Las cosas volvieron a su cause normal. Es decir, nuevamente estoy sin trabajo, la cofradía volvió a reunirse (y pudimos eliminar la maldición), y el encuentro con Mariela resultó en otro desastre… Creo que no está en nuestros destinos estar juntos.
Comenzaré por la buena noticia. Nos reunimos con la Cofradía de los Pobres Caballeros Resignados el martes por la noche, aprovechando que yo ya había quedado dispensado de mis servicios para la Sociedad de Ornitólogos de San Onofre… Hablando de eso, volvía recibir una paloma en mi casa con un mensaje… Ya me estoy sintiendo un poco Harry Potter. La nota decía: “Por el Gran Pájaro Dodo que nos vengaremos de usted”. Pero, retomo lo de la Cofradía. Como de costumbre la reunión fue en el departamento de Tony, y una vez más contamos con la presencia de Marcelo, aunque se lo veía bastante desanimado (y no precisamente por tener que haber creado un nuevo personaje: un nuevo bardo de poco nivel que para nada llegaría a parecerse al mítico Odaesh entre cuyas proezas contaba con: haber encantado a un Cíclope con una canción improvisando un laúd con un fémur de vaca y las tanzas de pescar de Steelstrong; o haber sido condenado a muerte en un pueblo al sur de Eberrom cuando quiso entretener al gobernador local y a sus hijas con unas canciones y su ejecución fue la más pésima que se recordará en cien años). De inmediato comenzamos a discutir acerca de la maldición que, como bien sabíamos, no habíamos logrado erradicarla con el sacrificio de Odaesh. Al igual que en la novela de Canal 13, habíamos errado el sacrificio, por eso la maldición continuaba. De hecho, a los cinco minutos de reunirnos comenzamos a pelear.
Marcelo había decidido blanquear la situación de Gladys, de modo que en un momento, pidió nuestra atención, le dio un largo trago a su gaseosa y nos dijo:
- Hace algunas semanas, conocía a alguien; alguien del cual me enamoré con pasión –hizo una pausa, miró al piso pero luego alzó la vista y continuó-. Pero esa persona no era quien decía ser, me engañó y me partió el corazón.
- Y… -intervino Tony dando un manotazo a la mesa- ¡Son todas unas traidoras, como yo digo! ¡Las mujeres son traidoras por naturaleza! ¡Eva, Dalila, Guinevere, Malinche, Silvia Suller…!
- ¡Pará! –lo cortó Marcelo-. Gladys no es una mujer…
- Ya sé es una yegua esa…
- ¡No! ¡Dejame terminar! –gritó Marcelo, pero se compuso enseguida y agregó con el mismo aplomo de recién:- Gladys es un hombre… Un travesti…
- ¡Uh, Marce…! –se lamentó Pedro.
- ¡¿Uh, qué?! –preguntó intrigado Tony-. ¿Qué tiene de malo? Dos por tres me voy al Rosedal yo…
- Eso es lo que pienso yo –coincidió esta vez Marcelo-. Y ahí me surgieron muchos interrogantes: ¿Importa que sea travesti? ¿Los momentos felices que pasé mientras ignoraba su condición se borraron al saberlo? ¿Acaso no me siento aun enamorado, a pesar de todo? ¿Grondona unifica los torneos porque descendió River? ¿Sirven para algo las Primarias obligatorias? Y llegué a una conclusión: aun amo a Gladys y no me importa que sea travesti… ¿Acaso Pablo Goycochea no es feliz con Flor de la V? Yo soy feliz con Gladys, ella me dio lo que mi esposa no pudo darme en cinco años de casados…
- ¡Flor de bufarra resultaste ser vos, eh! –lo interrumpió de pronto Claudio y todos estallaron en risas, perdón estallamos. Marcelo ofendido saltó sobre Claudio y se enzarzaron en una nueva refriega. Sin esperar un segundo, Pedro y Alan se metieron, uno ayudando a Marcelo, el otro a Claudio. Tony, mientras se encendía su chala de cada día (bueno iría por la décima del día, calculo yo), se mataba de la risa al verlos pelear. Yo no sabía qué hacer, hasta que miré el libro, el Manual del Jugador, allí sobre la mesa, con su caballero armado cabalgando con su corcel, su yelmo alado y su espada sostenida en alto con ambas manos. Miré la pelea y miré el libro alternativamente; un nudo me iba oprimiendo el estómago a medida que miraba e iba comprendiendo lo que debía hacer… El sacrificio era el libro… Me puse de pie como un rayo, le arrebaté el encendedor a Tony sostuve el libro en vilo por una de las tapas y, acerqué la llama a las puntas de las hojas que colgaban. El fuego agarró rápido y ascendió con velocidad. Tuve que dejarlo caer al piso para no quemarme. Ahí fue cuando Tony reaccionó.
