martes, 31 de mayo de 2011

Martes 31 de Mayo de 2011...

Estoy nervioso. Mañana se producirá mi encuentro con Mariela. Estuve chateando mucho con ella estos últimos dos días. Realmente no sé qué pensar, espero no estar equivocado, pero esa chica pareciera tener mucho interés por mí. Quiso saber muchas cosas: ¿A qué me dedicaba? ¿Si había tenido hijos? ¿Qué había hecho finalmente el sábado? Ella insisistió tanto  con lo  del cabaret y con que había estado con alguna loca, que al final decidí explicarle lo de la Cofradía, pero creo que no me entendió mucho. Me pareció porque se terminó riendo y me preguntó si no era mejor ir a algún lado a conocer mujeres. Yo le expliqué que una cosa no tenía nada que ver con la otra. Que el juego era sagrado, que cada martes nos reuníamos para jugar y que, si queríamos salir a cazar mujeres podíamos hacerlo otro día (preferí omitir que los sábados es muy probable que nos reunamos en la casa de alguno a ver películas, hacer maratón de series, jugar póker, tute cabrero o pictionary) Hablando de la Cofradía y del juego, ahora les contaré cómo resultó la partida de hoy. ¡Acabo de llegar!

Los aventureros debieron abandonar la ciudad, pues un espía se introdujo en el castillo real y robó una reliquia que, en manos de Lord Blackhood sería muy peligrosa. El grupo debía alcanzar al ladrón antes de que pudiera contactar al villano y entregarle el poderoso objeto. Todo fue bien, y pudieron hallar al malhechor, que se había unido a su banda y escaparon por unos “dungeons” (mazmorras, en castellano, el ley motive de los juegos Dungeons & Dragons –que significa justamente: Mazmorras (o calabozos) y Dragones, en realidad para los efectos del juego cualquier lugar subterráneo donde pueda desarrollarse la aventura se lo considera como un dungeon- en este caso eran catacumbas, los restos de una antigua ciudad enterrada) que resultó ser bien peligroso. Antes de poder dar con la banda (lo que quedaba de ella porque cinco de sus miembros habían perecido por los peligros naturales y artificiales del lugar. Los mismos aventureros estuvieron al borde de la muerte en un par de ocasiones, cuando se enfrentaron a un grupo de arañas gigantes y cuando, el bribón de Tony activó una trampa por intentar robar una gema que estaba incrustada en un muro. Las puertas se cerraron y del techo comenzaron a bajar unas púas aceradas y muy agudas. Finalmente entre el bardo que juega Marcelo y el propio Tony lograron  desactivar el mecanismo de la trampa y detener los pinches a muy pocos centímetros de ellos. El enano derribó la puerta a golpe de martillo de guerra y pudieron seguir adelante. Al bribón no le dirigieron más la palabra durante toda la aventura por haberlos metido en ese lío sólo por su ambición. Finalmente hallaron a los dos únicos sobrevivientes de la banda y reconquistaron la reliquia para su rey. Pero… en un alto en un pueblo antes de llegar a la ciudad, para furia de Tony, y frustración del resto, una mujer engatusó a su bribón y, luego de una desenfrenada noche de lujuria en la que quedó exhausto, le robó el objeto. Para cuando despertó a la mañana siguiente, la mujer ya les llevaba varios kilómetros de ventaja y sólo sabían que había salido hacia el norte…
               Imagínense los gritos y las discusiones de Tony al ver que su pobre personaje había sido víctima del vil engaño de una mujerzuela. E imaginense el trato que le depararon el resto de sus compañeros por haberse dejado birlar.
                - Yo creo que deberías dejar de incluir mujeres en tus aventuras –concluyó finalmente Tony-. Ni en el juego ni en la vida las mujeres son buenas...
               Se retiró del lugar dando un portazo y dejando en el aire una frase del escritor español Noel Clarasó: "El hombre que a los 20 años no cree en la mujer no tiene corazón, y el que sigue creyendo en ella a los 40 ha perdido la razón". A lo que Alan muy serio agregó para nadie en particular: "Si la mujer fuera buena, Dios tendría una".
               Yo, por mi parte,  seguiré confiando en ellas, en Mariela, por el momento.   






lunes, 30 de mayo de 2011

Domingo 29 de Mayo de 2011...

