Mariela me llamó hace un ratito para ver cómo andaba. Le dije que estaba bien, que no se preocupara, que lo de anoche había sido un alimento en mal estado que había ingerido el día anterior. La misma excusa había servido para mi trabajo.
- Bueno, cuídate, y ponete fuerte que tenemos que terminar lo de anoche… -se despidió ella. No recuerdo haber dejado nada sin terminar, pero claro, en el estado en que estaba ayer, bien podría no recordar qué era eso que estábamos haciendo y debíamos terminar. A no ser que mi borrachera haya hecho que me olvidase de gran parte de las cosas que sucedieron.
En fin, lo cierto es que, como bien dije, mi cita terminó en un completo desastre. En algún lado deberían vender un manual para salidas con mujeres.
El miércoles al mediodía recibí un mensaje de ella: “¡Estoy ansiosa por nuestro reencuentro!”. A lo que le respondí que yo también lo estaba… Y no sabía ella cuánto. Sin contar aquella chica que en la convención de comics del año pasado me llevó a su departamento por encontrarme parecido al Linterna Verde Guy Gardner (me hizo vestir como él una vez en su casa… ¡La muy freakie tenía guardado un disfraz de Guy Gardner en su placard!, aunque debo admitir que me quedaba muy bien), como decía, sin contar esa ocasión, y la vez en que mi vecina Cinthya, una cincuentona que un poco pasada de copas, me violó podría decirse, en una ocasión en que fui a su casa a conectarle el monitor nuevo que había comprado para su PC. “¡Cómo me excitan los hombres que se dan maña para todo”, me había dicho y, desprendiéndose de la blusa de su pijama se abalanzó sobre mí diciendo: “Veamos si para esto también sos mañoso”; bueno, sin contar esas dos ocasiones, hacía como dos años que no tenía sexo con nadie… Es más, que no asistía a una cita.
La primera sorpresa me la llevé cuando fui a buscarla a su “estudio”… No era ni un estudio jurídico, ni un estudio contable, ni nada que se le pareciera. Era un estudio de filmación… ¡porno!
Cuando a través del portero eléctrico le dije que era yo me abrió la puerta. Una escalera se elevaba tras ella y al final me encontré en medio de un orgía donde, dos morenos fornidos se la estaban pasando bomba con una menudita rubia que tenía unos atributos exuberantes, mientras dos tipos los filmaban de diferentes ángulos y demasiado cerca para mi gusto. Mariela les daba indicaciones a los amantes: “Eva tirate un poquito más a la izquierda para que se te vea mejor”. “Octavio, agarrala por los hombros”. “Vos Nicolas, meteselo en la boca…” Cuando terminaron la toma, después que la chica alcanzara un climax salvaje y ellos… bueno la recompensaran como se merecía. Todos aplaudieron efusivos y felicitaron al trío. De pronto me encontré aplaudiendo yo también, no sé bien si por contagio del resto, o por el espectáculo realmente impresionante que la rubia había brindado… Nunca había asistido a una filmación de este tipo. Es más, la única vez que vi cómo se filmaba una película fue “Mingo y Anibal contra Los Fantasmas”, con Calabró y Altavista, porque habían elegido hacer los exteriores en mi barrio. Luego, la rubia, anduvo como Dios la trajo al mundo (Je, justamente se llamaba Eva, ahora que lo pienso) durante un buen rato antes de irse a su camarín a ducharse.
- ¡Andrés! –se acercó Mariela y me estampó un sonoro beso en la mejilla. Dame cinco que termino unas cositas y vamos ¿sí?
Los cinco minutos fueron veinte, pero finalmente estuvimos en la calle rumbo a su auto para ir a un lugar que ella conocía y me iba a agradar muchísimo.
- No sabía que… Digo… esteee… que trabajabas de eso… -me sentí un estúpido cuando largué mi balbuceante frase, pero ya era tarde, como cuando uno se arrepiente en el chat después de apretar el “enter” -. ¿A qué te dedicas, exactamente?
Mariela se rió de una forma divertida, casi infantil, la misma risa que cuando tenía quince años. Esa risa que le iluminaba todo el rostro y le formaba dos hoyuelos junto a la comisura de sus labios finos. Ella estaba igual que siempre, no había cambiado nada, salvo por las curvas prominentes que había adquirido su cuerpo.
