Esta tarde vino el Padre Francisco a casa. Lo fue a buscar mi madre. Es que anoche, una vez más mi hermana vio al espectro. Ya no fue el hombre de negro cabezón, sino la figura de un hombre desnudo en la ducha… Un espectro que se baña.
Desperté con los alaridos de horror de mi hermana en mitad de la noche, y cuando me estaba calzando las pantuflas vi pasar corriendo a Petrus desnudo y chorreando agua para luego desaparecer dentro del placard.
Fue imposible calmar a Sandra hasta que no despuntó el alba.
- ¡Lo vi! ¡Lo vi! –gritaba como una loca-. Era el hombre de negro pero no era negro esta vez… ¡Y se estaba bañando! ¡Desnudo!
- Bueno –reconocí yo inoportunamente-, generalmente las personas se bañan desnudas…
- ¡Pero esta no era una persona! ¡¿No entendés, vos?! ¡Se trata de una entidad de otro plano que viene a atormentarme! ¡Mamá, tenés que llevarme a la Escuelita Basilio! Allí la tía de la madre de Roxana, mi amiga, es médium… Ella sabrá aconsejarnos…
- No, nena, ¿cómo vamos a ir con esa gente? ¡Yo lo llamo al padrecito Francisco!
El Padre Francisco vino a la mañana siguiente, y también la Doctora Raskovsky, la psiquiatra de Sandra, pues el sacerdote decía que antes de acceder a un exorcismo debía constatar si no era producto de algún desequilibrio mental. Pero, tras unas exhaustivas pruebas, la doctora decidió que, más allá de su bipolaridad, no presentaba síntomas de otro problema más agudo.
- Señores, evidentemente puedo afirmar que, tras las pruebas que he realizado a la paciente –la doctora calló un segundo y miró a Sandra con una media sonrisa que no podía desprenderse del rictus agrio que caracteriza todas sus expresiones-. Sandrita está muy bien…
- Bien, Elvira, entonces sólo resta tener la aprobación del Obispo para llevar a cabo el ritual –informó el cura una vez que la profesional se marchó.
- ¡¿Cómo, no va a exorcizarla ahora?! Yo creía…
- No, hija… Esto no es fácil. Ahora debo realizar un informe y elevar la petición al Obispo. Después el se expedirá a favor o en contra…
- ¿Y cuánto va a demorar? –quiso saber mi madre preocupada-. Esta chica no está bien… Todos nosotros no estamos bien. El espectro nos afecta a todos...
- A mi no -intervine alzando la mano, pero mi madre me fulminó con la mirada y mi mano bajó nerviosa para acariciar mis cabellos. Bajé la mirada un poco intimidado por mi madre y agregué:- Digo que a mi no me parece que haya que esperar a que el obispo se expida. Lo hace hoy mismo padre y ¿quién se va a enterar?
- No puedo, Andresito. Sé que es difícil, pero habrá que aguardar. En un par de semanas calculo que podría estar la aprobación, pero el Obispo es un buen amigo mío. Puede que lo convenza para que se expida más rápidamente. Y ahora si me permiten... tengo que ir a dar una Unción de los Enfermos... Don Cholo, el paragüero... Parece que muy pronto va a unirse a... bueno, al espectro este... -el cura señaló con la mirada el baño y carraspeó un poco antes de marcharse-. ¡Dios los bendiga!
- Vas a tener que cuidarte un poco más cuando hagas tus incursiones por la casa –le dije a Petrus una vez que el cura se fue, y mi madre con mi hermana fueron al supermercado-. Mirá el lío que estás armando con mi hermana, pobrecita…
- “Kirk ha sido muchas cosas, pero nunca un Boy Scout” –me respondió Petrus con indiferencia tal como la doctora Marcus le dijo a su hijo en “Star Trek II: La Ira del Khan”.
- Sé que no sos un boy scout, Petrus, pero por lo menos por deferencia, por estar yo bancándote con la casa, la comida y la misión, la misión lo más importante, por deferencia a eso, tené más cuidado…
- “Aunque haya cargado con su conciencia no soy responsable de sus pecados” –me dijo igual que Bones le dijo a Spock.
Cansado de sus frases trekkers, le respondí con una frase de Star Wars:
- "La capacidad de hablar no te hace inteligente" –le espeté una de las frases memorables que Qui-Gon Jinn le dijo a Jar Jar Binks en “Episodio I: The Phantom Menace”-. Así que no me respondás con frases de películas y hablá claro.
- ¡Quedate tranquilo! –me dijo después de meditarlo unos segundos con cara de niño al que se le ha escapado su globo-. No voy a salir más.
- ¡Tampoco es que no podes salir, pero podemos hacer unas salidas programadas… Yo te aviso cuando no hay moros en la costa y te hago de campana.
- ¡No es necesario! –me interrumpió en seco-. Si me conseguís una manguera (cristal de ¾ de pulgada), un bidón de cinco litros y una regadera, y me haces lugar en el compartimento de al lado, me hago un baño extraordinario.
Petrus era de darse maña para todas las cosas que tenían que ver con los arreglos del hogar (Si estuviera en España le dirían que es “Un Manitas”) pero esto ya era demasiado.
- ¡¿Cómo me vas a hacer un baño dentro del placard?! ¡Ni hablar, Petrus! Ya vamos a terminar este tema. Ahora me tengo que ir… Reunión extraordinaria de la Cofradía, justamente para terminar de definir la operación. ¿Te parece hacerla el miércoles?
- "El tiempo es la hoguera en la que nos quemamos."
