Ayer llevé a Petrus a casa de Tony, debíamos ultimar los detalles para la acción que en pocas horas más llevaremos a cabo. Pero no ha sido una idea feliz haberlo llevado, pues quiso jugar al rol, y por más que yo me negué al principio, los otros insistieron para que se lo permitiera.
Ante todo debo contrales las peripecias que debí realizar para poder sacar a Petrus de la casa sin que mi hermana ni mi madre lo vieran.
En primer lugar debí convencer al propio Petrus de que abandonase su ostracismo en el ropero y saliera al cuarto. En un primer momento no quería saber nada, limitándose tan solo a negar con su cabeza cada vez que lo instaba a salir.
- Entendés que esto es importante para vos, ¿no? El Grial es tu meta, no la mía, si te ayudo es porque somos como hermanos, pero si no salís y vamos a la reunión a ultimar detalles, se cancela la operación y vos te quedás sin grial.
Al decir esto logré que Petrus alzara la vista y me mirase, desde el interior del placard, como un cachorro abandonado.
- “Esto es lo que yo llamo innecesario” –me respondió compungido-. Y aunque esto lo dijo Decker cuando V'Ger rapta a Ilia, creo que cae justo para graficar esto que me estás haciendo que me hace tanto mal.
- Solo pretendo ayudarte –le dije exhalando con brusquedad.
- “Ayuda a tus semejantes a levantar su carga, pero no te consideres obligado a llevársela.” –me respondió al instante. Teníamos un mal día. Petrus había despertado (si es que había dormido en algún momento) con la mezcla justa de delirios trekker y espirituales.
Dicho esto salió por fin del placard y se sentó en mi cama.
- Tengo hambre –anunció.
- ¿No era que vos estás preparado para soportar largos días de ayuno? ¿Dónde quedó eso de “No solo del pan vive el hombre”?–le retruqué.
- Estoy preparado para soportar un ayuno por tiempo indefinido, pero ahora, que estoy por embarcarme en la empresa, quizás, más gloriosa de mi vida, tengo ganas de comer unas legumbres, apenas salteadas con oliva, ¡virgen! Que el extra virgen no es para cocinar. Necesito incorporar hierro y proteínas.
No puede negociar eso. Tuve que salir (y recomendarle que se mantuviera oculto en mi cuarto), para dirigirme a la cocina y prepararle unas lentejas salteadas con berro, cebollita de verdeo, ajo y un poco de salsa de soja.
- ¡Nene, ¿estás cocinando ahora?! –me preguntó mi madre-. ¿No vas a comer con tus amigos hoy? ¿No es que hoy se juntan para jugar a esa pavada que juegan ustedes?
- Si, ma, pero dos cosas. Primero: no son pavadas, el juego de rol ayuda a estimular la imaginación de las personas que lo juegan, además de introducir en la lectura a muchos que antes ni siquiera tocaban un libro, pues para conocer a fondo la temática del juego que están desarrollando, muchos adolescentes se vuelcan a la lectura de novelas de fantasía, ciencia ficción o terror y descubren clásicos como Tolkien, Lovecraft o George Lucas, que dicho sea de paso, ha co-escrito una de las novelas de fantasía épica más bellas de la literatura de ese género: La Saga de Dark Moon junto con Chris Claremont (excelente guionista de comics), que se desprendieron de la ya clásica película “Willow”, que dicho sea de paso, intentó ser en un principio una adaptación de “El Hobbit” de Tolkien, pero Lucas no logró hacerse con los derechos…
- ¡Basta, nene! ¡Me vas a volver loca! –me interrumpió mi madre de un grito- ¿Estás bien vos, o estás un poquito nervioso? Porque cuando empezás a hablarme así, como una máquina , es porque estás nervioso… ¡¿Viste al espectro vos también?!
