Muchas veces la rutina nos hunde en un fangal espeso y pegajoso del cual es difícil salir. Entonces, uno se deja estar y se va hundiendo poco a poco. Por suerte, en ocasiones, pasa alguien cerca, lo ve a uno hundiéndose y le estira una rama para intentar sacarlo, o mantenerlo a flote.
El sábado a la tarde me llamó Marcelo.
- ¿Qué haces, Andrés, como va eso? –me preguntó.
- ¿Y cómo querés que vaya? Mal –le respondí frustrado-. Acá estoy, un nuevo sábado y el programa más aceptable que tengo es ir de Alan a mandarnos la segunda parte de la “Maratón Vampírica”… Ahora que se aclaró lo de Popescu, puedo volver a ver películas de vampiros…
- Ten entiendo –masculló con abatimiento-. A mí me pasa lo mismo… Por eso te llamo, Andrecito. Tenemos que torcer nuestro rumbo de perdedores. Estaba pensando en ir a bailar esta noche ¿Qué te parece?
- ¿Ir a bailar, Marcelito? Pero si nosotros nunca encajamos bien en los boliches… No nos gusta…
- ¡Ya sé! ¡Ya sé! Pero es el lugar ideal para enganchar alguna mina, Andrés… Yo desde que me separé… nada… ¡pero nada eh! –había amargura en su voz, y un poco de desesperación-. Me pasaron un lugar, es para mayores de 25 años, onda retro ochentosa… Me dijeron que se pone bueno y que la mayoría son cuarentonas divorciadas… ¡No puede ser tan difícil!
No sé por qué me convenció, si por la desesperación que se le notaba a través del teléfono o por la mía propia… La cuestión es que a las diez de la noche, Marcelo me estaba tocando timbre y salimos con su moto hacia San Telmo, donde quedaba el boliche.
Antes de ingresar al baile, hicimos una parada en “Pirilo” comimos un par de porciones de esa pizza exquisita que preparan, esponjosa y aceitosa, y las acompañamos con unos moscatos como para relajarnos un poco.
Debo confesar que estaba más nervioso (y ansioso) que la primera vez que me iba a ver con Mariela. Hacía por lo menos diez años que no iba a un boliche y, la verdad, mis experiencias en ellos nunca habían sido muy buenas.
Lo cierto es que allí nos encontrábamos, haciendo la fila para ingresar. El lugar se llamaba “Retropower” En la cola había mucha gente de nuestra edad, y más grandes también. Panzones pelados que aun creían que estaban en los ochenta, mujeres que estaban viviendo su segunda adolescencia con liftings, hilos de oro, colágenos y botox; pero había muchas mujeres lindas, interesantes de nuestra edad y más jóvenes también. Con Marcelo coincidimos (como no sabíamos cómo se suele ir hoy en día vestido a los boliches) en “lookeranos” como en los ochenta, nos pareció muy adecuado con el tipo de lugar que íbamos. De modo que Marcelo, desempolvó una vieja campera de jean “nevada” con "corderito" que había pertenecido a su hermano mayor, se calzó unos chupines y unas botas texanas marrones. Yo, por mi parte, me vestí con un traje Angelo Paolo amarillo que conservé de mi padre. El saco es de solapas finitas y hombreras poderosas, con un solo botón; el pantalón pinzado y angosto abajo. Admito que éramos los únicos vestidos de esa forma y fuimos el blanco detodas las miradas. Cuando llegamos finalmente al acceso, el tipo de seguridad, después de evaluarnos largamente llamó a otro, al parecer su jefe o supervisor. Llegué a escuchar: “¿Los reboto a estos dos payasos?”. El otro después de estudiarnos también un buen rato, y con una luminosa y divertida sonrisa en su rostro de bulldog le respondió: “Nah, déjalos pasar…”
¡La pucha! ¡Cómo se nota una década sin ir a boliches bailables! Ni bien ingresamos nos sumimos en una oscuridad que nos engulló de pronto, sin aviso. No recordaba que fuera tan oscuro. Una luz negra en la puerta resaltó el color chillón de mi traje, parecía que estaba encendido, como un personaje de Tron. De inmediato posé una mano en el hombro de Marcelo que estaba delante de mí.