Aquí estoy de nuevo, escribiendo y aun no sé por qué en este blog. No sé bien si escribo como una forma de desahogarme, si por este medio he encontrado una vía para canalizar y sacar toda la frustración que se acumula en mí. En fin, la cosa es que estoy, acá sentado frente a mi notebook tipeando, quien sabe para quién, los pormenores de mi vida que, por ahora se presenta con un horizonte gris.
Mi cumpleaños pasó sin pena ni gloria. Cuando regresé del trabajo, mi madre me esperaba orgullosa con su bizcochuelo y tuve que volver a soportar los tirones de oreja. Estaba mi tío, también, el hermano de mi madre. Más tarde llegaron un par de primos y dos o tres amigos con sus señoras. Comimos unas pizzas acompañadas de sus buenas cervezas; servimos unas macitas, me obligaron a soplar las velitas, brindamos y cada cual para su casa. En un momento de la reunión, tanto tío como madre, se mostraron preocupados por mi situación sentimental.
- ¡Macho! –me espetó mi tío- ¿Te pensás quedar solterón vos? Yo a tu edad ya estaba casado con la tía y Dani ya tenía como cinco años.
- Bueno tío, los tiempos cambiaron un poquito –le dije yo con una sonrisa un tanto avergonzada, debo admitir. Mi tío había tocado una fibra muy delicada de mis sentimientos-. ¿No ves que los expertos dicen que la adolescencia termina a los treinta y pico ahora?
- ¡Ah, sí! Esa es la excusa ahora –se quejó mi tío dándose una palmada en la rodilla.
- A mí me encanta que el nene esté acá, con nosotras –intervino mi madre con una mirada de amor maternal que derretiría hasta al más duro-, pero… Nene, vos te tenés que buscar una buena mujer… No sé porque largaste a la pobre Lorenita…
- Esas son cosas mías… y me largó ella a mí –repuse ofuscado.
- Miralos a ellos –mi vieja señaló a mis amigos y a mi primo-. Cada uno armó su familia.
Era verdad. Mi primo estaba casado y con dos preciosos hijos. Mi amigo Fernando, se había divorciado pero había vuelto a formar pareja (muy rápido para mi gusto); mi amigo Juan, también, casado y con dos nenas hermosas… Claro no habían venido ni Alan ni Tony ni Marcelo ni Pedro ni Claudio. El primero había fracasado en todos sus intentos de convivencia y ahora vive solo en una pensión; el otro es un caso perdido, padece de cierta misoginia y lleva una vida bohemia de artesanías extrañas, cigarrillos de marihuana, y filosofía un tanto más extraña que sus artesanías. Marcelo es un músico frustrado que no le hace asco a nada, pero no formaliza nunca; Pedro tiene sus buenos amoríos pero padece un gusto exacerbado por la pornografía y la poligamia lo que le trae muchos problemas.  Finalmente, Claudio…  A Claudio no le interesa relacionarse con mujeres, sus aficiones pasan por la literatura fantástica y las armas medievales; cuando su cuerpo le reclama necesidades del tipo sexuales requiere de los servicios de las profesionales del amor y asunto terminado. Ellos comparten conmigo los gustos comiqueros, cinéfilos y literarios. Formamos una cofradía y nos reunimos cada martes para jugar rol. “Los Penosos Caballeros Resignados” nos llamamos y llevamos adelante una campaña de AD&D. Con ellos festejé mi cumpleaños el sábado.
La reunión de mi casa, culminó apenas pasada la medianoche cuando, tal vez cansados de los ruegos desesperados de mi madre porque me consiguieran una buena chica para rehacer mi vida, se retiraron todos… O tal vez fueron los insultos de mi hermana Sandra, que ya estaba podrida de todos estos que no se iban más y ella se había perdido la novela por su culpa. De todas formas, a los pocos minutos los despidió efusivamente, con una alegría danzarina en su espíritu pidiéndoles, que no se pierdan y vengan más seguido que la pasamos bárbaro…
Antes de acostarme, una vez se fueron todos, me conecté un poco a Internet. Chequeé mails, leí sin mucho entusiasmo las salutaciones por el cumpleaños que mis contactos en Facebook me habían dejado… y de pronto una ventanita del Messenger comienza a titilar en naranja en la parte inferior de la pantalla con un anuncio que me sorprendió: Mariela dice: “Hola!!! Feliz cumple!!!”
