lunes, 8 de agosto de 2011

Viernes 05 de agosto de 2011.


                Tengo que resolver,  de una vez por todas, el asunto del Grial. Petrus no puede permanecer más en mi casa. La crisis de mi hermana empeoró… Parece que ahora lo vio a plena luz del día escabulléndose por la ventana de mi cuarto para acceder a la terraza.
               Ver el cambio que experimentó Sandra le hace a uno tener escalofríos. Anda por la casa con diez o quince rosarios de los más variados modelos y colores colgados de su cuello y, entre cuenta y cuenta, se las arregló para insertarle medallitas de todo el santoral: San Benito, que protege de todos los males; San Expedito, el de las causas imposibles y urgentes; San Miguel con su espada de llama; San Jorge, que venció al Serpiente; La Medalla Milagrosa, La Virgen María, que ella se empecina en llamarla “La Mamita” como la llamaba Víctor Sueiro; Seferino Namuncurá; El Gauchito Gil; Pancho Sierra; y una foto de Gilda (autografiada, que tiene más efecto, según parece). Su mirada se tornó huidiza, y a su bipolaridad se le acopló una paranoia pronunciada. Se esconde en los rincones y se asoma cada tanto para asegurarse que “El Innombrable” (Cada vez que pronuncia aquel título se persigna y repite como una exhalación: “Yesumecamaría”, una expresión que nuestra abuela utilizaba, según ella, para espantar al demonio).
                De todas formas algo bueno surgió de la estancia de Petrus. Ayer por la noche, me ayudó mientras desarrollamos una nueva ronda de mate como el otro día a perfeccionar mi guión de historieta para reemprender mi búsqueda de editorial. Los recientes fracasos laborales me hicieron volver a la idea de tratar de vivir de mi imaginación.
                - ¡Hmmm! Si, está bien, pero le falta vuelo literario a este guión y un tono más épico –me sugirió tras leer con detenido cuidado-. En principio –añadió luego de pensarlo un poco-, yo le cambiaría el escenario…
                - Pero es el Capitán Malambo… -repuse yo-. Es un gaucho, tiene que estar en el campo…
                - No necesariamente –replicó y me sonrió-. Y te voy a dar un ejemplo que vos deberías conocer: Star Wars. ¡Mirame a mi poniendo un ejemplo de Star Wars! Pero viene bien. La figura de Han Solo, si uno la observa detenidamente, se la puede comparar con la figura del arquetipo del cowboy: recorre solo (o con su compañero peludo) el espacio, lleva una pistola, botas, una camiseta que si le agregamos el pañuelo y un sombrero bien podría parecer un “vaquero”, hasta en su acento había un dejo del oeste. Es mujeriego, fanfarrón, algo atrevido...  Bien, al Capitán Malambo lo podemos ubicar en una nave espacial… Un gaucho espacial, al igual que Solo es un cowboy espacial. 
                  - ¿Te parece?
                - ¡Claro! ¡Jaime Malambo, capitán de la nave intergaláctica ARGS ROSAURA, integrante de una flota estelar que recorre el Universo para hallar vida extraterrestre y en medio de los viajes… una aventura excitante tras otra! ¡Escribí, escribí!
                Petrus me fue delineando más o menos los pormenores de la flota. El Capitán Malambo dejaba de tener superpoderes para pasar a ser un excelente estratega y capitán de una nave intergaláctica y era acompañado por el Primer Oficial Comandante Romualdo Funes, un gaucho del planeta Vacuno (es un minotauro);  el oficial médico Teniente Comandante José Cosme Argerich; el jefe de ingeniería Teniente Comandante Anastasio Porá (paraguayo); oficial de comunicaciones Teniente Rosalía Miranda (alias la China); el timonel Alexander Brown; y la secretaria del Capitán Malambo, Prudencia Mireya (apodada La Rubia).

                                                                  PÁGINA UNO
VIÑETA UNO:
               La ARGS ROSAURA avanzando por el profundo espacio.
          NARRADOR: El Cosmos: la última incógnita. Estos son los viajes de la nave estelar «Rosaura», en una misión dedicada a la búsqueda de otras inteligencias, de nuevos desafíos, de nuevos mundos que conquistar y salvar de la opresión del pueblo conquistador.

