Así me la pasé yo, entonces, en esa sucesión informe de tiempo irreal que parecía no transcurrir, de la cama y el sopor de las inyecciones de Cynthia, al sillón para escribir el guión. Llevaba ya escribiendo cincuenta páginas, cuando ella me revisó lo escrito y se enfadó mucho por no haberla incluido a ella y a mí en el guión. Pretendía que fuéramos alguna pareja de superhéroes que salvábamos al Capitán Malambo y que se amaban profundamente.
- ¡Te estás portando mal, Andresito! ¡Hasta que no arreglés esto no te voy a dar más Tody! –me dijo al reprenderme, sacudiendo un dedo delante de mí.
- ¡No! ¡No! ¡Sin Tody no! –le supliqué- ¡Te arreglo todo pero no me saqués el Tody que es lo único que me hace sentir cerca de mi viejita!
Cuando yo escribía, ella me dejaba solo en la habitación, y yo aprovechaba para intentar siempre zafarme de mis ligaduras, pero era inútil. ¡Cynthia era buena haciendo nudos! Después me enteré que había sido scout de niña y había recibido condecoraciones por hacer los mejores nudos.
Cuando caía la noche, volvía, me llevaba al baño, me bañaba y me llevaba a la cama. Me daba de comer y me inyectaba el narcótico… Y al despertar, siempre lo hacía desnudo, y ella me aseguraba de haber pasado una noche de sexo salvaje conmigo. Y así continuamente, hasta que poco a poco fui perdiendo la noción del tiempo, y toda voluntad de resistencia. Me convertí en un muñeco que era manejado a gusto y piachiere por el ella. Me despertaba, me sentaba, me alimentaba, me vestía, me movía, me llevaba, me traía y yo, como un zombie, o mejor dicho un autómata respondía a sus directrices, o a sus órdenes verbales. Y esto parecía poner de buen humor a Cinthya, pero a mí no me importaba. Como Jonesy, el personaje de la novela de Stephen King “Dreamcatcher”, me había encerrado en un cuartito seguro dentro de mi mente… ¡Y qué ironía que piense en una novela de Stephen King para huir de otra de sus novelas en la que estaba atrapado!
El cuartito que había pergeniado en mi cabeza era pequeño pero acogedor. Tenía todo los que podía necesitar: una playstation, una gran biblioteca de cómics, mis muñecos de Star Wars...
Los días pasaron y cada mañana, Cinthya supervisaba el guión y si encontraba algo que no le gustaba me rompía las hojas y me quitaba el Tody. Era algo insoportable, tener que esforzarme así atado como estaba, pensando cuidadosamente lo que iba a poner porque el menor error significaba quedarme sin leche chocolatada… ¡Para colmo de males, la única oportunidad de pedir ayuda la desperdicié comunicándome con Tony! Pero cuando creía que la desesperación me estaba ganando, corría a encerrarme a mi cuartito mental y jugaba al Batman Lego en la Play, o me leía un par de cómics de los X men, o miraba un capitulo de la serie animada de Spiderman... Era mi refugio, mi oasis, y gracias e él no enloquecí.
Pero cuando toda esperanza de ser rescatado ya se desvanecía sucedió algo, inesperado, casi podría decir irreal.
Cinthya me estaba terminando de atar en la cama, ya había cenado y ahora vendría la ración diaria de narcótico, y luego, aunque sin conciencia de ello, la vejación. Estaba terminando de ajustar la última amarra cuando el teléfono comenzó a sonar. En un principio no le llevó el apunte, y comenzó a aplicarme la inyección, pero ante la insistencia del llamado, interrumpió la acción y fue a atender.
- ¡Ahora vengo, corazón! –me dijo con una dulce sonrisa-. ¡No te vayas a mover de acá!
Desde el otro lado de la puerta me llegó la voz de Cinthya respondiendo el llamado, mientras, la poca dosis que me había inyectado comenzó a hacer efecto en mí. Como no era la dosis total no llegó a sumirme en el sueño sino a dormirme la mitad del cuerpo. Primero fue un hormigueo que comenzó en la punta del pie derecho y fue subiendo hasta ocupar toda la pierna, luego más arriba hasta llegar al hombro y, más tarde, todo el brazo y la mitad de mi cara. Era una sensación extraña, como cuando uno va al dentista y siente que la lengua le cuelga y tuviera la cara hinchada al aplicarle la anestesia.
