lunes, 29 de agosto de 2011

Lunes 30 de agosto de 2011...


              La primera noche en lo de Cinthya la pasé mal. ¡Bah, todas las noches y días, pero en especial la primera! Creo que extrañaba mi cama, sobre todo… y a mi mamá…
                - ¡Vas a escribir un guión para mí! –me había explicado cuando recuperé la consciencia-. ¡Soy tu fan número uno!
            Atado de pies y manos a los barrales de la cama no me permitía mover. Intenté forcejear, demostrarle que yo era más fuerte que ella, que no me iba a doblegar fácilmente… Pero no lo logré, así que opté por un método que varias veces me resultó muy eficaz: dar lástima.
                - ¡Cinthya, no me podés tener acá atado! Yo a vos no te hice nada… ¿Y mi viejita? ¿Mi pobre viejita? Ella va a estar preocupada cuando no vaya a su casa…
                - Ya lo arreglé eso –me dijo con una sonrisa triunfal enseñándome mi propio celular-. Le envié un mensaje desde tu telefonito: “Mami, no te preocupes, me voy a pasar unos días de un amigo. Lo de esta noche fue muy fuerte. Así todos podremos despejarnos un poco.”
                - Le hubieras puesto que me iba a pasar unos días a lo de una amiga, por lo menos… -le reproché ofendido.
                - Es que quería que el mensaje fuera verosímil… Que no levantase sospechas…
               No comprendí bien qué me quiso decir con su último comentario, pero volví a atacar con la lástima.
            - Cinthya…  Cinthyta… Dejame ir, por el amor de Dios… Yo te juro que te escribo todos los guiones que quieras, pero por favor no me tengas en cautiverio –la voz se me quebró un par de veces, aunque hice fuerza por no llorar, no quería dar tanta lástima, que viera que algo de orgullo me quedaba. El llanto lo pondría en práctica en media hora si no lograba convencerla con esto-. ¡Por favor, soy muy joven para estar acá atado!
                Treinta minutos después estaba yo, llorando como un niño, pero ella parecía no escucharme.
             - ¡Qué mala que sos vo…! –le recriminé entre mohínes de congoja, y sorbida de mocos-. Ni siquiera me mirás cuando lloro… Mi mamá cuando yo estoy triste me prepare un vaso de Tody…
                Cinthya se puso de pie y abandonó la habitación, cerrando la puerta tras ella. Yo, aproveché e intenté zafarme nuevamente… La maldita tenía fuerza para hacer nudos… Parecían hechos por un marinero turco…
                  Intenté calmarme, aunque no podía cortar el llanto. Pero relajé como pude mi respiración, cerré los ojos, y sondeé en mi mente algo que me sirviera para aplicar en esta situación. ¿Qué haría Batman en este momento? Usaría su ingenio…
                Abrí los ojos nuevamente y observé mi entorno tratando de crear una empatía con los elementos que me rodeaban, para ver qué podría aplicar en mi provecho. El jarrón con flores que estaba sobre la cómoda me quedaba un poco lejos… Las almohadas no me servirían de mucho… En la mesita de luz no había nada, la sagaz de Cinthya había tomado la precaución de haber sacado todo de ella… La lámpara del techo… no… ¡Estaba acabado! ¡Nada que pudiera usar en mi provecho! En un ataque de furia comencé a agitar los brazos de arriba abajo sin detenerme hasta que un ¡Chac! Se oyó en el aire e hizo detenerme. Sin darme cuenta, al agitar los brazos, el pañuelo que ataba mi mano derecha se cortó con uno de los tornillos que fijaba el parante del cabezal y que, no había advertido, sobresalía un poco. ¡Bueno, tampoco me culpen por eso! ¡No soy Batman!
                Liberado de una mano, comencé de forma acelerada a intentar desatar la otra, cuando la puerta se abrió y entró Cinthya cargando una bandeja con el vaso más grande de leche chocolatada Tody que jamás había visto y una parva de vainillas.
             - Estuve pensando y tenés razón, pichoncito… Te estoy tratando mal. Hoy Cinthya va a ser tu mamita y te va a dar la lechita… -Cinthya venía con la mirada fija en la bandeja pero cuando la alzó y me vio desatándome, lanzó todo por el aire y el vaso se estrelló contra el piso salpicando de chocolatada todo alrededor. Las vainillas volaron hacia todas direcciones.
                 Yo grité horrorizado. Mi leche chocolatada se había perdido, mis vainillas se habían estropeado. Cinthya me miró enfurecida, sus ojos se inyectaron en sangre. Se arremangó con ínfulas de matón de esquina y avanzó hacia mí.
                - ¡Cretino! Yo preocupada por vos y era todo una treta –rugió.
          - No… Yo… Batman… Te juro que lloré de verdad… ¡Haceme otra lechita!-balbuceaba yo mientras Cinthya se acercaba- En serio… Mirá si ahora me estoy poniendo a llorar de nuevoooo…
                Cinthya me sujetó de nuevo el brazo y lo acercó a la cabecera de malos modos.
                - ¡Aya! ¡No seas brusca! –protesté-. ¡Me haces daño!
             Sin inmutarse volvió a atarme con otro pañuelo y no sé de donde apareció una inyección y me la clavó en el brazo. Una vez más caí en un pozo oscuro.

