miércoles, 14 de septiembre de 2011

Miércoles 15 de Septiembre de 2011...

               El martes recibí una llamada del Ministerio de Desarrollo Social, por el tema de las Viviendas Económicas. Yo me había olvidado por completo del tema, pero cuando recibí el llamado no pude hacer otra cosa que seguir con la farsa… Nada menos que el Ministro se reuniría conmigo.
                El encuentro se produjo esta mañana en las dependencias del Ministerio. Una oficina bastante lujosa en un décimo piso con una vista panorámica de toda la ciudad.  El ministro estaba sentado en un enorme sillón de escritorio con un aspecto superconfortable. Totalmente tapizado en cuero, con posabrazos ergonómicos y suspensión neumática regulable.
                Cuando ingresé al despacho, acompañado por tres asesores, el Ministro nos daba la espalda. Sentado en su sillón (que se me ocurrió, muy parecido a un trono moderno) observaba en silencio la ciudad que tenía a sus pies…
                - Algún día… Algún día serás mía… -murmuraba hasta que uno de los asesores me anunció.
                El ministro giró su silla sorprendido y sonrió un poco avergonzado mientras nos enseñaba la foto de un sartén algo ennegrecido por el uso y con aspecto de muy antiguo.
                - ¡Oh, lo siento mucho! –se disculpó al tiempo que se ponía de pie-. Me sorprendieron hablándole a la foto –el ministro me la extendió-. Soy coleccionista de sartenes y este que usted ve aquí hace tiempo que quiero incluirlo en mi colección pero su valor no hace más que subir y subir… -el hombre se encogió de hombros y sonrió con sonrisa de político en campaña-. Pero, algún día será mía, es algo que presiento. ¡Un sartén del siglo XIX que ha pertenecido a al abuelo de José Marrone nada menos…! No sé si usted lo sabía pero el abuelo de Marrone fue quien popularizó en Buenos Aires la famosa tortilla a la española... ¡Pero cuénteme ese proyecto interesante que tiene!
                Debo admitir que me puse un poco nervioso. Traté de acomodarme el cabello pero recordé que lo tenía corto y me acomodé el saco antes de sentarme. Aproveché la ocasión para estrenarme mis ropas nuevas y realmente me sentía muy extraño sin mis All Star y mis remeras de superhéroes.
             - Bueno –comencé diciendo tímidamente y saqué de mi bolso un ropero de juguete. Cuando me habían llamado por teléfono para citarme fui corriendo a casa de mi primo y le pedí prestado un roperito de la Barbie de su hijita. Le pegué una duchita hecha por mí con un sorbete de leche chocolatada Cyndor e hice una cama con una cajita de fósforos-. Básicamente es esto –les dije y posé el roperito en el escritorio. El Ministro me miró un poco desilusionado.
                - Y… ¿Qué vendría a ser esto?
               - Bueno, básicamente es una unidad de vivienda funcional que, al ser hecha con un ropero, su costo es bastante accesible… El… prototipo que está en casa está pensado para una persona soltera, pero utilizando los otros compartimientos del placard se pueden añadir más ambientes –abrí las puertitas y les enseñé el compartimiento del baño y el dormitorio tipo loft.
                - ¿Y qué costos tendrían estas… viviendas?
             - Eso es lo interesante señor… Si enganchamos a algún fabricante de placares (si son de pino mejor) vamos a tener un buen precio… Digamos que de costo estas casas podrían llegar a salir entre mil y tres mil pesos dependiendo de la medida del placar… Podríamos agregarle unos quinientos pesos más si le sumamos la grifería y alguna membrana para revestir la madera y que los elementos no la dañen.
                No sé cómo se me ocurrió toda esa sarta de pavadas pero al parecer causaron buena impresión. Cuando terminé mi exposición, los tres asesores compartieron una mirada de aprobación y luego cuchichearon con el Ministro.
                - ¡Perfecto! –exclamó entonces. Se puso de pie y me estrechó la mano-. ¡Prepareme un informe completo: impacto ambiental, costos, bla, bla… Lo usual para estos casos y en cuanto lo tenga se lo acerca a alguno de los asesores. Ahora lo dejo porque tengo pautada una entrevista para el programa de Carozo y Narizota, una sección nueva de su programa que se llama: "Hecha la Ley hecha la Trampa". Calculo que voy a estar cómodo, no creo que sea muy diferente de "A Dos Voces". ¡Álvarez, regálele una foto de campaña, de las autografiadas! –le dijo a uno de los asesores y luego se dirigió a mí con una sonrisa-. Me postulo para senador, no deje de votarme.  
                Salvado este nuevo obstáculo me dediqué a lo que realmente me importaba: buscar el que sería mi hogar dulce hogar de ahora en más. De modo que me pasé toda la tarde requisando los principales sitios web de inmobiliarias. Ya tengo identificadas una par de casitas para ir a visitar, puede que más pronto de lo que pensaba voy a tener mi propia morada.
             ¡Qué sensación extraña es saberse con un millón de pesos en el banco! Saber que uno no debe preocuparse por si le alcanzará o no el sueldo, saber que uno puede darse pequeños caprichitos que uno antes no podía darse. Debo confesar que en un primer instante me vi tentado en salir corriendo a “Superheroes Cómics” y comprarme todo lo que viera, pero reprimí el impulso. Había jurado comportarme como un adulto y lo mantendría así me costase la vida.
                A mi madre y mi hermana les pagué un viaje por Europa, de modo que estoy por primera vez en mucho tiempo, solo y tranquilo… y con plata.  Claro, pero todo tiene su lado malo.
                El martes por la noche fui a la casa de Tony. Allí estaba la Cofradía reunida: era día de rol.
               - ¡Dale, sacá los dados y la pantalla que hoy estoy sebadísimo! –me urgió Pedro dando palmadas para que me apurase-. ¡No sabés las ganas que tengo de jugar hoy!
                - Pero… ¿y el morral? –observó Alan.
                - No lo tengo -les dije con gravedad.
                - ¿Qué pasó? ¿Te robaron? –quiso saber Marcelo.
                Yo negué con la cabeza.
                - ¡Pará! –exclamó Claudio y me observó de arriba abajo-. ¿Qué hacés con esas pilchas, vos?
                - Así pienso vestirme de ahora en más… El Andrés que conocían ya no existe más… A partir de ahora comenzaré a vivir como el hombre adulto que soy…
                - ¿Te sentís bien, vos? –quiso saber con honda preocupación Pedro-. ¿Te golpeaste la cabeza o algo así?
                - No, Pedro… No hay golpe ni nada extraño. ¡Ya fue! ¡Ya entendí que no soy más un niño!
                Tony me miró con ojos agrandados por unos largos segundos y de pronto su mandíbula comenzó a temblar con frenesí. Pegó media vuelta y corrió para encerrarse en el baño.
                - ¡Estupidoooo! –gritó antes de cerrar la puerta entre lágrimas mal contenidas.
                - Si es una broma es de muy mal gusto –dijo con seriedad Alan.
                - No es broma, Alan, si no hago esto siento que mi vida… Mariela se fue con el enano…
                - ¡Bah, desde cuando nos importaron las mujeres! –me retrucó ofendido Claudio.
              - ¿Es por eso? –Tony se asomó solo un poco por la puerta del baño aun lloroso- ¿Es por eso que lo hacés, por la traición de esa mujer?
                - Por eso y por todo…
            - ¡Te entiendo entonces, hermano! –dijo Tony saliendo del baño y secándose las lágrimas con el puño de la manga de su buzo. Cuando llegó a mí me abrazó con efusión-. ¡Te entiendo y tenés mi bendición! ¡Te dije que esa mina te iba a cagar! ¡Por lo menos no te quiso enchufar el hijo de un albañil tucumano como a mí!
                - De todos… vos eras el único que creí que nunca ibas a violar las normas de la Cofradía –me dijo Marcelo y percibí cierto tonito de resentimiento.
                Pedro miró a todos con angustia mientras asentía levemente con su cabeza, finalmente se dirigió a mí.
           - De modo que vos venís a ser el Onslaught nuestro. Así como Xavier traicionó a sus queridos alumnos y a su propio sueño, vos ahora hacés lo propio con nosotros…
         - Podemos decir, entonces, que la Cofradía de los Penosos Caballeros Resignados, queda formalmente disuelta –anunció Alan abatido. Su cabeza se hundía entre sus hombros caídos.
                - No creo que sea para tanto… -intenté decir, pero Claudio me cortó en seco.
                - ¡Miserable! –gritó-. ¡Nosotros creímos en vos, en este… sueño!
                - ¿De qué sueño me hablas?
                - ¡Andá a vivir tu vida de adulto! –prosiguió sin prestar atención a lo que yo le decía-. ¡Tendríamos que haber dejado que esa loca de Cynthia lo tuviera secuestrado para siempre, mirá!