- Hago pornografía, para afuera principalmente. Soy la dueña junto con un amigo de una pequeña productora, y además soy directora. ¿Te acordás que siempre quise estudiar cine? Bueno, acá me tenés…
- Bueno, cuando vos me contabas de tus ganas de estudiar, debo serte franco nunca creí que te estabas refiriendo a este tipo de cine… je, je…
Otra vez volvió a reír con esa risa cristalina.
- Bueno, es que no me refería a este tipo de cine, precisamente en aquel tiempo… ¡Apenas sabía lo que era la pornografía, Andrés! Llegué a él gracias a mi ex… Lo único bueno que pude rescatar de él, aparte de Icarus…
- ¡Ah! ¿Te quedaste con el perro?
- Icarus es nuestro hijo. Lo tuvimos en Alemania.
Sentí como la cara se me prendía fuego, ¿puedo ser tan pelotudo confundir al hijo de la mina que me quiero llevar a la cama con un perro? ¡También, ¿cómo se les va a ocurrir ponerle ese nombre?!
- ¡Huy discúlpame, soy un animal! Cierto que a vos los perros no te gustaban nada…
Otra vez había apretado el enter antes de revisar la frase… Las orejas a esta altura me hervían. Se me vino la imagen de la Antorcha Humana de los Cuatro Fantásticos a la mente; aunque una más acertada sería la de Ghost Ryder…
Me volví a disculpar y ella rió de nuevo.
- No te preocupes, sé lo que quisiste decir…
- ¿Y cómo es eso de que llegaste al porno por tu marido?
- Es que él es actor porno… Bueno era, se retiró hace unos años.
La respuesta me agarró por sorpresa y me atraganté con la saliva, por lo cual comencé a toser como un tarado.
“Andresito, estás sonado, si esta estaba casada con actor porno, no tenés chance… vas a quedar como un salame en la cama…”,pensé pero la voz interior no sonaba como la mía sino como la de mi amigo Tony. “Y mirá que las minas te lo hacen saber cuando no sienten nada en la cama…”
- ¡Je, je! ¿Actor porno?... ¡Qué loco ¿no?!
- Si, pero no hablemos de él. Tom, ya fue… Mirá llegamos al lugar…
(Encima se llamaba Tom, un gringo… Seguro media como dos metros y era puro musculo…).
El lugar era un pub muy intimista, de esos de luces bajas y reservados, con mesitas iluminadas con velas. Una música suave sonaba con el volumen justo como para no estar bajo ni lo suficientemente alto como para molestar una conversación que se desarrollaba en susurros.
Nos sentamos en un reservado del fondo y una camarera muy bonita nos trajo las cartas.
- Yo quiero un Margarita –pidió ella sin leer el menú.
- Yo una cerveza –dije, pero Mariela negó con la cabeza.
Debo confesar que me vi tentado a pedir un Kriptonita, cuando lo leí en el menú. Superman es uno de mis superhéroes favoritos, pero no lo creí conveniente frente a Mariela y seguí buscando. Elegí, para mi desgracia, un Dry Martini (siempre lo pide James Bond y escuché una vez por ahí que este trago definía al hombre por excelencia; que el hombre que bebía esto apreciaba lo clásico y era sofisticado)… Pero no contaba con que estaba compuesto por una onza y media de vodka Smirnoff Red Label, que con el toque de jugo de aceintunas lo disimula bastante pero… El primero lo bebí demasiado rápido, por los nervios que sentía, los otros dos ya fueron más relajados. Debo admitirlo, no soy de beber mucho, un par de cervezas no más. Cuando estaba llegando a la mitad de mi segundo trago, un calor súbito se apoderó esta vez de todo mi cuerpo. Ahora sí me sentía el Hombre Antorcha. A esa altura ya sentía un leve adormecimiento en mi labio inferior y una par de veces la lengua se me trabó al hablar.
- ¿Y vos, Andrés? –me preguntó en un momento-. ¿Seguiste escribiendo? Todavía guardo esa carta que me escribiste cuando comenzamos a salir ¿Te acordás?
- No, no me acuerdo –mentí. Me acordaba perfectamente: “Mariela, ayer mi corazón conoció lo que es latir de verdad. Cuando la miel de tus labios refrescó mi boca, hiciste hervir mi sangre –mi intención había sido ponerle que me había hecho hervir otras cosas, pero juzgué que no era apropiado dado el estilo de la carta-.Me gustaría que fueras para siempre mi Jean Gray y yo tu Ciclope, pues considero que no hay amor más fuerte que el de ellos en todo el Universo Marvel, tanto que hasta un enlace psíquico personal han desarrollado…-. La verdad que no me acuerdo. Han pasado muchas cartas después de esa ¿sabés? -¡Ups! El Martini me estaba haciendo decir pavadas…-. Pero sí, sigo escribiendo. Escribo guiones de historieta.