VIÑETA DOS:
              El Jefe de Ingeniería, Porá entra al Puente de Mando. El Capitán Malambo está sentado en su sillón. A su lado está parado Romualdo Funes. Detrás se sienta La China, y más a delante en primer plano, Alexander Brown.
         JEFE DE INGENIERÍA (pronunciado acento guaraní): ¡Che, patroncito! ¿Me mandaste a llamar, señor?
           CAPITÁN MALAMBO: ¡Así es Anastasio, quiero un reporte del estado del reactor 5!

VIÑETA TRES:
               Primer plano de Anastasio rascándose una sien.
            JEFE DE INGENIERÍA: ¡Mirá, che patroncito, no quiero venir acá a fanfarronear viste, pero la verdá que lo tengo lindo al reactor, mirá! Le estamos por dar una manito de pintura, viste vos… Vas a vé, lindo te va a quedar el reactor, che curepa… digo patroncito.

                Paré de tipear y alcé la vista del teclado.
           - ¿Te parece que esto va a funcionar, Petrus? Digo, ya me han apaleado bastante el ego en las editoriales…
           - Yo soy un vulcano, no tengo ego que pueda ser herido –fue su respuesta y se concentró en la pantalla de mi notebook-. Agregá:

VIÑETA CUATRO:
                Vista panorámica de un planeta envuelto en nubes negras.

VIÑETA CINCO:
                Plano general del Puente de Mando. La China señala un monitor donde se ve el planeta. Todos están mirando.
                LA CHINA: Nos aproximamos al planeta Gringous Sotre Ta. Un conocido Imperio explotador que intenta apoderarse de toda la galaxia.
              CAPITAN MALAMBO: ¡Yo le voy a dar a estos Gringous hacerse los gallitos! Ña´Rosalía prepare comunicadores exteriores. ¡Vamos a hacer contacto!

VIÑETA SEIS:
                Primer plano del Capitán Malambo:
                CAPITAN MALAMBO: ¡Anastasio! Prepare las boleadoras sónicas, por si acaso… Nunca me he fiado de los gringous y nunca lo haré.

                El Brainstorming debió ser interrumpido porque mi madre comenzó a llamarme a los gritos. Petrus escapó a su refugio entre abrigos y pantalones y yo salí de mi cuarto para ver qué estaba ocurriendo.
              Sandra había llenado la casa de velas rojas y con las luces apagadas pretendía hacer un ritual de purificación del hogar que había hallado en una vieja revista “Predicciones”. El artículo (nota de tapa) ocupaba las cuatro páginas centrales y mostraba el living de una casa con el mismo aspecto en que se encontraba el mío: completamente a oscuras, con una infinidad de velas rojas encendidas distribuidas por cada rincón, y sobre los muebles. En las imágenes, había un corro de gente con túnicas blancas. Mi hermana se había echado encima una sábana, cual toga romana, y ahora intentaba leer las palabras en latín que rezaba la revista.
                Debimos forcejear mucho con Sandra hasta poder reducirla y aplicarle una inyección que tenemos reservada cuando sus brotes sicóticos son muy fuertes. Finalmente, la acostamos, exhaustos como si realmente hubiésemos participado de un exorcismo. Mi hermana se había resistido como una fiera acorralada. Nos enseñaba los dientes mientras echaba espuma por la boca y blandía los crucifijos de a uno por vez para intentar detenernos.  
               - Mañana voy a tener que llamar al doctor. Cada día está peor… O al padre Francisco… -me dijo muy afligida mi madre. Luego me miró desconsolada-. ¿Vos creés que pueda estar poseída?
               - No, ma… Yo te diría que esperes un poco. No sé porque, pero sé que se le va a pasar… Quizás vio algo en serio…
              Estuve a punto de confesarle a mi madre la verdad del asunto, pero preferí aguardar. Aceleraré la misión "Copa Sagrada" todo lo que pueda, para ver si por fin, Petrus abandona mi casa… y lo que es mejor, mi placard. Esta mañana me hizo sacar todos los abrigos porque necesitaba espacio para realizar unas reformas.
                - Me estoy haciendo tipo loft –me explicó y se encerró en el ropero. A los pocos segundos comencé a escuchar golpes de martillos y ronquidos de serruchos. 

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