Era verdad. Siempre que estaba nervioso por algún problema, o me había mandado una macana, comenzaba a hablarle sin parar a mi madre para evitar hablar de eso o que ella me preguntase, o se diera cuenta.
- Pero no, ma… ¿Por qué iba a estar nervioso, yo? –le respondí tratando de parecer lo más natural y despreocupado posible-. Y nada que ver eso del espectro… ¡Ya fue el espectro en esta casa! ¿No viste que no apareció más?
Si tan sólo mi vieja hubiera sabido que el motivo de mi arranque cocinero era, justamente, para alimentar a su espectro…
Una vez que Petrus terminó su plato de lentejas, que tardó media hora para hacerlo ("Debes masticar unas cien veces por bocado para obtener una óptima metabolización de los nutrientes del alimento", me había dicho serenamente, cuando intenté, en vano, apurarlo), se presentaba el problema principal: hacer que Petrus saliera de la casa sin ser visto.
- Puedo salir por la ventana –me dijo-, pasarme a la azotea de tus vecinos y descolgarme por el frente de la casa a la vereda.
- ¡No, ni loco! –le respondí. No quería saber nada con que algún vecino lo viera y llamase a la policía.
- ¡No tenés porqué preocuparte! –me dijo ofendido-. Te olvidás que soy experto en Parkur, también. Te diría que se me podría considerar en la categoría “Pro”.
- No dudo de tus habilidades, Petrus pero igual considero que es una pésima idea.
- Entonces, enfrentemos a tu madre –me respondió y comenzó a enfilar para la puerta del cuarto mientras sacaba algo de su bolsillo –Necesito un sorbete… Podría servir el del vaso de Star Wars del KFC que compraste aquella vez por Internet.
Se refería al vaso de Kentucky Fried Chicken con la tapa en forma de busto de Jar Jar Bings que había comprado en Mercado Libre cuando se estrenó Episodio 1 y me había costado unos buenos billetes. También tengo los vasos que Burger King sacó acá para la misma ocasión, y verdaderamente la diferencia de calidad es abismal. Mientras que el de KFC presentaba la mitad del muñeco perfectamente replicado su aspercto, en goma dura y con brazo articulados; los vasos locales apenas traían en su tapa la cabeza de Darth Vader, C3PO, o Master Yoda, bien logradas, pero de un plástico blando que se abollaba todo al menor contacto. El vaso de KFC, era un tesoro que yo poseía y no me gusta que me manipulen los tesoros.
- ¿Para qué lo necesitas el sorbete? –le pregunté alarmado- ¿Qué es eso que tenés en la mano?
- Dardos para cerbatana que poseen un narcótico de alto poder sedante –me respondió con su parsimonia-. Un dardo en el cuello de cada una y las dejará durmiendo unas horas… No debería traerles otra consecuencia, a menos que alguna tenga problemas cardíacos.
- ¡Si, bestia! ¡Mi mamá tiene problemas cardíacos, y vos entre tus apariciones y tus dardos me la vas a matar! ¡Tengo otra idea! ¡Esperá!
El mismo Petrus me había dado la idea al mencionar el vaso de Satr Wars. Me dirigí al arcón donde guardo, justamente, todo lo relacionado con la gran saga de Lucas: muñecos, naves, libros, revistas, merchandising, etc., etc., y comencé a vaciarlo.
- ¡Hey! Te dije que sólo necesitaba el sorbete del vaso no todo tu material coleccionable.
- Metete a dentro –le dije cuando concluí la tarea.
Petrus me miró y por un momento, sólo por un momento, sus ojos relampaguearon con un brillo que podría decirse que era de ira, pero luego avanzó tranquilo como siempre.
- Ya veo –dijo al acercarse-, me degradas por haber querido dormir a tu madre con mis narcóticos. Me pasás de un loft –señaló el placard-, a un mono-ambiente –y señaló el baúl.
- ¡Pero no! Te voy a sacar oculto en este baúl –le respondí algo molesto mientras guardaba las cosas de Star Wars en el placard, para que mi madre no las viese por si entraba en el cuarto.