           Cuando me desperté, cierta claridad entraba por la ventana cuya persiana apenas dejaba unas milimétricas rendijas abiertas. Continuaba atado, y cuando la visión se me aclaró puede ver para mi horror que yo solo estaba vestido con mis calzoncillos (por suerte tenía los nuevos de Batman, algunos están un poco gastados y otros con pequeños agujeritos, pero estos estaban impecables. Mi mamá siempre me dijo: "Hay que salir con calzoncillos limpios y sanos, uno nunca sabe lo que le puede pasar" Y se ve que tenía razón), pero a mi lado, enfundada en una especie de baby doll yacía Cinthya, pero en un primer momento, creo que por efecto de los narcóticos o porque la tenue luminosidad me recordó aquel traumático pasaje de mi vida en que desperté en el hotelucho de Cosntitución con él/ella al lado mío, confundí con Gladys. Solté una risita al recordar que el travesti estaría en Devoto junto a los pibes chorros por intentar robar las oficinas del Barolo. La risita despertó a Cinthya.
              - ¡Hola, tigre! –me saludó con una sonrisa sensual-. Ayer estuviste hecho un toro… a pesar de estar dormido…
           - ¡Noooo! –grité y si hubiera tenido lo sbrazos libres hubiera cubierto con ellos mi torso desnudo, sintiéndome humillado, sucio. Nunca antes nadie me había vejado… (Bueno Cinthya ya lo había hecho una vez). ¡Nunca antes me habían vejado estando dormido! ¡Una vez que había tenido sexo y no recordaba un solo segundo!- ¡Noooo! –volvía gritar, pero Cinthya me silenció metiéndome un corpiño suyo en la boca.
              - ¡Te seguís portando mal! –me reprendió-. ¡No te hagas el loco o me voy a tener que poner más dura!
          De pronto mi teléfono celular comenzó a tocar el ringtone de la Marcha Imperial, señal que me indicaba que estaba entrando un mensaje de texto.
            - ¡Vu..sh! ¡Shugu…do que esh mi mometa que sh..tá plocu…pada! –dije como pude mientras la lengua se me enredaba en el sutién.
               Cinthya tomó el teléfono y miró el mensaje. De inmediato su rostro se transfiguró.
               - ¡No! –me respondió furiosa-. Es esa chirusa que te anda arrastrando el ala… Mariela…
               - ¡Moliela! ¡¿Molielita?! ¿´e dishe?
              - ¡La muy ladrona quiere verte mañana! –Cinthya lanzó el teléfono sobre la cama y yo lo miré con las lágrimas saltándome de los ojos. ¡Mariela quería verme, todavía!- ¡Lástima que mañana no vas a poder ir!
               Cinthya me aplicó una vez más esa maldita inyección y todo fue tinieblas.

