domingo, 10 de julio de 2011

Domingo, 10 de Julio de 2011...


Hoy fue un día de veranito que, junto con las elecciones, creí que me servirían para sacudirme un poco la depresión que llevaba encima. Me levanté temprano para cumplir con mi derecho cívico y, haber salido a votar me despejó un poco.
Los días de elecciones me gustan bastante, pues suelo encontrar a mucha gente que hace tiempo que no veo. Claro, a veces uno se encuentra con personas que prefiere no encontrarse… La novedad de estas elecciones fue que las mesas eran mixtas. Hombres y mujeres votaron, por primera vez, en mesas únicas y no en mesas diferenciadas para unos y para otras. A mí me tocó votar en la escuelita que está a la vuelta del departamento donde vivía con Lorena... mi ex. Aun no realicé el cambio de domicilio. Alan dice que es porque no quiero aceptar que Lorena me echó de patitas a la calle. Últimamente mis encuentros con “ex” no son del todo felices.
Lorena estaba lo más radiante haciendo la cola en la misma mesa que yo. Cuando llegué era la última de la fila y, para cuando me di cuenta de su presencia, fue demasiado tarde. Intenté retirarme silenciosamente pero, al volverme me encontré con la figura familiar de Tony. Le vi el rostro radiante y supe lo que se venía por su expresión, pero aunque intenté con señas hacerlo callar, fue en vano.
- ¡Andresitoooo! –me saludó con cierto tono musical y con el volumen de su voz demasiado alto. Tenía los ojos enrojecidos y una sonrisa perpetua en su boca. Todos en la fila se dieron vuelta para ver al inadaptado que gritaba… Lorena también.
- ¡Andrés! –exclamó al verme, aun no sé si sorprendida gratamente o no.
- ¡Ah, hola! ¡¿Qué haces, Lorena?! ¡No te había visto!
- Bien… bien… ¿Venís a votar?
- No, si bua a venir a vender café –respondió Tony adelantándoseme y lanzó una carcajada-. ¡¿Qué hacés, Lore?!
- Tony… Hola… -lo saludó sin poder ocultar el desagrado (Lorena tiene aversión por todos mis amigos y no me explico por qué), luego volvió a dirigirse a mi-. ¿Y vos cómo andás?
- Bien, muy bien, por suerte…
- Si, sacando que te quedaste sin laburo –acotó Tony.
- ¡¿Te quedaste sin trabajo?! –me preguntó ella realmente preocupada.
- No… Bueno sí… Renuncié para encarar un proyecto editorial. ¡La historieta, ya sabes! -mentí. No quería que Lorena supiera que estaba nadando en el lodo.
- ¡Qué bueno! Veo que al fin te decidiste a explotar tu veta creativa –Lorena se me quedó mirando un buen rato. En eso se acercó un tipo y le dio un beso en la mejilla. Era alto, bronceado, y vestía ropa  formal muy elegante.
- ¿Todavía no pudiste votar, mi vida? –le preguntó. Lorena me miró.
- No, todavía no –le respondió y luego me señaló-. Él es Andrés, mi…
- Tu ex, sí –dijo el sonriendo y me estrechó la mano-. ¿Cómo va macho? ¿Todo bien?
- Si todo re bien –le dije y me puse a frotar la mano cuando me soltó. Este tipo era un bruto -¿Vos sos…?
- El que te serruchó el piso –intervino, tan providencial como siempre, Tony-. ¿Quién va a ser?
El tipo miró a Tony, observó sus ropas con algunas manchas de pintura y luego me miró a mí.
- Soy Matías Ursi, el novio de Lorena…
- ¿Y vos, Andrés? ¿Estás con alguien? –me preguntó Lorena.
- Sí. ¿Sabés que sí? Estoy saliendo con una chica que…
- ¡Dejate de joder, Andrés! –volvió a meterse Tony-. ¿Esos dos intentos fallidos con la actriz porno vas a llamarlo relación?
Muy simpáticamente miré a Lorena y a su novio y les hice un gesto para que me aguardaran un minuto. Tomé sin mucho disimulo a Tony por el cuello y lo alejé a empujones.
- ¡Callate! ¡Y no es actriz porno, es directora en todo acaso! ¿No tenías que ir a comprar cigarrillos? –le pregunté.
- Nada que ver. Tengo un atado recién empezado. Yo vengo a votar.
- ¡A mí me tenías que ir a comprar cigarrillos, que se me acabaron! –le grité ya fuera de sí.
- Señor ¿Algún problema? –quiso saber el hombre de Prefectura que se me acercó por detrás.
- No, no, agente… oficial… eh… ¿Qué es usted?
- ¡Cabo primero!
Cuando me pude desembarazar del Prefecto y de Tony, Lorena ya había entrado al cuarto oscuro y luego me tocaba a mí; de modo que, cuando ella salió yo debí entrar así que no pudimos despedirnos. La observé alejarse de la mano del galán de telenovelas ese y casi me doy la frente contra el marco de la puerta.
Regresé a mi casa más deprimido que antes. Me encerré en mi cuarto y busqué en youtube un tema de Bryan Adams; “Heaven”, que era uno que a ella le gustaba mucho. No me da vergüenza decirlo, lloré toda la tarde… Los hombres sí lloramos… bueno algunos más sensibles que otros lo hacemos. Finalmente, cuando creí que iba a ser un día para el olvido, el teléfono sonó súbitamente. “¡Mariela!”, pensé yo y me apresuré en atender, no fuera cosa que atendiera mi madre o Sandra.
- ¡¿Andy?! –sonó una voz susurrante de hombre del otro lado de la línea. Sólo había una persona que me llamaba por ese nombre: Petrus.
Petrus es mi mejor amigo, tal vez. Alguien que apareció en mi vida un buen día y nació  de inmediato una relación de esas que ni las distancias, ni los largos períodos de tiempo sin saber el uno del otro pueden disolver. Petrus vive en la zona Oeste del conurbano bonaerense, nos conocimos cuando teníamos nueve años y desde esa vez fuimos amigos para siempre a pesar de que ambos tenemos un rasgo que nos coloca con un abismo gigante de por medio, una diferencia insalvable: el es un “trekker” enfermizo y yo, como ya saben ustedes, soy fanático de “Star Wars” hasta la médula.
- ¡¿Andy?! –volvió a preguntar con esa voz pausada y apenas audible que lo caracteriza-. Soy Petrus, no tengo mucho tiempo… Tenemos que vernos… Mañana, en el baño de la terminal de Omnibus de Retiro… Diez de la noche… ¡No falles! ¡Es importante! ¡ Larga vida y prosperidad!
- ¿Petrus, sos vos?
La respuesta del otro lado fue el indiferente tono que indicaba que la comunicación se había cortado.
Petrus… ¿Qué puede querer?
Viniendo de él uno puede esperar cualquier cosa. Petrus tiene delirios místicos y persecutorios. Es un muchacho profundamente convencido de la existencia de seres de otros planetas y que, de alguna manera están relacionados con las religiones del mundo.
El llamado de Petrus me sacó un poco de mi nuevo pozo depresivo, por ende quité a Bryan Adams y busqué algún capítulo de Star Trek para mirar en su honor… No hay caso, no me los banco. Nada como unos buenos capítulos de “Star Wars: Clone Wars”. George Lucas, ¡te amo! 

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