Con mucho esfuerzo fui arrastrando el baúl con Petrus en su interior. Realmente era pesado. No había contado con los noventa y dos kilos de mi amigo sumados al peso de la madera de roble que conformaba el arcón. Cuando llegué al living, agitado y al borde de una taquicardia me detuve a recuperarme un poco. Mi falta de estado físico siempre había sido una realidad en mi vida, pero ahora con treinta años se ve que se hacía sentir peor.
Mi madre y mi hermana estaban sentadas cada una en un sillón mirando la televisión. Ambas se me quedaron mirando un rato y luego mi madre miró el cajón.
- ¿Qué hacés, Andresito, con ese baúl acá en el living? No me digas que te agarraron ganas de jugar con tus juguetes acá con nosotras como cuando eras chiquito…
- ¡No, má! ¡¿Cuántas veces te tengo que decir que yo no compro juguetes para jugar con ellos?!
- ¡Eso es lo que no entiendo de vos, Andresito! ¿Para que te gastás todo ese dineral en juguetes que ni siquiera los sacás nunca de su cajita?
Iba a explicarle que los juguetes que yo tenía no venían en cajitas sino en blisters, y que si no los sacaba de ellos era porque su valor coleccionable bajaba mucho si se abría su packaging original, pero desde el interior del baúl se escuchó, no uno, sino dos estornudos ahogados.
- Andrés, ¿que tenés adentro del baúl?
- Nada mamá –me puse muy nervioso, debo confesarlo-. Lo que pasa es que cómo vos tantas veces me dijiste, tengo que hacerme hombre de una vez, así que decidí sacar mi baúl de cosas de Star Wars a la vereda para que se lo lleven los cartoneros… ¡je, je! ¡Cómo con el chupete! ¿Te acordás? Que vos me dijiste que se lo diste al linyera porque yo no lo quería dejar… -estaba hablando demasiado, me daba cuenta pero no podía parar, quería que mi madre dejara de pensar en el maldito estornudo-. Bueno, porque la verdad es que estuve pensando y ya tengo treinta años y esto de andar juntando muñequitos… Además sin laburo, ya no me puedo comprar más nada, entonces para qué continuar un hobbie que no puedo desarrollarlo porque soy otro desempleado más de este país, a menos que me enganche con algún puntero político y pegue algún “plan trabajar”, entonces podría…
- ¡Uh, nene, me tenés repodrida! ¡¿Por qué no te callás un poco esa boca que tenés y me dejás escuchar la novela?! –mi hermana, tan dulce como siempre me hizo saber que la estaba perturbando en su hora de esparcimiento televisivo. No pude menos que callarme.
¡Atchús! ¡Atchús! Una vez más, Petrus desde el interior del baúl estornudó.
Hubo unos eternos segundos de silencio absoluto. Mi madre y mi hermana miraban fijo el arcón, yo miraba fijo a ambas y sudaba. La que rompió el silencio fue Sandra, casi llorisqueando.
- Mamita, mamita, me parece que tengo un hermano secuestrador…
- Nene, ¿qué tenés dentro del cajón? Los juguetes no estornudan.
Lo que siguió fue demasiado rápido como para que yo pudiera impedirlo.
La tapa del arcón se abrió violentamente y Petrus se paró como impulsado por un resorte. Dio la impresión de aquellas cajas de sorpresas de las que, cuando se abrían su tapa, saltaban esos bufones saltarines con resortes. Sólo que estos últimos no portaban cerbatanas. Pensándolo mejor, se pareció más a la escena en la que Rambo surge a la superficie después de haber estado oculto debajo de las aguas del río.
Tanto mi madre como mi hermana llegaron a lanzar un alarido de horror al ver la figura de mi amigo y hasta alcanzaron a advertirme:
- ¡El espectro!
