugar y, gracias a las habilidades mágicas del personaje de Alan, un hechicero elfo, y la demencia del enano berserker de Claudio, y mucha suerte con los dados, el grupo pudo zafar de la trampa y huir, pero al guerrero de Pedro le costó un ojo de la cara, literalmente. En medio de la partida recibí un mensaje de texto de Mariela: “¡Holi! ¿Cómo la estás pasando? Seguro que estás atorranteando en algún cabaret con tus amigotes”. Creí conveniente solo responder con un: “¡Je!”. La respuesta de ella no tardó: “¡Todo bien! Divertite! Nos vemos el miércoles!”
Las últimas dos horas las dedicamos a jugar al póker, acompañando el juego con unos buenos mates que Pedro ceba como los Dioses. Un tema llevó al otro y terminamos hablando de mujeres. Decidí contarles mi caso a lo cual se formó una linda discusión entre piernas y dobles pares. Según Pedro estaba reentregada la mina.
- ¡Escuchame! Fue ella la que te empezó a hablar y fue ella la que te tiró la onda para salir, ¡¿y encima te manda ese mensaje hoy?! Esa mina es tuya, Andresito.
- Yo creo que tendrías que ir con cuidado. Esto del Facebook y reencontrarte con gente de una etapa de tu vida que fue linda te emociona un poco y te genera ansiedades y expectativas falsas. Capaz que la mina, se entusiasmó por haberte encontrado pero después… -Marcelo se encogió de hombros y en su cara dibujó una expresión de incertidumbre.
- A mí me parece –intervino Tony que, pese a nuestras protestas, hacía como diez minutos que le daba a su fasito-, en primer lugar que las mujeres son todas atorrantas y que si esta te está buscando por algo es. Para mí que está embarazada, el macho la largó en banda y necesita de un boludo (con tu perdón, Andresito), digo, necesita un boludo para que se haga cargo del bepi. ¡Encima si me decís que está tan buena, justo a vos te va andar atrás!
- Bueno, che, tampoco soy un escracho. Tengo mi costado sexy… -repliqué con bastante enfado. No iba a permitir que me pincharan el globo así nomás. Una cosa que me dijeran que fuera despacio y que no me creara muchas expectativas, otra distinta que me dijeran que no era hombre para ella…
- Mirá, yo no sé si tenés costado sexy o si es sexy estar acostado –Tony le dio una larga pitada a su cigarrillo, contuvo el humo unos segundos y después lo largó entre toses secas-. La cuestión es que las minas son unas turras. ¿O te olvidas lo que me hizo Laurita? Cagarme con el albañil y después querer enchufarme el pibe a mí… Menos mal que cuando cumplió los tres meses el nene me avivé que era igual al tucumano ese. ¿Sabés que es lo que más me dolió? No que me quisiera pasar el chico, sino que me haya engañado con un albañil. ¡¿Soy menos que un albañil yo?! Por lo menos hubiera sido un abogado, un contador, ¡¿qué se yo?! ¡Pero un albañil…!
La reunión no daba para más. Cuando Tony comenzaba con su resentimiento hacia el género femenino o, cuando comenzaba a sacar a flote las miserias de su vida sentimental, era la señal que nos indicaba que la reunión había concluido. Me acercó a casa Marcelo con su moto. Me acosté pensando en Mariela, en sus pechos mejor dicho… Aunque cuando me dormí soñé con Lord Darckhood, que atrapaba al grupo de aventureros y, finalmente les hacía morder el polvo.