                Todas eran miradas hostiles, pero que en el fondo reflejaban miedo. Por primera vez en años les estaba soltando la mano. Por primera vez en años no tendrían un Dungeon Master para que les dirija las campañas. Todas las miradas eran hostiles, excepto la de Tony quien me abrazó de nuevo.
                - ¡Yo te entiendo, papá! –me dijo mientras aferraba con fuerza mi nuca-. ¡Andá tranquilo, ya se les va a pasar a ellos! Cuando estás listo para regresar, vamos estar esperándote…
                - Es que no sé si voy a regresar, Tony. Esto es un viaje de ida.
                - ¡Quedate tranquilo que yo te mando el pasaje de vuelta!
              Dejé la casa de Tony y caminé muy despacio hasta casa, con las manos en los bolsillos y las solapas de mi saco levantadas para proteger el cuello y el pecho de la brisa fría que se había levantado por la noche. Me detuve solamente a mirar, una vez, mi reflejo en la vidriera de un negocio. Aquel tipo que se reflejaba no era yo, definitivamente. Por más que me esforzaba no lograba reconocerme, y con lo que venía de hacer mucho menos. El Andrés Pacienci que conocía nunca hubiera dejado en banda a sus amigos.
             Cuando llegué a casa, la misma lechucita del otro día me estaba aguardando con un sobre similar. Se lo tomé de las patas y no pude reprimir acariciar con ternura la cabecita del ave. La scops chilló y me picoteó el dedo, para luego irse volando. La nota era concisa como todas sus notas:
                “El huevo de la venganza ya ha sido empollado y está a punto de eclosionar.  COCSO”

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