Un segundo después ambas estaban tiradas inconscientes en el piso con un pequeño dardo narcotizante clavado en sus cuellos.
- ¡¿Qué hacés animal?! ¡Mataste a mi viejita! –grité yo y corrí hacia las dos.
Por suerte ambas respiraban.
- Nos habían descubierto –me dijo justificándose-. Además la culpa la tenés vos por no limpiar el baúl. ¡la tierra que había ahí!
Acostamos a cada una en su cama, previamente habiéndole retirado los pequeños dardos y regresamos el baúl a su lugar, con todas sus cosas dentro. Cuando despertasen les aseguraría contra viento y marea que todo había sido un mal sueño. Hecho esto, por fin pudimos ir a casa de Tony.
La Cofradía nos recibió con algo de malhumor, nos habíamos retrasado media hora del horario de encuentro, pero cuando les explicamos lo sucedido nos comprendieron y se solidarizaron con nosotros. Claudio se entusiasmó con los dardos narcotizantes y le pidió especificaciones a Petrus que este no tuvo ningún reparo en transmitirle sus conocimientos. Otra de las cosas de las que estaba convencido Petrus era que el conocimiento debía ser libre y quien lo tuviese o administrase debería compartirlo libremente.
Sin más dilaciones, es decir, después de discutir si debía o no jugar Petrus, comenzamos la partida. A mi amigo le hice el honor de jugar el personaje mío, que siempre llevaba encima con la esperanza que alguna vez, alguno de mis compañeros me dijera: “¡Che, dejá, hoy dirijo yo así podés jugar con tu personaje!”, pero eso nunca sucedía. De modo que Petrus, jugó con Blathaazar, un paladín miembro de una orden religiosa perteneciente a la Iglesia de la Flama de Plata dedicada a proteger a los comunes de las fuerzas sobrenaturales de todo lo maligno… Gran error el mío.
Introduje al personaje de Petrus, justo dónde habían quedado la semana pasada, en el bosque, durante el encuentro con el ejército real que les había anunciado que la Guerra había comenzado. Balthaazar estaba entre las filas y, como era amigo de Alathar, se quedó con ellos para ayudarles en la misión y después ir todos a unirse al combate.
- ¡Gracias, buen amigo Blathaazar! –interpretó Alan a su mago- Será bueno contar con vuestra ayuda. Que la Flama de Plata nos ampare siempre es un motivo de tranquilidad.
- Supongo que este es el saludo klingon –respondió Petrus, a través de su personaje.
- Eh… no… Esto no es Star Trek, Petrus –lo corregí como es mi deber de Dungeon Master corregir a los jugadores que se desvían del juego-. Situate, por favor. Este mundo se llama Eberron, es un mundo medieval donde existe la magia y lo sobrenatural. Aquí hay seres mitológicos o mágicos, así como monstruosidades poderosas.
- Okey, okey –dijo Petrus-. Perdonen, es la costumbre. De todas formas, el capitán Kirk alguna vez habrá llegado a un planeta que aún estuviera en su edad media.
- Sigamos –le dije, y para que terminara de comprender su personaje le agregué:- Tu personaje, Petrus, es un paladín. Una especie de caballero como lo es Parsifal, Lancelot, o el mismo Arturo.
- ¡Sorete duro! –fue la providencial intervención de Tony que, Marcelo ya nos había advertido, como tardamos en llegar, decidió mitigar la espera con uno de sus cigarros que lo elevaban. A su comentario lo acompañó de una risa infantil, casi de idiota.
La sesión se desarrolló con bastante normalidad (ahora además de Tony, teníamos a Petrus para mandarse macanas) hasta que se toparon con la primer banda de orcos que los hizo entrar en acción.
- Hawk –le dije a Tony-. Tu oído agudizado por el entrenamiento te avisa de un crujido extraño entre la maleza, justo del otro lado de ese muro medio derruido que da inicio a esa serie de ruinas que tienen delante suyo.