- ¡Qué hacés, Andrés? –me preguntó algo molesto.
- Para no perdernos –le expliqué yo.
- ¡Pero, no! ¡Sacá la mano que van a pensar que somos o idiotas o trolos!
Como había presentido, a los dos minutos perdí a Marcelo y ya no pude encontrarlo. Intenté llamarlo al celular pero no tenía señal dentro del boliche. Pensé en acercarme hasta lo del discjockey y pedirle que lo llamara por el micrófono, pero lo pensé mejor y sospeché que a Marcelo no le iba a gustar nada la idea. De modo que me resigné y me acerqué a la barra, llevándome por delante a algunos tipos y mujeres. No veo el sentido de que no se pueda ver nada en un lugar como ese, creo que tiene más luz un tren fantasma. Para colmo la música atronaba. En ese momento estaban pasando “Las Chicas solo quieran divertirse”, de Cindy Lauper… A mí siempre me gustó esa cantante, y este tema en particular me pone alegre. De modo que, llegué a la barra tarareando la canción y sacudiéndome, en lo que yo creía, al ritmo de la música. Me acomodé como pude en la barra y luché con la gente hasta que pude pedir una cerveza, cuando escuché una voz detrás que me decía: “Hola pollito mojado”
Imaginen esta situación… Uno está por disfrutar de una cerveza, escuchando una canción que le gusta, viendo a su alrededor las hermosas mujeres que lo rodean y de pronto esa voz aguardentosa que intentaba forzadamente sonar femenina. “¡Gladys!”, pensé y un escalofrío me recorrió el cuerpo desde el dedo chiquito del pie hasta la punta de mi último cabello y una imagen mental se materializó de inmediato: un cuartucho barato de pensión; un catre desvencijado; apenas unos débiles rayos de luz matinal colándose por las rendijas de una persiana más desvencijada que la cama; yo acostado hecho un ovillo, y a mi lado… Gladys…
- ¡Mirá donde te vengo a encontrar! –me dijo estampándome dos besos, uno a cada lado de la cara-. ¡No me llamaste más, travieso!
- ¡Eh! ¡Je, je! Mucho trabajo, viste…
Estaba acorralado. La gente que se convulsionaba por pedir el trago de moda me cerraba la salida hacia los costados; por detrás tenía la barra y por delante… Gladys. Intenté calmarme, mientras el travesti me parloteaba sin cesar… No tenía idea de lo que me estaba diciendo, yo intentaba pensar qué podría hacer Superman en una situación similar… Se me vinieron a la mente varias ideas, ninguna de ellas viables: desintegrarla con la visión laser; mandarla al Ártico de un soplido, escapar volando, llevármela volando y depositarla en el Lado Oscuro de la Luna… Opté por focalizar en lo que estaba diciendo.
- ¿Venís seguido por acá? Porque yo vengo siempre y nunca te vi… Bah, antes no te conocía, ji, ji, ji…
Desesperadamente mi mente buscaba soluciones: …… y de pronto, llegó la caballería.
- ¡Eh! Te estaba buscando por todos lados –Marcelo se acercaba agitando un dedo reprochador cuando reparó en Gladys y se detuvo en seco, la miró de pies a cabeza y le sonrió poniendo su expresión más sexy- ¡Hola! –le dijo-. Marcelo es mi nombre, bombón.
De inmediato me llevó a parte.
- ¿Vos te levantaste eso? –quiso saber y le dedicó otra sonrisita a la distancia a Gladys.
- No, pero…
- ¿Pero qué? ¿Tenés onda con ella?
- No, nada que ver pero…
- ¡Uf, menos mal porque… ¿la viste bien?