Mariela había sido una amiga de la adolescencia con la que había tenido una breve affaire: unos cuantos besos una noche en un asalto, un par de días de “novios” y nada más. Hacía años que no sabía nada de ella. Hace poco la había encontrado a través del Facebook y no puede resistir la tentación de enviarle una solicitud de amistad. Ella más tarde me había agregado al Messenger, pero nunca coincidimos en estar conectados juntos. Hasta ahora. Una extraña emoción me recorrió el cuerpo cuando clikeé sobre la ventanita y, al desplegarse, me mostró la foto de una Mariela en bikini en alguna playa de la costa atlántica. Había desarrollado bastante desde la última vez que la había visto, sobre todo sus pechos…
Mariela: ¿Qué decís vejete? ¿Viste cómo me acordé de tu cumple?
Yo: Seh! Gracias! Je! Pero eso de vejete…
Mariela: ¡Es broma, che! Igual lo de acordarme la fecha agradécele al Face que me avisó, sino no me hubiera acordado (acá le siguió una carita avergonzada).
Yo: No te preocupes… Yo no me acuerdo el tuyo (mentí, sabía perfectamente que ella cumpliría el 22 de diciembre 28 años, era dos años menor que yo)… ¡Estás muy linda! –me arrepentí de inmediato de haber lanzado esa última frase, pero uno siempre se arrepiente una vez que apretó la tecla “enter”.
Mariela: ¡Bueno, gracias! La verdad que me cuido mucho…
Yo: Si se nota, sobre todo los pech… -Ahí tuve la astucia de darme cuenta de mi error y borré todo-. Me parece muy bien. ¿Qué es de tu vida? ¿Te casaste?
Mariela: ¡Ajá! –di un pisotón al piso maldiciendo-. Pero me separé… Hace un año. Tengo un hijo.
Yo: ¡Qué bueno! Digo, lo del hijo, no que te separaste… Un bajón…
Mariela: No, si: ¡Qué bueno que me separé! Fue un infierno mi matrimonio, y si no lo hubiera hecho no podría ir a tomar algo con vos.
Justo me estaba encendiendo un cigarrillo, por poco me asfixio. Comencé a toser y me llegó la voz de mi mamá desde su cuarto: ¡Dale, nomás! ¡Seguí fumando que te va ir bien! ¡Ya debés tener EPOC!
- ¡No, mamá! ¡Me atraganté!
- Si, si, engañen a la mama que la mama es sonsa…
Yo: ¿Querés ir a tomar algo conmigo?
Mariela: ¡Claro! ¿Vos no? Así nos chusmeamos bien de nuestras vidas… Ah, pero que tonta, esperá… ¿Estás casado vos? ¿En pareja?
Yo: ¡No, no! ¡Qué voy a estar casado! Digo… estuve en pareja, pero ya fue…
Mariela: ¿Mañana?
Yo: ¿Mañana qué?
Mariela: Que si mañana nos vemos…
Otra vez me agarró pitando el cigarrillo y otra vez la tos. Y otra vez mi madre:
- ¡Fuma! ¡Fuma, caro mío! –ella suele intentar imitar el tono italiano cuando se enoja o se queja, recordando a su santa madre.
Yo: ¡No! ¡Mañana no puedo! –no podía dejar en banda a mi Cofradía de los Penosos Caballeros Resignados, cuando tenían todo preparado para mi festejo. Una de las reglas fundamentales del grupo es que nada, pero nada será lo bastante urgente o importante como para hacer fracasar una reunión, a menos que sea: fallecimiento de un familiar, ante el cual deberá presentar certificado correspondiente; enfermedad, ídem anterior; o ataque exterior, léase invasión alienígena-. Tengo un compromiso impostergable. ¿Qué te parece en la semana? ¿No sé, podés después del laburo?