- Me detengo y les aviso por señas a mis compañeros –anuncia con una coherencia inusitada Tony.
- Yo saco mi espada y acomodo mi escudo –dice Pedro en la piel de Steelstrong, el bárbaro.
- Comienzo a memorizar un hechizo de protección –dijo Alathar.
- Cargo una flecha en mi arco –anunció Marcelo para la acción de su bardo, Odaesh
- Tomo mi martillo de guerra con ambas manos –anunció Claudio para su enano.
- Saco mi mi fáser de la funda y lo regulo a potencia media –anunció Petrus rompiendo toda la ilusión que se estaba logrando.
- ¡¿Qué fáser?! ¡¿Qué fáser, gil?! –le espetó molesto Alan-, ¡Acá no hay ningún fáser! ¡Esto es Eberron! ¡Acá hay espadas, hay lanzas, hay mazas, arcos y flechas!
Petrus me miró a mi y señaló con su pulgar a Alan.
- A ese hombre no le funcionan todos los impulsores…
Pedro y Marcelo debieron tomar a Alan por los brazos para que éste no se abalanzara sobre Petrus.
- Petrus, en qué quedamos… Esto no es Star Trek, es Eberron, un mundo de Dungeon & Dragons…
- "¿Quién soy yo para discutir con el capitán del Enterprise?"
Tony festejó la última respuesta con sus característica risitas y luego le palmeó un hombro a Petrus.
- ¡Qué capo que sos, vos! ¿Qué es lo que fumas? ¡Flasheas mal, eh!
- Bueno, depende el tipo de ritual –le respondió Petrus-. Si lo que vos estás buscando es que tu conciencia se abra para poder conectar con lo verdadero, con el Cosmos en su escencia, porque ¿sabías que el Cosmos está vivo? Es una presencia sentiente… Bueno yo te recomiendo el ayahuasca… Tomé ayahuasca cuando estuve en Machu Pichu, y te puedo asegurar que me encontré con mi verdadera escencia…
- ¡Bueno, basta! –les grité yo, ya algo malhumorado como el resto-. Volvamos a Eberron, por favor.
- ¡Está bien! –dijo medio a regañadientes Petrus-. Saco mi espada y digo unas palabras a mi caballo para que se tranquilice. No es caballo, es yegua –aclaró y continuó su explicación- Las yeguas carecen del sentido posesivo y la agresividad de los caballos enteros, así que son más tranquilas. El único inconveniente es cuando les viene el celo (aproximadamente unos 5 días al mes) en los que se vuelven más susceptibles a los machos y no soportan cosas como que les toquen alrededor de la cola…
- ¡Perfecto, ya nos enteramos! –lo cortó Pedro.
- Bien, ahora claramente todos pueden oír el ruido. No dudan que tras los muros hay una partida de orcos que está, al parecer, discutiendo en su lengua, auqnue nunca se sabe porque la dureza de su idioma puede hacer que se confunda una conversación pacifica con una discusión.
- ¡Ja! ¡Cómo los chinos! –acotó Tony y una vez más largó su risita-. ¿No vieron que los chinos del super siempre que se hablan parece que están discutiendo? Ahora, te digo, a la chinita que está en la caja, yo le entro, aunque seguro debe ser una turra, como todas las mujeres…
- ¡Epa, compañero! –le dijo Petrus, que al parecer habían conformado rápidamente una pareja inseparable-. Noto en su comentario un cierto resentimiento hacia el sublime genero opuesto… Ya lo dijo Paolo Mantegazza: “Ama y aprecia a la mujer y no abuses nunca de su debilidad, sería una infamia y una cobardía.”
- Y yo digo: “Las mujeres son como las corbatas: de lejos son bonitas e inofensivas, pero terminan ahorcando al hombre.” –replicó Tony y ya se estaba acomodando en la silla para presentar batalla. Nada le hacía hervir más la sangre que su resentimiento hacia la mujer.