- ¡¿Qué haces loco de mierda?! ¡El libro! ¡El libro! –exclamó como un poseso y comenzó a sacudir a los otros para que dejasen de pelear y vieran el sacrilegio que acaba de cometer. De alguna manera, esto me hizo recordar mi experiencia en la Biblioteca…
- ¡Nooo! ¡El libro! ¡Es casi un incunable ese libro! –se lamentó Alan tomándose la cabeza.
- ¡El libro! ¡El libro! –no cesaba de repetir Tony como alienado. Se había sentado de nuevo y, con ambos brazos apoyados en sus rodillas, estaba inclinado hacia delante, con la cabeza gacha sacudiéndola de una forma lenta y acompasada, como queriendo negar esa realidad que estaba viviendo.
Lo cierto es que cuando el libro fue devorado por las llamas completamente y yo les expliqué que había descubierto que ese era el sacrificio (no me pregunten cómo lo supe, pero lo supe. Fue como una especie de voz que me lo sopló dentro de mi cabeza), todos lo entendieron y se tranquilizaron.
- ¡¿Qué vamos a hacer ahora?! –quiso saber Alan- ¿A qué jugaremos?
- No tiene por qué detenerse el juego porque falte el libro… -sugirió Pedro.
- ¡Claro! –el rostro de Claudio se iluminó-. ¡Hace años que venimos jugando a esto! ¡Todo lo que se refiere a reglas lo conocemos de memoria! –y ahí nomás se puso a recitar:- “La Secuencia de Combate: 1) El DM decide qué acciones emprenderán los monstruos o PJNs, incluido el lanzar conjuros (si se tercia)”
- “2) –continuó Tony y se puso de pie-. Los jugadores indican lo que harán sus personajes, incluido el lanzar conjuros (si se tercia)”.
- “3) Se determina la iniciativa” –añadió Marcelo sonriente y apoyo una mano en el hombro de Alan.
- “4)Los ataques se efectuarán –dijo Alan también poniéndose de pie- por orden de iniciativa…”
- “Estos pasos son seguidos hasta que se termina el combate –tercié yo y apoyé una mano en el otro hombro de Alan-… hasta que un lado resulta derrotado, se rinde o huye.”
Los seis terminamos formando un círculo, todos de pie y apoyando su mano derecha en el hombro de quien tenía a su lado. Por último, con lágrimas en los ojos, nos abrazamos todos. La noche del martes jugamos nuestra mejor partida, con excepción de Tony, claro que se mandó las mismas burradas de siempre. La maldición había desaparecido.
El día miércoles tuve la visita del tío Pascuale, muy temprano a la mañana como es su costumbre.
- Nene, levántate que el tío Pascale vino a verte –me dijo mi madre al despertarme-. Apurate que esta cabrero, nene…
Cuando fui al living, el tío Pascuale estaba de pie mirando con cara de asesino a sueldo una foto mía que mi madre tiene en la repisa de la chimenea. Cuandoadvirtió mi presencia se volvió con agilidad impropia de un hombre de su edad.
- ¡Jah! ¡Ahí está, osté, facha tosta! –me dijo casi con odio, podría jurarlo-. ¡Me hace quedare male con los amicci, osté, mascalzone! ¡Ha roto tutto en la biblioteca! Ahora la familia está enemistada con a Sociedache di Ornitolocos. Ma´no sabere lo que e´ meterse con questa organizacione… ¡Ah, ma´no va a quedarse, osté panza arriba! ¡No! Acui tene un novo laboro. Preguntare il venerdi por Cosme Lanzetti, di parte dil fontanieri…
Dicho esto se retiró. No me dejó defenderme, ni explicarle lo extraño de Gold Silver que me espiaba y me ponía nervioso, que todo había sido un accidente, que me atacaron unos pájaros, nada… En fin, el viernes veré a ese nuevo trabajo a ver de qué se trata. Sino al viejo no lo aguanta nadie después.
Y así llegamos al hoy… al estreno de “El Capitán América”, y al encuentro con Mariela, claro.
Nos encontramos en la puerta del cine a las 12:45, la película comenzaba a las 13 horas. La cité a esa hora tan ajustada para no tenerla que llevarla a almorzar o a tomar algo para hacer tiempo, mis bolsillos están vacíos, literalmente. A la salida aduciría que se me hacía tarde para ir al trabajo y también zafaría de invitarla a algo. Total aun no sabía ella que estaba nuevamente desempleado.
Con gran expectativa ingresamos por fin a la sala, pero ahí se produjo el primer indicio de que algo andaba mal. Yo había adquirido las ubicaciones H 17 y H 15, o sea al medio y al centro. ¡Perfecto! Pero ella insistía en que fuéramos a la última fila, y tanto es así que ella misma le propuso a dos adolescentes con acné cambiarles sus asientos de atrás de todo por mis maravillosas ubicaciones en el medio y al centro… Me senté bastante desilusionado y apoyé mi espalda contra la pared (¡si leyó bien, amigo, contra la pared estábamos, justo debajo del proyector!). Por suerte teníamos pochoclos y gaseosa. Mariela había querido comprar y yo me negué por tres veces aduciendo malestar estomacal (no quería que se enterara que sólo tenía $1,25 para volverme a mi casa en bondi), pero ella insistió en que compraría igual. De modo que aproveché y le pedi que comprase el combo “Hiperglotón” que constaba de un balde grande de pochoclo, más dos gaseosas grandes, más dos chocolates y, si ponías $40 más te daban el balde con la imagen de la película del Capi… Mariela se portó muy bien, ¡me compró el balde!