Mariela: ¡Dale no hay problema! ¿El miércoles te parece? ¿Me pasas a buscar? Tomá te paso la dirección del estudio y mi celular…
“Estudio”, había dicho, ¡me cacho! Seguro era abogada
Yo le pasé mi número, nos despedimos (ella me envió uno de esos besos virtuales) y me fui a dormir. Esa noche tardé en dormirme pensando en Mariela, más exactamente en sus generosos pechos…
Mi reunión con la cofradía no pudo resultar mejor. Nos juntamos a las nueve en Manolo, para comer unas buenas supremas rellenas. Pedro había reservado las mesas. De ahí fuimos a comer unos helados al Freedo de Defensa y Estados Unidos y después fuimos a lo nuestro: “Partida extraordinaria de Cumpleaños de AD&D”. Estamos en un momento crucial en la campaña –que yo dirijo-. El grupo de aventureros, parece que dio por fin con el villano que los tiene a maltraer desde los comienzos. Un enemigo que se granjearon en una campaña anterior y que yo, perversamente, se los traje en esta para hacerles las cosas más difíciles. Lo cierto es que el bribón que maneja Tony, había sobornado con éxito –eso creía él- a uno de los esbirros de Lord Blackhood y los llevaría directamente a su guarida. Pero todo era una trampa urdida por el propio Blackhood para atraparlos a todos. Luego de quince minutos de soportar las protestas de Tony, Pedro, Alan, Marcelo y Claudio, se decidieron a jugar y, gracias a las habilidades mágicas del personaje de Alan, un hechicero elfo, y la demencia del enano berserker de Claudio, y mucha suerte con los dados, el grupo pudo zafar de la trampa y huir, pero al guerrero de Pedro le costó un ojo de la cara, literalmente. En medio de la partida recibí un mensaje de texto de Mariela: “¡Holi! ¿Cómo la estás pasando? Seguro que estás atorranteando en algún cabaret con tus amigotes”. Creí conveniente solo responder con un: “¡Je!”. La respuesta de ella no tardó: “¡Todo bien! Divertite! Nos vemos el miércoles!”
Las últimas dos horas las dedicamos a jugar al póker, acompañando el juego con unos buenos mates que Pedro ceba como los Dioses. Un tema llevó al otro y terminamos hablando de mujeres. Decidí contarles mi caso a lo cual se formó una linda discusión entre piernas y dobles pares. Según Pedro estaba reentregada la mina.
- ¡Escuchame! Fue ella la que te empezó a hablar y fue ella la que te tiró la onda para salir, ¡¿y encima te manda ese mensaje hoy?! Esa mina es tuya, Andresito.
- Yo creo que tendrías que ir con cuidado. Esto del Facebook y reencontrarte con gente de una etapa de tu vida que fue linda te emociona un poco y te genera ansiedades y expectativas falsas. Capaz que la mina, se entusiasmó por haberte encontrado pero después… -Marcelo se encogió de hombros y en su cara dibujó una expresión de incertidumbre.
- A mí me parece –intervino Tony que, pese a nuestras protestas, hacía como diez minutos que le daba a su fasito-, en primer lugar que las mujeres son todas atorrantas y que si esta te está buscando por algo es. Para mí que está embarazada, el macho la largó en banda y necesita de un boludo (con tu perdón, Andresito), digo, necesita un boludo para que se haga cargo del bepi. ¡Encima si me decís que está tan buena, justo a vos te va andar atrás!
- Bueno, che, tampoco soy un escracho. Tengo mi costado sexy… -repliqué con bastante enfado. No iba a permitir que me pincharan el globo así nomás. Una cosa que me dijeran que fuera despacio y que no me creara muchas expectativas, otra distinta que me dijeran que no era  hombre para ella…
- Mirá, yo no sé si tenés costado sexy o si es sexy estar acostado –Tony le dio una larga pitada a su cigarrillo, contuvo el humo unos segundos y después lo largó entre toses secas-. La cuestión es que las minas son unas turras. ¿O te olvidas lo que me hizo Laurita? Cagarme con el albañil y después querer enchufarme el pibe a mí… Menos mal que cuando cumplió los tres meses el nene me avivé que era igual al tucumano ese. ¿Sabés que es lo que más me dolió? No que me quisiera pasar el chico, sino que me haya engañado con un albañil. ¡¿Soy menos que un albañil yo?! Por lo menos hubiera sido un abogado, un contador, ¡¿qué se yo?! ¡Pero un albañil…!
La reunión no daba para más. Cuando Tony comenzaba con su resentimiento hacia el género femenino o, cuando comenzaba a sacar a flote las miserias de su vida sentimental, era la señal que nos indicaba que la reunión había concluido. Me acercó a casa Marcelo con su moto. Me acosté pensando en Mariela, en sus pechos mejor dicho… Aunque cuando me dormí soñé con Lord Darckhood, que atrapaba al grupo de aventureros y, finalmente les hacía morder el polvo.



Viernes 27 de Mayo de 2011...