- ¡Caballeros! –interrumpí yo-. El juego…
- Me escondo tras los arbustos y busco un buen ángulo de tiro para mi arco, por si los orcos se asoman –dijo Marcelo lanzándoles a Petrus y a Tony una mirada ceñuda.
- Yo aguardo alerta sin moverme –dijo el bárbaro.
- Yo también –añadió Alan.
- Yo avanzo muy despacio –indicó Claudio-, siempre con mi martillo preparado.
- ¡Turba díscola de graciosas flores, si queréis que juegue con vosotras, debéis cesar en tal asedio! –exclamó teatralmente Petrus.
- ¿Qué hacés, chabón? –le preguntó con un tono agrio y cortante Pedro.
- Bueno, declamo… -me miró a mí-. ¿Andy, no me dijiste que era como Parsifal? Bueno estoy recitando un verso del Acto II de la obra Parsifal de Wagner. En esa ocasión se lo dice a unas ninfas, pero pensé que bien podría servir para los orcos también. Al fin y al cabo pertenecen al mundo del faery…
- ¡Si, yo tampoco! –se sumó Pedro-. Lo peor de todo es que nosotros insistimos para que jugase.
- ¡Che yo quiero seguir! –protestó Tony-. Una vez que se pone gracioso el juego…
Finalmente dimos por interrumpida la partida y pasamos a lo que realmente importaba: la incursión al Barolo que llevaríamos a cabo exactamente en poco más de veinticuatro horas.
Petrus explicó más o menos como era el lugar porque él, la vez anterior, había llegado a abrir la oficina, que él se empeñaba en llamar Templo.
- El Templo tiene trampas, que solo lograremos sortear utilizando mi diario de viajes –explicó Petrus y extrajo de un bolsillo de su pantalón una pequeña libretita de tapas de cuero y nos mostró unos croquis con anotaciones en los márgenes y a pie de página.
- ¡Qué loco! –exclamó Alán, a todos ya se les había ido el malhumor por lo infructuoso de la partida. La misión tenía atrapada a la Cofradía-. Un diario como el del papá de Indie, en la Última Cruzada.
- ¿No será Clarín, no, ese diario? –preguntó Tony encendiéndose otro cigarrillo mágico-. Digo, porque Clarín miente- agregó y comenzó a reírse entre toses, para luego enseñarle el cigarro a Petrus- ¿Querés un par de secas? ¡No será ayahuasca pero no sabés como te abre la conciencia este!
- No, gracias, amigo –fue la respuesta muy seria de Petrus-. Yo ya he alcanzado un estado de conocimiento interior que me permite liberar mi conciencia sin necesidad de ayudas externas. En mi entrenamiento con monjes tibetanos he logrado desarrollar mi tercer ojo…
- ¡Seguí, por favor! –le insté yo para que no se fuera por las ramas.
Petrus nos enseñó su diario, que yo realmente desconocía que lo tenía encima cuando había llegado a casa y elaboramos el plan. Mañana a los dos de la madrugada nos encontraríamos en las puertas del Barolo. Cada uno llegaría por su lado para no levantar sospechas.
- ¡Bien! –les dije mientras nos despedíamos en la vereda-. Mañana sean puntuales. Claudio, no olvides las herramientas. Y por favor, vengan todos con ropa adecuada para llevar a cabo esta empresa.
Amigo lector, mañana por fin se decidirá la suerte. Espero que todo salga bien, así Petrus seguirá su vida con el Grial en su poder y yo podré seguir con la mía, por patética que sea.
Por suerte, cuando llegamos a mi casa con Petrus, mi madre y mi hermana aun dormían.
Mi amigo las contempló en sus lechos y meneó la cabeza con cierta preocupación.
- Creo que se me fue un poco la mano con el cálculo del narcótico… Voy a tener que ajustarlo.


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