Una nueva experiencia laboral frustrante… La verdad es que me arrepiento de haberme sacado con mi jefe aquella tarde que hoy parece tan lejana. Extraño a Malsani y Capponi, aunque fueran unos pesados y me tuvieran de punto…
La situación con Petrus por momentos se vuelve insostenible. Esta mañana quise buscar un abrigo y se ofendió porque dijo que estaba invadiendo su privacidad. Temo por la salud mental de mi amigo, allí encerrado en el placard. Cada vez sus salidas se vuelven más esporádicas, y sus momentos de silencio total, más prolongados.
Anoche hubo reunión con la cofradía. Logramos por primera vez en años una excelente sesión de rol. Parece ser que el sacrificio dio su resultado. Todo el mundo estuvo metido en sus personajes (Hasta Tony!) Con todos los líos transcurridos decidí dejar sin efecto la última aventura trunca, y comencé una nueva. Esta vez, un antiguo amigo de la aldea natal de Steelstrong, los contacta en una taberna de Lathleer, en Aundair. Por una deuda de juego, el amigo de Steelstrong fue encomendado a robar la joya oscura a un hechicero que tiene su torre en el interior del Bosque de Karrn.
El viaje hasta el bosque fue lento y en el camino tuvieron un par de problemas con unos atracadores y un par de bestias malhumoradas que merodeaban por ahí. La sesión terminó cuando se cruzaron con un batallón del ejército del reino advirtiéndoles que la zona pronto será un campo de batalla. La Guerra había comenzado.
Me pareció un excelente momento para cortar (dejar a los jugadores con la intriga de contra quién se alzó en guerra el reino y qué pasaría. Un momento dramático interesante) y contarles la nueva misión (real) que teníamos entre manos.
- No sé, Andrés… -meditó Alan cuando concluí mi relato- Me parece que esto está muy caliente todavía. ¡Salió en las noticias! Todo el mundo está hablando todavía del caso. Todo el mundo vio cómo se lo llevaban al loco de tu amigo gritando incoherencias de Star Trek… Todo el mundo sabe que escapó de la cárcel…
- Apropósito… ¿Dónde estará escondido para que no puedan encontrarlo? –quiso saber Marcelo.
- Está en casa –les confesé. Hasta el momento no les había mencionado nada sobre el paradero de Petrus.
- ¡¿En tu casa?! –saltó alarmado Pedro-. ¡Vas a ir en cana! ¡¿Y tú vieja lo permitió?!
- Mi vieja no sabe nada… Vive en el ropero…
- ¡Ja! ¡En el ropero! –exclamó divertido Tony (debo aclarar que ya había empezado con su vicio ni bien terminamos de jugar)-. ¡Cómo la película!
- ¿Qué película? –le preguntamos a coro, pues ninguno recordaba ninguna en la que un prófugo de la ley se ocultara en un ropero.
- “¡Tengo un monstruo en el ropero!”
Obviando el comentario de Tony, les conté sobre la estadía de Petrus en mi casa, y de cómo se las arregla para eludir a mi madre y mi hermana e intenté convencerlos una vez más de que me ayudasen.
- ¡Es el Grial! ¿Se dan cuenta? –les hice notar-. El Cáliz dónde se vertió la sangre de Cristo… ¡La copa que da vida eterna!
- No sé, Andrés… -dudó Pedro-. La última vez terminamos todos en cana y zafamos porque el señor Popescu parece ser un viejito copado…
- ¡Eso fue un mal entendido! –reconocí- ¡Pero no me podes negar que todas las señales apuntaban a que fuera un vampiro!
- Si, es verdad. En eso tenés razón…
- ¡Además Petrus es un estudioso del tema! Tiene un libro con un poema acerca del Grial, y ha podido descifrar las metáforas con las que indica el autor dónde se oculta la copa… ¡Es más, yo la vi!