- No, señor, no soy vendedora de Avon –se escuchaba que Cinthya le decía algo malhumorada a su interlocutor del teléfono-. ¡Bueno, si le dieron este número se lo deben haber dado mal! ¡No! ¡Le digo que no vendo productos de Avon! ¡No, tampoco vendo Natura! ¡No me importa que usted necesita una crema hidratante para las manos! ¡Por favor, ustedes los metrosexuales son una lacra! ¡Le voy a cortar! ¡Noo, tampoco tengo anti-age para el rostro!
Mientras Cinthya discutía con ese hombre vía telefónica, la mitad de mi cuerpo se me durmió por completo, pero en la ventana del cuarto que daba al patio trasero comencé a detectar unos ruidos. Alguien estaba forcejeando con la persiana… ¡Lo único que me faltaba, que estuvieran entrando ladrones!
La persiana finalmente cedió y se levantó casi medio metro, aunque de forma chanfleada. A continuación, los vidrios estallaron con ruido sordo y asomó una mano envuelta en un buzo de frisa que, tanteando, encontró la traba y abrió la ventana.
El terror se apoderó de mí un instante, hasta que ví asomar la cabeza de Claudio. ¡Qué felicidad sentí! ¡Nunca creí que me alegraría tanto de verlo!
Claudio ingresó a la habitación, y detrás de él lo hicieron: Tony, Marcelo, Pedro y Alan que estaba hablando por su teléfono celular.
- ¡Señora, no me corte, por favor! –estaba diciendo-. ¿Se da cuenta la importancia de conseguir esos productos para mí? Imagínese cómo podría quedar mi cabellera, particularmente grasa, con un shampoo que no esté hecho con extracto natural de limón…
Del otro lado de la puerta se escuchó la respuesta:
- ¡Mire, señor! Yo lo lamento por usted y por su cabello graso, pero yo estaba en medio de un asunto delicado y me está entreteniendo con sus problemas que, realmente, no me interesan!
- ¡Uchachos! Udiedon venid a escatadme –exclamé con euforia, aunque, por culpa de la droga mi lengua me colgaba inerte y entre baba puede balbucir esa frase.
- ¡Llegamos tarde! –se lamentó Tony- Seguro lo lobotimizaron ya… ¡Vieron que les dije que lo de Atrapado sin Salida tenía algo que ver…
- ¡Callate y desatale el brazo derecho que yo lo hago con el izquierdo! –le dijo Claudio y luego dirigiéndose a mí-. Por suerte le pedí prestado el celular a Tony para llamarte porque no acudías a nuestro juego de rol el martes y vi tus mensajes… Me fue fácil deducir que estabas atrapado en esta casa. - ¡Apúrense que me parece que la conversación telefónica no va a durar mucho! –indicó Pedro mientras estiraba el cuello tratando de ver más allá de la habitación.
Claudio me desató primero, y luego lo hizo Tony. Mi brazo derecho me cayó muerto y lo golpeó a mi amigo en la cabeza.
- ¡Eh que pegás, gil! Encima que te estoy rescatando… -se quejó Tony a los gritos.
- ¡¿Eh quien está ahí?! –se escuchó el grito de Cinthya a la vez en el teléfono de Alan y a través del pasillo.
- ¡Me cortó, viene para acá! –avisó Alán y se puso a correr como un poseso alrededor de la habitación sin saber a dónde ir realmente.
- ¡Dale parate! –me urgió Pedro, y yo realmente lo intenté pero ni la pierna ni el brazo me respondieron.
Caí pesadamente al piso, justo en el momento en que Cinthya entraba a la habitación. En un primer momento todos nos quedamos como petrificados, incluso ella, sin saber qué hacer. Fueron unos cuantos segundos que transcurrieron lentos, como en cámara lenta, hasta que todo lo mágico de esa escena se hizo añicos con el grito de Cinthya.
- ¡Nooooo! ¡No me lo van a llevar! ¡Es mío!
Entre Pedro y Claudio intentaban levantarme pero era difícil.
- ¡Ejeme, uchachos! E´ta lo´a e´a ina… Al´ense ute´es…
- ¡No te entiendo lo que me decis, y no me babees! ¡Tengo puesta la remera de Flash!
- ¡Ahora van a ver! –rugió Cinthya y pegó media vuelta.
- ¡Vamos apurémonos! –dijo Pedro y con un esfuerzo lograron alzarme y comenzaron a arrastrarme hacia la ventana.
- ¡Acelo! ¡Acelo! –le dije a Marcelo haciéndole señas con la cabeza-. ¡Gadá mi nobu y mi eluar!
- ¡Mirá flaco, ante todo te felicito porque no sabía que vos hablabas el suajili, pero yo no lo entiendo… Nunca estuve en Kenia…
- ¡Nobu, nobu y eluar! ¡Ma´que uailli! –le grité desesperado y con el brazo sano le señalé mi notebook y mi celular-. ¡Atellano! ¡¿O es é no uedo blar?!