Hoy podría haber sido un día como cualquier otro, sin embargo no lo fue. Desde que abrí los ojos, cuando el implacable despertador sonó a las seis de la mañana, supe que este cumpleaños era muy diferente… Cumplía treinta años.
¡Tres décadas! El peso de los años de pronto, con aquel despertar, me cayó encima como si fuera un yunque de diez toneladas. ¡Tres décadas! Definitivamente, ese número fatídico separa a este cumpleaños de todos los que tuve anteriormente.
Casi con un desgano apopléjico salí de la cama, me duché y me lavé los dientes, aprovechando la ocasión para examinar la imagen que me regalaba el espejo. La barba que mantengo estudiadamente crecida, o mejor dicho, recortada de una forma que parezca que es una barba que apenas intentaba asomar, ya presenta algunas hebras blancas, y otras muchas de un color cobrizo entre la negrura del resto, anunciándose como futuras canas. El cabello, que aún lo mantenía bastante intacto, (sin canas ni entradas ni otros espacios libres sospechosos
) conservaba todavía ese corte informal que me había acompañado en mi etapa de juventud rebelde. Apenas sí, podía notar algunas arruguitas junto a los ojos y unas leves líneas en las comisuras de los labios, más producto de mi risa fácil (no porque sea muy divertido sino más bien por una tonta habilidad –o defecto- de esbozar una sonrisa cuando me pongo nervioso). Hoy por primera vez me di cuenta que soy un hombre que se niega a aceptar que ya es grande, que se aferra a esa imagen de adolescente para tapar su realidad, para no ver su situación.
Y la situación es la siguiente: un tipo de treinta años, demasiado aficionado a los comics, los libros y las películas de horror, fantasía y ciencia ficción (algunos nos llaman freak, ñoños y nerd, yo me quedo con esta última denominación, no me pregunten por qué, pero me parece la más cool) que regresó a la casa materna al fracasar en la convivencia con una mujer tras cuatro años de relación; que convive con su madre sexagenaria y su hermana con algunos problemas psicológicos; y que tiene un trabajo medio pelo (que no es lo que a él le gusta pero está cómodo).
¡Carajo! Huí del ese espejo endemoniado que me mostró, por primera vez, y con una crueldad casi sádica, la realidad en la que estaba parado. Y fue allí que, mientras me calzaba unos jeans algo gastados, las zapatillas de lona Converse, mi remera favorita con el símbolo de Batman y una campera militar encima, fue allí, en la soledad de mi cuarto en penumbras, bajo la mirada recta y severa de alguno de los superhéroes más poderosos de la Tierra que me custodiaban en poses estáticas desde los anaqueles de mi biblioteca atestada de comics y libros de fantasía, terror y ciencia ficción; fue allí, en ese momento intimo que tiene un hombre consigo mismo mientras repasa mentalmente todo lo que tiene que agarrar antes de abandonar su casa para hacer frente a otro tedioso día de trabajo: “El I pod, el celular (no vaya a faltarnos el celular), el morral que contiene el último libro de Stephen King el que apenas me faltan un par de capítulos para terminar de leerlo, las llaves, la tarjeta magnética para abonar el pasaje del colectivo, los lentes de sol…” fue allí que tomé la decisión. Todo héroe en las novelas o en las historietas tiene ese momento sublime, único, decisivo en que debe escoger el camino a seguir, aquel que lo llevará a la victoria, a la gloria y al crecimiento o aquel que lo llevará a la muerte segura. Frodo Bolsón lo tuvo cuando decidió abandonar a la Comunidad para continuar solo su viaje a las tinieblas. Su fiel compañero, Sam lo tuvo, cuando decidió, a pesar  de sus limitaciones y miedos, seguir a su amo Frodo, porque el señor Gandalf le había dicho: “Sam, no dejes que le pase nada a Frodo”. Trancos mismo tuvo su momento cuando debió aceptar de una vez por todas que su destino era el de reinar Gondor y no seguir vagando mugroso por los caminos del Norte. Bruce Wayne, Clark Kent, Peter Parker, Luke Skywalker… ¡Todos debieron tomar la drástica decisión! Y la mía está clarísima: debo convertirme en un adulto, triunfar en lo que me gusta (sueño ser guionista de historietas ¿no les dije?), emanciparme de la casa materna y conseguir una relación estable… Una relación. Ahora que lo pienso, desde que rompí con Lorena no volví a salir con nadie…
Abandoné mi habitación con paso decidido, la frente en alto y esa firmeza en la mirada que solo pocas personas, como el Capitán Kirk, pueden mantener aun en los momentos de crisis intergalácticas más agudas.