Finalmente fue un comentario de Tony (¡Quién iba a pensarlo!) lo que decidió la suerte en favor de ayudar a Petrus. Había estado todo el tiempo callado después de su intervención cinematográfica. Se había quedado en un rincón de su comedor, fumando su “vitamina” como él solía llamarla y de pronto dijo:
- Yo no tengo nada mejor que hacer ¿Ustedes?
El resto se miró, unos a otros con ojos de duda. Claudio se encogió de hombros.
- ¡Tengo que hacer dos espadas élficas que me encargaron, pero supongo que pueden esperar un poco…!
- Yo… Bueno, está Gladys pero… No creo que le moleste… -indicó Marcelo.
- ¿Se hace de noche la cosa? Entonces no tengo drama… Mis noches son demasiado aburridas… -dijo Alan.
- Las mías no –afirmó Pedro haciendo gala de su bien surtida agenda femenina-, pero no voy a dejar que ustedes se diviertan sin mí.
- Además –añadió Marcelo-, no olvidemos el Código de la Cofradía. Nunca dejar a un hermano cófrade sin ayuda en caso de: Invasión Alienígena, Ataque Zombie, Alzamiento de un Nuevo Señor del Mal, etc.
- Esto no es nada de eso, Marcelo… -lo corrigió Alan.
- ¡Lo sé! Pero si no obtenemos el Grial nosotros, algún malvado podría hacerlo en su lugar… Ya sabemos que Hitler anduvo tras él. ¡¿Qué si se apodera de él algún científico loco y logra crear zombie inmortales?! ¡¿Qué hay del juego Zombies Nazis?!
- ¡Cuanta sabiduría en tus palabras! –exclamó Tony con un cierto tono de fanatismo-. ¡Amén por eso, hermano!
- ¡Amén! –respondimos a coro el resto.
- ¡Es un hecho, entonces! Se lo comunicaré a Petrus y los mantendré al tanto de las novedades! –les dije poniéndome de pie para dar por concluida la reunión-. ¡Señores, demás está decirles que deben manejarse con la más absoluta reserva!
El día me deparaba una sorpresa más antes de acostarme.
Cuando llegué a casa, encontré a mi madre y mi hermana despiertas. Eran cerca de las dos de la madrugada. Mi madre me miró con una expresión de profunda preocupación en su rostro, mientras acariciaba delicadamente la lacia cabellera de mi hermana Sandra que, envuelta en una manta polar, estaba sentada en un silla y no paraba de temblar al tiempo que, con ojos desorbitadamente abiertos murmuraba en una letanía constante:
- Yo lo ví… Ha vuelto… Era un espectro… El mismo que solía aparecerme años atrás… El hombre de negro… Yo lo ví… Ha vuelto… Era un espectro… El mismo que solía aparecerme años atrás… El hombre de negro… Yo lo ví… Ha vuelto…
- ¡Ay, nene! Está así hace una hora… -me dijo mi madre angustiada-. No la puedo calmar. Le quise dar otra pastilla sedante pero no quiere saber nada… Dice que si se duerme le aparecerá de nuevo… Lo vio en la cocina… Viste que ella se levanta a tomar agua.
- ¡¿Otra vez está viendo fantasmas?! –le pregunté alarmado y eché una mirada alrededor de la casa sin poder evitar que los vellos del cuerpo se me erizaran. Mi madre asintió con pesar.
- Otra vez el hombre de negro, parece… Aunque esta vez era bastante diferente, dijo. Todo de negro como los de antes, hasta la cara, pero al parecer tenía capa y una especie de escafandra o era muy cabezón, no está segura.
Esto se ponía feo.
Debo contarles algo. Los problemas de bipolaridad de mi hermana comenzaron hace varios años atrás cuando, según ella, comenzó a tener apariciones de un espectro malvado, un hombre de negro que la atormentaba por las noches. Mi madre hasta llamó al Padre Francisco, un sacerdote amigo de la familia para que exorcice la casa y a mi hermana. Pareció dar resultado, Sandra nunca más volvió a ver fantasmas pero su psiquis no volvió a ser la misma. Y ahora la cosa había regresado.