Cuando, por fin, alcanzamos la ventana, regresó Cinthya… portando una escopeta 12 70.
- ¡A mi escritorcito nadie me lo lleva! –gritó y disparó una vez. Por suerte la retrocarga hizo que el caño se levantara y los perdigones se estrellaron contra el cielo raso provocando una lluvia de yeso en polvo. Accionó la corredera y el cartucho usado saltó de la recámara.
Cinthya parecía un demonio entre el humo azulado que había dejado el disparo.
Alan saltó por la ventana al patio, y lo siguió Marcelo con mi computadora y mi teléfono. Claudio y Pedro intentaron sacarme pero, entre los nervios que tenían, el miedo por los disparos y mi medio cuerpo paralizado, me dieron dos veces la cabeza contra la persiana inclinada.
Cinthya otra vez disparó su escopeta. En esta oportunidad, los perdigones fueron hacia la derecha, destrozando el espejo que estaba en la cómoda. Los chicos intentaron sacarme dos veces más, y dos veces más me dieron la cabeza contra la persiana.
- ¡Aden, oco! ¡Efiedo é me ´egue un ´uetazo, ´indya! –les dije, pero no me entendieron y me volvieron a dar con la persiana.
- ¿Te vas a ir? –me preguntó Cinthya mientras que accionaba una vez más la corredera y otro cartucho vacío saltaba por el aire-. ¿Te vas a ir así? ¿Sin terminarme el guión? ¿No querés más el Tody que te hace Cinthya?
Realmente el Tody que preparaba ella era excelente, casi tan perfecto como el que me hacía mi vieja. Cuando escuché eso, me detuve a meditar, pero enseguida sacudí mi cabeza como puede, para sacarme el aturdimiento de la anestesia y el de los golpes contra la persiana, y comencé a pasar por la ventana. Claudio y Pedro me empujaron violentamente y pasaron también ellos. Cuando Tony intentó su fuga, se escuchó un nuevo disparo. Tony irguió la mitad de su cuerpo, que ya tenía fuera, y apretó los dientes.
- ¡Ah! ¡Me dio! ¡Me dio! –exclamó dolorido, con el aliento entrecortado- ¡Qué cruel la vida! Venir a morir de forma artera en manos de una mujer… ¿No podría haber sido un simio sublevado? ¿Un alienígena invasor? ¿Un androide del futuro? ¡No! ¡Una maldita y traidora mujer!
Con esas últimas palabras, Tony se desplomó. Su tronco quedó colgando de la ventana para afuera, mientras que sus caderas y piernas quedaron dentro de la habitación. Más allá, entre el humo de los disparos, pude ver a Cinthya con una sonrisa diabólica apoyar el caño humeante de su arma en su hombro. Y en eso… la policía que entraba al cuarto y la aprehendía, al mismo tiempo que desde los tejados se descolgaban en el patio efectivos del grupo GEOF. Todo había terminado.
- Recibimos una llamada al 911 de una vecina, bastante extraña… Por momentos sonaba muy maleducada e iracunda y al segundo se echaba a llorar porque decía que extrañaba a su hermano –explicó el que estaba a cargo del operativo más tarde-. En un principio no íbamos a tomar en serio el llamado pero como dijo que había disparos y no la dejaban dormir, y que si no hacíamos algo nos llamaría toda la noche porque si ella no podía dormir nosotros tampoco lo haríamos…
A Cinthya se la llevaron con una camisa de fuerza puesta. Una ambulancia la llevaría al Hospital Moyano. Se retiró gritando que yo era el amor de su vida y que regresaría para prepararme esos ricos Todys que tanto me gustaban. Los muchachos de la Fuerza se rieron de mí un poco. Por suerte Tony estaba bien… Bueno, es decir, la herida no fue mortal. Los perdigones sólo hirieron su orgullo. El paramédico aseguró que sería una pavada quitarlos de las nalgas, lo único que por unas cuantas semanas debería dormir boca arriba y sentarse sobre mullidos almohadones.
Cuando salimos, todo el barrio estaba congregado, incluso algunos medios se dieron cita, de modo que todos se enteraron de que fui cautivo de Cinthya y que me había violado varias noches.
- ¡Qué suerte tenés, pibe! –me dijo el sodero-. Mirá que conmigo era chancha la Cinthya pero nunca me quiso atar…
Cuando llegué a casa, mi hermana me recibió con gran efusión.
- ¡Claro! El señor de joda con la vecina y a nosotras mintiéndonos que se había ido a lo de un amigo!
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