- ¡Feliz cumpleaños, nene! –la voz surgió de la nada cuando ingresé al living a oscuras y un rostro redondo y blanco como una luna llena emergió de pronto y se acercó al mío con los labios fruncidos en un beso cargado con demasiado fervor y cariño. “¡Muack!” y a continuación una sucesión de tirones de oreja que me dejaron el lóbulo por las rodillas. ¡Cómo envidié a Mr. Fantástico en ese momento!
El paso decidido se transformó en un tropiezo, la firmeza de la mirada se desvaneció y la frente en alto cayó estrepitosamente…
- ¡¿Qué hacés, viejita, a esta hora levantada?!
- Iba al baño, nene. El tránsito lento me está matando, querido.
- ¡Pero, hubieras encendido la luz! ¡¿Me querés matar de un susto?!
- ¡Bueno, che! Una que quiere darle una sorpresa a su nenito por su cumpleaños… -mi mamá me tomó una vez más de los cachetes con ambas manos y me sacudió el rostro como si fuera una alcancía que se niega a entregar la última moneda- ¿Quién iba a decir que el gurrumín de la familia ya llegó a los treinta?!
- Si me seguís saludando de esa manera, voy a terminar festejando en la Unidad Coronaria.
Iba a agregar algo más pero un rugido rompió la quietud de la reciente mañana. Provenía del cuarto de mi hermana.
- ¡Se dejan de joder a esta hora! ¡Quiero dormiiiirrr!
- ¡Ay esta Sandra! –me dijo mi madre sacudiendo la cabeza con una expresión de paciencia en su rostro-. ¡Se va tu hermano! ¡Saludalo por su cumpleaños!
- No, no hace falta, vieja… Después cuando vuelvo del trab…
Pero fue demasiado tarde. La puerta del cuarto de mi hermana se abrió al tiempo que la luz se encendía como si se tratase de una heladera. La menuda figura de mi hermana apareció arrastrando los pies. Un soquete lo llevaba puesto, el otro no. Vestía su pijama de invierno que consiste en un pantalón de jogging todo estirado y gastado, cuya parte trasera le cuelga como si llevara pañales debajo y una remera vieja con una estampa del grupo The Rolling Stones. En su rostro, delimitado por una maraña de cabellos revueltos se producía la amalgama de dos expresiones: sueño y malhumor. Se detuvo ante nosotros, nos miró a cada uno con ojos como ranuras, por el sueño y por su miopía que sin lentes no ve prácticamente nada, y se restregó un ojo.
- ¡Cómo rompen las pelotas, ustedes dos! –nos espetó con una mirada ahora furiosa, de un segundo a otro había desaparecido la soñolencia para dar cabida solo a una expresión de enojo más tirando a odio, y se acercó a mi súbitamente. Lo que hizo que me encogiera un poco de sobresalto, pero cuando llegó su rostro hasta el mío ya esbozaba una amplia sonrisa y me estampó un beso-. ¡Feliz cumple, hermanito! –me dijo alegremente, me palmeó la espalda y regresó a su cuarto cantando el “Feliz, feliz en tu día” imitando la voz de Gaby, Fofó o Miliki, o la de los tres juntos, no sé. ¿Les comenté que tiene algunos problemas psicológicos?
Mi hermana padece, según su psiquiatra, Trastorno Bipolar. Según la profesional, un desequilibrio bioquímico del cerebro produce este trastorno y puede hacer que mi hermana cambie de humor en segundos. Pasa de la risa al llanto, del enojo a la alegría, de la irritabilidad más frágil a la armonía casi zen…
En fin, así dejé mi casa rumbo al trabajo, con la promesa de mi madre que, cuando regresara me iba a estar esperando con el bizcochuelo con dulce de leche, duraznos y granas que tanto me gusta. Llegué a la parada del colectivo aun saboreando mentalmente mi torta de cumpleaños preferida, me clavé los auriculares de mi I pod y le di play a la lista de reproducción que había preparado para hoy: La banda de sonido de Star Wars completa. Va ser difícil llevar a cabo esta empresa, pero a Luke Skylwalker no le fue sencillo convertirse en Jedi. “Sin esfuerzo no hay recompensa”.