martes, 28 de junio de 2011

Martes 28 de Junio de 2011.

Es extraño como hay cosas tan normales que en determinada situación nos parecen extraordinarias, como por ejemplo poder levantarse a las once de la mañana un día de semana, cuando lo común hubiera sido haber estado en pie a las seis. Si bien uno puede hacer eso los fines de semana o los feriados, tiene otro gusto cuando ese día no es uno especial, sino uno común y corriente… Claro que en mi vida los días no son comunes y corrientes nunca.
Hoy fue mi primer día como desempleado. Todas las energías que tenía ayer, todos los sueños que se agolparon en mi cabeza que iría hacer realidad gracias a mi nuevo tiempo libre, quedaron en algún rincón del limbo onírico, o debajo de mi cama ¡vaya uno a saber!
Un abatimiento sobrenatural recayó sobre mí al abrir mis ojos y chocarme con esta mañana fría con amenaza de cenizas volcánicas, que casi me costó horrores salir de la cama. Una imagen se representó en mi mente mientras por entre las rendijas de mis ojos observaba a mis muñecos escrutarme desde la biblioteca. Me vi vestido de Superman, de rodillas, abatido, pusilánime y sufriente, doblegado por mi jefe, perdón, mi ex jefe, que sostenía una muñeca Barbie pero de kryptonita. Mi jefe, en la visión, vestía un traje blanco y moño rojo, y estaba totalmente calvo.
Para colmo de males, en casa teníamos la madrugadora visita del tío Pacale, un tío de mi madre que a pesar que llegó de Italia hace más de sesenta años, todavía conserva el acento tano y habla un cocoliche que a veces es inentendible.
- ¡Jah! –exclamó cuando me vio ingresar al living-. Linda hora de levantarseno.
- Hola tío –lo saludé yo, con un apretón de manos, porque “los hombres que dan baccios son mariposone”.
- Me contó la sua mama que ha perdito el laboro, osté –me increpó.
- Si tío, no le han mentido.
- ¿E que hace que no está boscando…?
- Vea, tío, hoy me tomé el día, tengo que hacer unos retoques a mis guiones y salgo a buscar editorial…
El viejo asintió con el ceño fruncido y me enseñó su pulgar. Yo creí en un principio que era el clásico y universal gesto de “OK”; pensé que me daba ánimo en mi empresa, pero al gesto lo acompañó con la siguiente sentencia:
- Siga cosí, que a osté lo van a morfare uno piduyi así de grandeno… -y me agitó el pulgar regordete y calloso para que lo viese bien.
Ignoré el vaticinio del viejo y me interné en la cocina. Me preparé unos cereales en mi taza preferida, la que tiene el ojo único de Sauron, y luego me encerré en mi cuarto. ¡Tenía que desatar la tormenta de ideas!
 Tengo que cambiar el origen del Capitán Malambo, Alan me sugirió que la caída a un cráter radiactivo era demasiada trillada. Pensé en un par de alternativas, pero luego de un poco de autocrítica las descarté: 1) el Capitán Malambo llega de bebé desde el espacio y es adoptado por un matrimonio de peones de estancia de Entre Ríos… Muy Superman, me dijo una vocecita en mi cabeza… 2) Una mutación genética le otorgaba poderes… Muy X Men, ya me gritó la vocecita… 3) Un experimento del ejército… ¡Muy Capitán América, idiota!, la vocecita ya resultaba irritante… 4) Un Guardián del Universo le entregaba unas boleadoras mágicas que materializaban cualquier cosa que imaginase… ¡Estúpido es plagio a Green Lantern!... Maldita voz… Para las seis de la tarde, y cuando mi decepción era un agujero negro que crecía y crecía engullendo mis esperanzas de poder triunfar como guionista de comics, por fin me llegó la inspiración.
Mi madre irrumpió en mi cuarto sumido en penumbras (por favor no lo atribuyan a mi creciente depresión, simplemente me gusta trabajar, cuando escribo, sólo iluminado por la pequeña lámpara del escritorio), les decía: mi madre irrumpió en el cuarto en penumbras; su figura retacona y rellenita se recortó enigmática en una silueta oscura que no revelaba nada de sus facciones y por detrás un halo de luz brillaba como un sol, otorgándole una cualidad aun más misteriosa a la figura. Entre sus manos cargaba un sándwich de mortadela y un vaso de Cepita de Manzana. Con su ternura de madre lo depositó en el escritorio y me sonrió.
- ¡Tomá, nene! Te traje un sanguchito. ¡Tenés que comer algo! ¡No podés estar ahí pensando toda la tarde sin alimentarte! Necesitás fósforo para el cerebro…
Era la imagen que necesitaba, fue mi musa inspiradora. Me sonreí por primera vez desde que me levantara, le di un beso a mi madre y le di un tarascón al sándwich de mortadela. Entonces escribí:

            PAGINA UNO:

VIÑETA 1

Campo abierto, la llanura pampeana. Fulgencio Funes está en una encrucijada de caminos montado en su caballo. El cielo estrellado se extiende sobre él.

VIÑETA 2

Un resplandor en el cielo. Como una estrella más brillante que el resto.

VIÑETA 3

Primer plano. El rostro de Fulgencio mirando algo alarmado hacia arriba.

VIÑETA 4

Una figura femenina desciende del cielo. Es solo una silueta envuelta en una luz poderosa. Fulgencio y su caballo parecen diminutos en la inmensidad del campo.

VIÑETA 5

Se puede ver una mujer hermosa que llega entre la luz, en ambas manos sostiene algo.

VIÑETA 6

La mujer ahora se ve nítida. No es muy alta y su cabello azabache cubre sus generosos pechos desnudos (Si, no pude evitarlo, la mujer guarda la descripción exacta de Mariela). En su mano trae un sándwich de mortadela y un vaso de vino patero (troqué acá la Cepita por el vino patero pues lo vi más acorde a un gaucho... Si con el tiempo la marca quiere esponsorearme, no tengo ningún problema en alterar el origen para meter a Cepita)

Mujer: “Tomad, Fulgencio Funes, los Dioses te han elegido por tu bondad sin igual y tu preocupación por el prójimo. Come de este sándwich, bebe de esta copa y acepta tu destino, se el campeón de la humanidad…

           Nadie me podría decir ahora que el origen de mi superhéroe no era original. ¡Original y bien argentino! ¡Qué más argentino que un sándwich de mortadela y un vaso de vino patero!
            Un poco más satisfecho pude terminar de comer mi propio sándwich y de beber mi vaso de jugo. Por hoy estaba bien. Mi ánimo mejoró un poco. De modo que fui al living a compartir un poco de tiempo con la familia. Mi hermana me entregó un papel cuando me acomodé en uno de los sillones.
            - ¡Tomá! Esto te lo dejó el tío Pascual. Dice que es un amigo que necesita alguien para trabajar, porque si no te ayuda él te van a comer los piojos.
            ¡Un trabajo! Yo no quería un trabajo nuevo, explotador, agotador, esclavista, donde uno estaba atado por nueve horas al yugo de un maldito que se enriquece a costa de nuestro esfuerzo y nuestro fracaso. ¡Yo iba a triunfar en el mundo del comic! ¡A mí me iban a disputar entre DC y la Marvel! ¡Yo iba a tener filas y filas de fans en la San Diego Comic Con! Abrí el papelito, estaba escrito con la temblorosa letra del tío y decía:

 “Biblioteca Privada de Saint Patric Smoking Club” ver al señor Guillermo Lancaster de parte de Pascual el plomero.

            - ¡Ah, el viejo podrido este te dejó esto también! –me dijo mi hermana y me entregó otro papel, plegado-. ¡Una carta de recomendación, me dijo que es! Me tiene todos podrida en esta familia…
            Una carta de recomendación… Voy a ser sincero, el nombre de la biblioteca me intrigó y la carta mucho más, claro que cuando la leí me decepcionó un poco…

            “Comendatore:
             Acá le mando a questo hombre, que es figlio de la mi sobrina, para ese puestite que me había parlado osté. Se quiamano Andrés, e´ menso paparullo, juega con muñequite anque e un hombre honrado como el suo tío que le escribeno y e´ bono con lo libero. Per favore conchábelo perque la mía sobrina no se merece tenere un vagoneta como él sin laborare en la sua casa. Agradecido.
Pacale el fontanieri.”

            Un trabajo en una biblioteca… podría ser interesante. Bueno ahora no puedo pensar en esas cosas, llego tarde a mi reunión con la Cofradía. ¡Mañana será otro día!

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