- ¡Qué bueno! ¿Cuál historieta, la conozco?
- No, no…
- ¿Escribís para el exterior?
- No, más bien para el interior… de mi casa. Soy un guionista inédito aun, pero ya voy a lograr publicar algo, je…
- ¡Ah, bueno, vas a ver que sí! –me afirmó ella, más por buena onda que por convencimiento-. ¿Y a qué te dedicas?
- Manejo dinero de un Comercio exterior –le dije y me terminé de un sorbo mi segundo Martini.
- ¿Sos el responsable contable? No me imaginé que fueras contador, a vos los números te daban alergia…
- Y me siguen dando… Soy el cobrador de la empresa, je… -de la vergüenza alcé el brazo y llamé a la camarera.
- ¿Me traes otro de estos? –le señalé mi copa vacía-. Pero traemelo sin la aceituna que no las como…
Lancé una risita nerviosa y miré a Mariela que me miraba divertida.
- ¿Estás seguro que estás acostumbrado a tomar eso?
- Quedate ranquila, que yo soy James Bond –le dije pero pronunciando “Yames” no “yeims”.
Cuando acabé el tercer Martini, ya estaba muy mal; me di cuenta cuando se me escapó:
- No sabés las ganas que tendría de filmar una película de las tuyas con vos.
Por suerte ella no entendió el real mensaje y creyó que me estaba postulando como actor pornográfico.
- Mirá, Andy –ella posó una mano sobre la mía-, entiendo que trabajar de cobrador no sea el mejor de los empleos, y no te niego que sacan buena guita, pero para ser actor porno uno tiene que tener…
Acá se produjo la segunda señal de que yo estaba muy mal con los tragos. De pronto un repentino vuelco en el estómago. Me paré como un rayo y salí corriendo.
- Tengo que ir al baño –atiné a decir…
Los siguientes quince minutos me los pasé con la cabeza metida en el inodoro largando hasta lo que había comido a la mañana con el desayuno. Cuando regresé a la mesa, estaba todo sudado, despeinado y con el semblante tan pálido que Mariela me miró con horror y me preguntó si estaba bien. A mí me daba vueltas todo el bar. Asentí con la cabeza y me desplomé en el asiento.
- No –dije después de unos segundos- ¡Quiero irme a mi casita!
Mariela me ayudó a poner el abrigo y luego salimos del lugar abrazados para que yo no me llevase las mesas por delante. El aroma de su perfume me embriagó aún más. Avanzaba con la cabeza gacha y en el andar podía ver la unión de los generosos pechos de ella bambolearse dentro del generoso escote. Aproveché la situación y hundí un poco más la cabeza sobre su hombro. La lengua parecía anestesiada y me colgada fofa a un costado, lo cual me hacía trabar en las palabras.
- Lariema, vosh, vosh no de gayas a creé que shhho etoy, etoy, drobacho…
Estábamos saliendo a la calle, y el aire hizo marearme aún más, pero de pronto la lucidez se apoderó de mí cuando Mariela sugirió que me llevaría en su auto hasta mi casa y que me prepararía café.
- ¡No! –exclamé desesperado y Mariela no entendió mi reacción-. ¡A mi casa no!
- Bueno, vamos a la mía… pero está Icarus con la niñera…
¿Y yo que podía decirle? “No te preocupes en la mía está mi viejita y mi hermana la desequilibrada emocional…”
- ¡No! ¡Dejá! No me siento bien. Vos no te preocupes, parame un taxi y yo voy a casa. Otro día la seguimos.
Ella así lo hizo, un tanto resignada y desconcertada, y lo último que vi, antes de caer en la semi-inconciencia, fue como me saludaba algo desilusionada con una mano. En mi casa me la pasé vomitando todo el resto de la noche.
- ¡¿Nene, que tenés?! ¿Vos estuviste tomando?
- No, mamá… Fueron unas empanadas fritas que me comí… Me cayeron re-mal…
- ¡Ay, nene! Si no te cuidas ese estómago vos…
- ¡Dejeeen dormiiiirr! – se escuchó el rugido de Sandra. Mi mamá regresó a la cama y yo a mis vómitos.
Hermosa noche soñada…

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