- Si, ya sé es…
- Está rebuena y no me saca los ojos desde que me vio…
Marcelo me dejó con la palabra en la boca y se acercó a Gladys, le dijo algo al oído y se acercaron a la barra. Después de unos diez minutos se alejaron hacia la pista con un gin tonic (él) y un Fernado (ella)… Una vez más estaba solo… sin saber que hacer… decidí dar un par de vueltas…
En los parlantes se había desatado un poupurrí de hits de Erasure. Estaba sonando "Oh L´amour" cuando llegué a un rincón, debajo de unas escaleras donde había unos sillones. Me senté en uno de ellos y terminé mi cerveza.
- ¿Tenés fuego? –me preguntó la voz más sensual que jamás había escuchado.
Un rostro blanco y hermoso, enmarcado en un sedoso cabello oscuro y lacio me miraba expectante con unos enormes ojos verdes…
- No –le respondí con sinceridad-. No, los cigarrillos los tiene un amigo… No lo puedo encontrar por ningún lado. Pero mirá ahí tenés un chabón que está fumando –le señalé a un tipo de esos que le dicen metrosexuales, estaba más producido que una mujer… ¡Jamás voy a entender a esos tipos!
La muchacha lo miró apenas un segundo y volvió a mirarme a mí. Yo aproveché ese instante para observarla mejor. Tenía puesto un vestidito negro diminuto y casi todos sus atributos estaban exhibidos de una manera impúdica. Sus largas piernas estaban enfundadas en unas bucaneras también negras.
- ¿Y esa ropa? –me preguntó- ¿Sos actor vos? ¿Están filmando una película acá? –la chica miró para todos lados como buscado algo.
- No –le respondí con sinceridad y después caí en la cuenta-. ¡Ah ya sé! Vos te debes confundir como la mayoría… ¡Todo el mundo me confunde con Cabré!
- ¿Con Cabré?
- Si con Cabré, Nicolás Cabré –le respondí y le realicé la imitación de la voz de su personaje de “Los Únicos” cuando dice: “¡Me estás jodiendo! ¡¿Me estás jodiendo?!”
- Que ocurrente que sos –me dijo ella y miró hacia todas direcciones como si siguiera buscando algo - No, yo te preguntaba porque yo soy actriz, ¡bah! quiero ser... y pensé que si eras actor...
En ese momento comenzaron a sonar los primeros acordes de Thriller, de Michael Jackson. Tengo un problema con esa canción... En la escuela primaria hicimos la coreo para un acto de la primavera, me la sé de memoria y ¡me encanta! Fue la unica vez que me llamaron para particpar en un acto escolar y, ahora, no puedo evitarlo, cada vez que escucho "Thriller", mi cuerpo solo comienza a bailar. Memoria celular me dijeron una vez que podía ser... Lo cierto es que tomé del brazo a mi circunstancial compañera y la llevé a la pista. A esa altura ya iba sacudiendo espasmódicamente y de forma alternativa mis hombros, al tiempo que giraba la cabeza hacia uno y otro costado. En un primer momento, ella se detuvo en seco y me preguntó si me pasaba algo… si me sentía bien… Le expliqué que estaba haciendo la coreo pero no sé si me entendió, porque me miró con cara rara. Después me preguntó si esto era alguna clase de cámara oculta… No entiendo porque la chica desapareció. Fue la vez que mejor me salió la coreo, hasta se formó un corro en la pista que me alentaba y hacia palmas… A mí me parece que se inhibió al verme bailar casi como Michael, aunque no quiero pecar de vanidoso,
A la chica no la encontré más… ¡Miento! La vi caminar hacia la salida del brazo del metrosexual. A Marcelo tampoco volví a verlo, y tampoco a Gladys. La cuestión es que me tuve que volver solo en colectivo. Cuando subí al colectivo el chofer me miró de arriba abajo, lanzó una risotada, y me preguntó:
- ¿Qué venís del Túnel del Tiempo, pibe, o te atrasa el almanaque?
Había un grupito de skaters que festejaron los dichos del chofer con sonoras carcajadas. Hasta una viejita que viajaba sentada en el primer asiento sonrió… De nuevo regresé a mi fangal de rutina. Le mandé, antes de acostarme, un mail a Mariela…
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