Tomé esa enigmática respuesta por un sí y me marché, rogándole y haciéndole jurar por “La Federación Unida de Planetas” que no saldría hasta que yo llegase.
La reunión con la cofradía se realizó en el departamento de Pedro. Un monoambiente muy luminoso por cuya ventana, que da al contrafrente, puede tenerse una vista panorámica de la gloriosa Bombonera.
- Bien señores –comencé la reunión-. Se ha fijado el día de la acción para este próximo miércoles por la noche. ¿Alguno está impedido de asistir? Todos se miraron entre sí pero ninguno dijo nada.
- ¡Bien! La cosa es así –desplegué un plano a mano alzada que me había facilitado Petrus-. El objetivo se encuentra en el segundo piso, justo frente al acceso de las escaleras, a unos dos metros de los ascensores –señalé en el mapa con el dedo el lugar, que Petrus había marcado con el nombre de “Templo del Cañón de la Media Luna”, en clara alusión a la película “Indiana Jones y La Última Cruzada”-. Nosotros ingresaremos por aquí –y señalé la parte del croquis donde estaba marcado la entrada al sótano-. De allí debemos ganar las escaleras y alcanzar el segundo nivel, sorteando un par de dificultades: cámaras, guardias, y alarmas…
- Un hermoso desafío –indicó Claudio con orgullo.
- Un hermoso desafío donde terminaremos todos presos, una vez más –añadió Pedro.
- ¿Querés bajarte del proyecto? –le pregunté. Puede que mi mirada haya sido un poco intimidatoria y mi tono de voz nada amistoso. Yo quería terminar cuanto antes con esto, a ver si podría librarme de Petrus, por el bien de mi hermana... y el mío. ¡Necesitaba recuperar mi placard!
- No, no, Andresito… Estoy dentro, estoy dentro… Además, nunca rompería el código de la Cofradía…
- Entonces… Claudio, necesitaremos algunas herramientas, pinzas, barretas, ya sabés…
- ¡Perfecto! –dijo Claudio mientras apuntaba en una libreta de notas.
- La cosa será a las dos de la mañana. Traten de ser puntuales. De todas formas, el martes nos veremos en casa de Tony, puede que vaya con Petrus y terminaremos de ultimar detalles.
Creí, cuando llegué a mi casa, que este pesado día acabaría por fin. Que me daría una ducha y me acostaría para dormir como un tronco hasta el otro día al mediodía. Pero no… Al abrir la puerta de mi departamento me encontré con mi madre y mi hermana nuevamente levantadas, y ambas ahora con ataque de nervios, y con ellas, Cinthya.
- ¡Ay, nene, menos mal que llegaste!
- ¿Qué pasó?
- ¡El espectro! –exclamó Sandra.
- ¿Otra vez lo viste? –instintivamente miré a mi cuarto.
- ¡No, nene! ¡Lo vi yo! ¡En tu cuarto! –mi madre miró con horror la habitación-. Cuando entré estaba parado delante de tus libros y corrió y se metió en el placard…
- Pero no puede ser… Me dijo que no iba a salir... -mascullé indignado...
- Mirá, querido –terció Cinthya-, no sé si puede o no puede ser, pero esta mujer algo vio. ¡No sabés como estaba cuando vine! Me llamó Sandrita…
- ¡Si, nene! ¡Te digo que lo vi! Lo encontré parecido a alguien, pero no puedo decir bien a quién… -mi madre me miró y se llevó la mano a la boca-. ¿No será el espíritu de tu padre, o el de tu abuelo?
- ¡Pero no, ma! ¡¿Qué estás diciendo?!
- ¡Ah, yo no estaría tan seguro de que no! –volvió a intervenir Cinthya-. A mi prima Catalina se le aparecía todos los viernes el espíritu de su amante Nicanor… Pobre… a Nicanor lo terminó matando, Julián, el marido de Catalina… Y cada viernes, según ella, se le aparecía en su cama… Claro, los viernes eran los días que ellos… bueno vos sabés…
- ¡Pará, Cinthya, deja de meter ideas! ¡Vamos, vos, a tu casa! ¡Y ustedes a dormir!
Cinthya se fue a regañadientes, medio empujada por mí. Cuando llegamos a la puerta de calle se volvió y me dijo:
- ¡Que brusco estás últimamente! Me gustaba más el Andresito que me fue a colocar el monitor aquella vez… ¿No me irías hacer otro service? –Cinthya cerró los ojos y me ofreció sus labios apretados para un beso.
No le hice caso, le cerré la puerta en la cara y regresé al departamento. Aun ambas, mi madre y mi hermana estaban en el living, abrazadas y temblando.
- ¿No les dije que las quería a las dos acostadas?
- Si pero queremos que nos leas, sino no vamos a poder dormirnos –me dijo mi hermana.
- Bueno… ¿Qué quieren que les lea? –accedí, no muy convencido. La última vez debí quedarme muchas horas leyéndole a cada una.
- ¡La Biblia! –respondieron a dúo.
- ¡¿La Biblia?!
- ¡Si, la Biblia!
Me hicieron leer el Génesis; las Parábolas, las Cartas de los Apóstoles… A las cinco de la mañana recién se durmieron.
Cuando, por fin, me liberé, fui a mi cuarto, golpeé la puerta del placard y le entregué a Petrus una manguera, un bidón cargado de agua y la regadera que usa mi madre para regar las plantas; y añadí por mi cuenta una escupidera, herencia de mi abuela.
- ¡Hasta el miércoles no te quiero ver salir más del placard a menos que yo te lo diga! –le ordené mientras quitaba mis zapatillas y mis remeras de la puerta contigua para que se hiciera su baño privado.
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