lunes, 13 de junio de 2011

Lunes 13 de Junio de 2011...


A veces pienso que debería nacer de nuevo.  Hoy, para mi sorpresa, Mariela me estaba esperando a la salida de la oficina. Cuando le pregunté cómo había sabido donde trabajaba me respondió que como no la atendía en el celular (es verdad, rechacé como doce llamadas suyas) había llamado a mi casa y mi madre le había pasado la dirección de mi trabajo.
- Una dulce tu mamá. ¡Se acordó de mí y todo! Una suerte que justo hubiera ido a tu casa sino… ¡Ya sé! Seguro que va dos o tres veces por semana para limpiarte y acomodarte las cosas, porque mi vieja hace lo mismo con mi hermano. ¿Te acordás de Pablo?
- Sí, sí, claro… eso mismo –respondí yo escuetamente y cambié de inmediato de tema.
La cuestión es que Mariela se vino a disculpar y a explicarme el mal entendido. Resulta que justo estaban esperando un actor para comenzar a rodar una escenas de una película que lleva bastante tiempo retrasada, al llegar yo, los productores y el asistente de dirección me confundieron con él y bueh, esos es todo… Las risas se debieron a que me vieron en calzoncillos de Batman y les pareció gracioso que un hombre (creo que acá Mariela se confundió y quiso decir un actor porno) usara ese tipo de calzoncillos. Me sentí como un tonto, porque si la hubiese escuchado el sábado, la noche hubiera sido otra… No me quedó otra que perdonarla y  disculparme yo también por mi estúpida reacción. La invité a tomar un café pero debía irse. Tenía que ir a buscar a Icarus a sus clases de esgrima…
Como su visita me puso de buen humor, decidí retrasar mi regreso a casa e irme a tomar un café y luego recorrer algunas librerías de la calle Corrientes. Una decisión providencial, debo admitir, pues revolviendo en un sector de libros esotéricos en una librería muy pequeña casi llegando a Callao encontré: “Manual del Buen Matavampiros”, escrito por un tal Griegorich Morlov. No lo dudé, pagué los $50 que costaba y me tomé el colectivo 12 rumbo a mi casa.  Tenía que terminar cuanto antes con el asunto “Vecino”.
Cuando llegué a mi casa, hace un rato nomás, casi se me para el corazón del susto. Cinthya, enfundada en un largo abrigo negro (¿Alguna vez Cinthya se vistió con un abrigo semejante? Yo creo que no), estaba de pie frente a mi puerta, y mi madre hablaba con ella. Una desesperación agónica, podría decirse, se apoderó de mí, y comencé a correr a salvar a mi madre. Mientras corría, saqué de debajo de mi camisa la gran cruz de madera de sándalo que cuelga ahora de mi cuello. Cuando llegué abracé a mi mamá y blandiendo frenéticamente el símbolo sagrado delante del pálido rostro de Cinthya exclamé con el tono de voz más solemne que pude hallar:
- ¡No puedes pasar! ¡Soy servidor del Fuego Secreto, que es dueño de la Llama de Anor! ¡No puedes pasar! ¡El fuego oscuro no te servirá de nada, llama de Udun! ¡Vuelve a la Sombra! ¡No puedes pasar! -no sabía bien que decir de modo que le recité el parlamento que Gandalf le grita al Balrog en las minas de Moria.
 Cinthya se apartó espantada. Miró, con ojos agrandados por el miedo a mi madre, luego me miró a mí y salió corriendo hacia su cubil. Lo extraño es que en su huida se despidió de mi madre diciendo: “Bueno, Elvira, después hablamos, parece que a tu hijo no le gusto mucho”.
- ¡Ay, nene! ¡¿Qué te está pasando a vos?! ¿También andás mal de la cabeza? ¡Debe ser hereditario!
Entramos discutiendo por el pasillo. Yo intentaba explicarle lo que en realidad estaba pasando, ella culpando a “esas historietas que te están estropeando el cerebro”.
- ¡Escuchame, mamá! –logré decirle cuando ingresamos al comedor de casa-. ¿La invitaste a entrar vos? A Cinthya ¿la invitaste a pasar a casa?
- ¡Pero, nene, ¿qué decís? A Cinthya hace años que la invitamos a pasar a casa, ella no necesita invitación…
No podía explicarle que eso ya no importaba, que la invitación que importaba era la que se le hacía después de haber abrazado la oscuridad y ser una muerta en vida.
- No importa. ¿Entró hoy o no?
- No, nene, quédate tranquilo. Vino a decirme que se sintió muy mal estos últimos días, pero que ahora está mucho mejor, desde que el vecino de al lado, le dio un remedio casero que hasta, dice, la rejuveneció. 
Todo está confirmado. Mejor será que deje ahora de escribirles y me dedique un poco a estudiar el manual. Tengo que hablar con la Cofradía, debemos eliminar a esta alimaña. El sábado a la tarde, mientras él duerme, puede ser un excelente día.
Por ahora nada más. Los mantengo informados. Y recuerden, cualquier hijo de buen vecino puede ser, en realidad, un engendro del mal. Anden con cuidado.

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