La pudimos calmar recién a las tres de la mañana después de jurarle que velaríamos toda la noche por ella, que dejaríamos las luces encendidas y después que mi madre accediera a leerle un cuento.
- ¿Qué cuento que querés que te lea, Sandrita? ¿Blancanieves? ¿Cenicienta? ¡ A vos te encantaba Cenicienta cuando eras chica!
- ¡No, mirá si me vas a leer esos cuentos para infradotados! –exclamó a los gritos. Al menos su bipolaridad aun funcionaba a la perfección-. ¡Quiero que me leas “El caso de Charles Dexter Ward” de Lovecraft!
Extraño pedido el de mi hermana, sin embargo no pudimos convencerla de escuchar otro relato. Al final, cuando Sandra se quedó dormida, la que no podía conciliar el sueño era mi madre, por el miedo que le había provocado el cuento. Tuve que leerle unos pasajes de “La Pureza de Matilde” de Corín Tellado para que pudiera dormirse.
Cuando entré por fin a mi cuarto, casi sufro un ataque al corazón.
La habitación estaba a oscuras, pero al abrir la puerta, una cierta penumbra ganó la atmosfera. Una penumbra débil, pero la suficiente como para lograr percibir una silueta oscura, una silueta que se fundía con las mismas sombras. Se movió como sobresaltado (aunque yo me sobresalté más que aquella figura del averno) y de pronto, súbitamente, de sus manos surgió un haz de luz roja que en un primer momento confundí con un rayo maléfico que iría dirigido a mí, pero que de inmediato comprendí que se trataba de mi réplica de sable laser.
Petrus estaba de pie ante mi enfundado en mi traje de Darth Vader (casco con distorsionador de voz incluido) que me había costado dos aguinaldos y un sueldo entero más, pero había sido el dinero mejor derrochado en mi vida. Con ese disfraz fui a una convención de comics hace dos años y no solo gané el primer premio del desfile de Cosplayers, sino que fui entrevistado por cuanto medio fue a cubrir el evento. ¡Salí en Canal 13 con Catalina Dlugi!
- ¡Andy! –exclamó Petrus con voz grave y asmática tras el casco-. I am your father!
- ¡Petrus! ¡¿Qué haces vestido de Darth Vader?!
- ¡Quería saber que se sentía estar disfrazo de la contra! Siempre me disfracé del Señor Spock o de algún Klingon… -respondió e hizo una finta con el sable para que su efecto zumbido se activara-. Te aclaro que tu hermana me vio disfrazado. Justo salía del baño cuando ella iba para la cocina… Es bastante impresionable Sandra –añadió y apagó el sable. La oscuridad una vez más nos cubrió.
- ¡Encuéntrame, Luke! ¡Usa la fuerza para hallarme! –me dijo Petrus nuevamente con la voz de Darth Vader. Creo que la salud mental de mi amigo pende de un hilo.
Encendí la luz y le pedí que se quitara el traje tratándolo de inmaduro (en realidad, temía que me lo estropease) y le hice entender que no podía andar por la casa disfrazado a la madrugada, en realidad que no podía andar por la casa a ninguna hora, disfrazado o no, sin asegurarse que no fuera a ser visto. La noche al final fue larga. Nos quedamos hasta el amanecer con Petrus tomando mate y planeando la recuperación del Grial. Se había puesto muy contento con la novedad de que La Cofradía iba a ayudarnos.
Cuando bebió el último mate me lo entregó y me dijo:
- ¡Muy ricos tus mates! Como dijo una vez Scotty: “Nunca imaginé que terminaría bebiendo con un klingon”
Dicho esto se levantó (estaba sentado, como siempre, en el borde de la cama) y encaró para su placard… quiero decir, mi placard que ahora es suyo… digo que ahora es su casa… Si hasta ya ha colocado del lado de adentro de la puerta un cartelito que reza una frase de Thomas Jeferson: “Fuera de mi hogar no conozco felicidad en este mundo.” Cerró la puerta y yo me quedé largos minutos meditando, hasta que ganado por el sueño de este día interminable y agotador me quedé dormido ahí sentado.
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