Estaba que me salía de la vaina, quería que comenzara la película ya. Me comía un pochoclo detrás de otro como si fuera una máquina. Mariela me quiso dar un par de veces pochoclo ella, de su mano en mi boca directamente, lo cual me negué ambas veces rotundamente, haciéndole saber que yo solito podía comer sin ningún problema, que pudiera ser que me mostrara más ansioso que los chicos de diez años que estaban en la sala, pero que no era un niño y podía comer solo.
Por fin se apagaron definitivamente las luces y comenzó la película. Mariela apoyó su cabeza en mi hombro. - ¡Eh! ¡No te me vayas a dormir, eh! Mirá que la entrada me salió careli, sino lo hubiera traído a Tony…
- Es que la luz apagada me pone mimosa –me dijo ella simulando una voz de nenita caprichosa. Yo le sonreí y me concentré en la película. ¡Qué bien logrado estaba el efecto para que pareciera que Chris Evans pareciera un alfeñique!
A los cinco minutos, Mariela se reacomodó de nuevo contra mí, esta vez un poco más arriba, de tal forma que su rostro le quedó muy pegado al mío. Con su abundante cabellera me tapaba un ojo.
- Mariela, el pelo, me jode… No puedo ver la peli…
- Hmmm, Andy, ¿no te pone mimoso a vos la luz apagada?
Miré mi entorno oscuro, la miré a ella que me miraba mordiéndose el labio inferior.
- No –le respondí con sinceridad-. En realidad me da miedo… Después de los de Popescu, que me obsesioné tanto, tengo que tener si o si una luz prendida…
No sé porqué, Mariela frunció el rostro en una mueca de disgusto, se sentó bien en su asiento y comenzó a mirar la película.
Cuando promediaba la mitad del film, de pronto, sin previo aviso, Mariela colocó una de sus manos en mi muslo, y comenzó a acariciarme la pierna. Justo estaba tomando Coca yo, y la pierna es una zona muy sensible que tengo a las cosquillas. La caricia me hizo reír, y la risa me hizo escupirle un poco de gaseosa a una chica que estaba sentada delante.
- ¡Fijate lo que hacés, tarado! –me reprochó la chica, a lo cual yo le señalé a Mariela para hacerle saber que no había sido mi culpa sino de ella.
A los quince minutos volvió a la carga otra vez. Se ve que la película la aburría y no sabía qué hacer para entretenerse (¿Por qué no le dije de venir a Tony?). Esta vez casi se me caen todos los pochoclos, cuyo balde enorme y con la imagen del Capi en él, tenía apoyado en el regazo.
- ¡Para! –le dije sonriéndole, pero con firmeza, no quería que pensara que me molestaba, pero que sí, supiera que por ahora no quería jugar a nada, sólo ver la película.
A los pocos minutos, quizás creyendo que ya se me había pasado las ganas de ver la peli. ¡Faltaba muy poco para el espectacular final! Esta vez, estiró el brazo lentamente y lo pasó por mis hombros, y una vez más se acercó a mi rostro para susurrarme al oído:
- ¿No podrías besarme?
Yo la mirá sorprendido, le pasé los pochoclos y me sonreí.
- ¡Claro! –le respondí-. ¿Era eso lo que querías?
Ella asintió con la cabeza, entonces accedí, y le di un beso en la mejilla.
Mariela se puso de pie y me dijo:
- ¿Sabés qué? ¡Me voy! –comenzó a girar para retirarse, la peli estaba en su punto culmine, eché un vistazo a la pantalla, miré a Mariela que se iba, volví a mirar la pantalla... Tomé a Mariela por el brazo y la detuve.
- ¡Esperá! ¡No te vayas! –le dije. Ella me miró con una sonrisa como de esperanza.
- ¿No me dejás los pochoclos? Por el balde… ¿Te acordás? –le señalé el balde-. El Capi…
Mariela me puso el balde de sombrero, desparramándome todos los pochoclos encima… ¡Menos mal que no me vio nadie acá en el fondo! Al final fue una bendición haber cambiado los lugares… ¡¿Qué me iba a imaginar yo que ella también quería el balde?! ¡Me lo hubiera dicho y se lo daba, si total lo había pagado ella! Pero reaccionar de esa forma… muy impropio de una mujer…
Bueno, la peli estuvo genial, a pesar de haberme perdido varios tramos de ella. Pero Mariela sigue enojada conmigo. No me responde el teléfono. Acabo de enviarle un mail. Ya sé que voy a hacer mañana si no se le pasa. Le pediré dinero a mamá y le compraré un balde igual y se lo llevaré a la casa y me disculparé con ella. Con esta jugada voy a quedar como un duque.

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