              Desperté por la noche. Creo, pues la ventana no me regalaba luminosidad. Pero con tanta pichicata ya no sabía cuánto había dormido, en qué día estaba, o si era de día o de noche.
              Cuando tuve la mente despejada pude notar que sobre la cómoda había una bandeja con frutos, una jarra de porcelana y, a un lado estaba mi celular y ¡mi notebook! Mi boca ya no estaba taponada por corpiños, de modo que comencé a llamar a Cinthya.
               - ¡Shhhh! ¡Qué es tarde! –me reprendió cuando entró.
             Se acercó con la bandeja rebosante de unos frutos deliciosos, jugosos, que invitaban a devorarlos hasta saciarse; cual una Circe perversa (y bastante menos hermosa) me ofreció el alimento sin soltarme de las amarras. Ella misma me daba con su mano, haciendo planear los bocados antes de meterlos en mi boca.
                - A veeer… Acá viene el avioncitoooo –me decía.
                Cuando me hubo alimentado me hizo beber agua, que la mayoría se me derramó encima.
                - Me mojé todo –le dije con voz lastimera.
           - No te preocupes que yo te seco –me dijo rápida de reflejos y llevó una mano a mis partes pudendas.
             - ¡No, no, no hace falta! –le dije pero fue inútil hasta que se me ocurrió decirle:- ¡Tengo que ir al baño!
                - ¡Ahora te traigo la chata!
                - No, por favor. Dejame ir al baño, no me humilles más de lo que estoy.
              Al parecer estas palabras la conmovieron ya que me desató y llevándome por un brazo me condujo al baño. Sin que lo advirtiera, pude tomar mi celular y lo metí dentro de mis calzones. En un primer momento, Cinthya pretendió quedarse en el baño conmigo, pero la disuadí para que me esperase afuera.
             - Si hay alguien conmigo no puedo hacer… Es como los jugadores de futbol con el antidoping.
           Cuando estuve solo, le quité el sonido al celular y envié un mensaje de ayuda (cifrado) a Tony. Sé que estuve mal, pero fue el primer número que me apareció en el directorio, no disponía de mucho tiempo como para elegir.
         “Ayuda. La princesa está atrapada en la torre. Ogro la custodia. Favor de avisar a los Penosos Caballeros. Coordenadas: 30 mts de casa a la derecha”.
              Tony me contestó de inmediato:
              “¿Qué es para la nueva aventura para el rol?”
               A lo que yo respondí con rapidez:
                “No. No es juego. El Ogro va en serio”
                “¿Me querés decir algo, Andres?”, fue su respuesta.
                “Atrapado sin salida”, le envié.
                “El Resplandor”, me contestó él.
                “Nooo!"
                “Si que no! En las dos trabaja Jack Nicholson!”
                “No tengo tiempo, help”, le puse.
                “¿Qué estás concursando en pulsaciones?”
                “Nooo! El Ogro! La mina!”
                “Fabiani y Granata?”
                Opté por sacarme una foto enseñándole mis amarras y que estaba en calzones. Se la envié.   
               “¿Qué fumaste, Andrés? Convidá! ¿Vos me estás proponiendo tener sexo sadomasoquista con vos y una mina?”
              En eso la puerta se abrió de golpe. Cinthya me miraba con cara de asesina desde la entrada del baño y extendió la mano para que le diera el teléfono. Intenté huir corriendo. Pero Cinthya me bajó de un golpe con su antebrazo en el cuello. Caí al piso y creí que iba a morir asfixiado, pero finalmente recuperé el aliento. Cinthya me cargó al hombro y me llevó hasta la habitación, me arrojó, esta vez a un sillón pesado con gruesos posabrazos y me ató a ellos, pero de los codos hacia arriba, de modo que mis brazos tenían cierta movilidad. Me echó una frazada a las piernas y me apoyó la notebook en el regazo. La encendió y me señaló la máquina.
                - ¡Ahora escribí ese guión! –me dijo a voz en grito-. Y en cuanto me hagas una treta de estas de nuevo voy a tener que castigarte.
                Claro que lo primero que hice cuando se cargó el sistema operativo fue intentar conectar Internet, pero fue inútil. Cinthya no tenía Wi Fi…
                Resignado abrí el Word:

                Viñeta 1


                El Capitán Malambo se encuentra atado en un sillón en una cueva del planeta Eea…  
                

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