jueves, 13 de octubre de 2011

Sábado 08 de Octubre de 2011.


                El sábado salimos Gonzalo y su esposa, Miguel, Amilcar, y Calandria y yo.  Fuimos a cenar, y después terminamos en la casa de Gonzalo a tomar un café y charlar un poco.
                La cena estuvo bien, aunque no me sentí del todo cómodo. Era un restaurant de estos nuevos que hay en Palermo Soho. Poca luz, platos enormes, contenido miserable, una aburrida música lounge de fondo…
                Gonzalo y Marisa pidieron sushi… Todavía no entiendo cómo la gente puede comer eso. Yo intenté pedir una milanesa con puré, pero la mesera Sofía, muy amablemente me dijo:
                - No, señor. No tenemos milanesa con puré. Podemos ofrecerle lomitos de peceto rebozados en lluvia de polvo de pan mezclado con productos de granja batidos con hierbas aromáticas, acompañados de papas al natural pisadas.
                Eran dos milanesitas de peceto  con ajo y un puré de papa que no serían más de dos o tres cucharadas. Eso sí, el precio era como si me hubieran puesto tres kilos de bola de lomo en el plato.
                A mitad de la velada, entró un chico que no tendría más de doce años vendiendo lapiceras. Gonzalo le compró una y cuando el niño se retiró, meneó la cabeza con expresión pesaroza.
                - ¡Ven, esto es lo que me pone mal de este sistema de porquería! Mientras nosotros podemos darnos el lujo de cenar acá, este pibe tiene que estar en plena noche vendiendo lapiceras para, quizás, poder comprarle una leche y pañales a sus dos o tres hermanitos menores.
                - ¡Ay, si! – añadió Calandria- La realidad de vez en cuando nos pega estos cachetazos. El otro día un viejito estaba en la puerta de casa, todo sucio, lleno de bolsas con latas que juntó de la calle… ¡Y el tipo había sido doctor! ¿Les parece a ustedes? El pobre quedó en la calle por una mala inversión, las deudas le comieron todo su patrimonio…
                - Yo, por eso comulgo con el socialismo –dijo Gonzalo-. Llamenme idealista, pero considero que debe haber una forma de crear conciencia y hacer cambiar esta sociedad individualista arrasada por el consumismo.  ¿Vos qué opinas, Andrés?
                - Si –indiqué-. Creo entender tu punto de vista. Deberíamos poder hacer algo al respecto… ¡¿Qué se yo?! Cómo el Señor V… Podríamos, comenzar a sembrar el caos con pequeños actos terroristas y así ir haciéndoles tomar conciencia a la gente… Hoy en día las máscaras de Guy Fawkes se consiguen fácil…



                - ¿De qué estás hablando, Andresito? –Miguel me miraba con una expresión entre divertida y extrañada.
                Comencé a transpirar. Una vez más estaba sucediendo. Inconscientemente se me había venido a la cabeza las páginas de la novela gráfica  “V for Vendetta” del genial Alan Moore.
                - Nada, nada… este… una cachada…
                - ¡Seguro! –intervino Amilcar lanzando una risa socarrona-. Estoy con Andrés yo. Solo se puede tomarlo a broma ese comentario. Una sociedad igualitaria, pareja para todos es una utopía. Desde el momento en que alguien de la sociedad debe ascender para guiar, o legislar al resto, ya no hay igualdad.
                - ¡Por favor, Amilcar, no empecés vos! ¡Contador tenías que ser!
                - ¡No metas la profesión acá, porque vos entonces haciendo casitas de country para los ricos!
                - ¡Che! ¿Por qué no cambiamos de tema? –propuso Miguel-. ¿Qué les parece si hablamos de arte? Menos controversial…
                - Tenés razón, Miguel –dijo Marisa y le sonrió-. Menos mal que vos sos el pensante del grupo porque si no, con estos dos…
                - ¿Te gusta el arte, Andrés? –quiso saber Calandria que de todo el tiempo que estuvimos juntos lo que menos tocamos fue el tema “arte”.
                - ¡Claro que me gusta el arte! ¡Es una disciplina espectacular!
                - ¿Ah sí, te gusta? –dijo algo sorprendido Amilcar-. No te hacía amante del arte…
                - ¡¿Yo?! –salté un poco ofendido por el comentario-. ¡Yo nací con una revista bajo el brazo!
                - Un catálogo, querrás decir –me corrigió Miguel.
                - ¿Qué, vos le llamas catálogo?
                - Y… si…
                - ¿Cuáles son tus artistas favoritos? –me preguntó Gonzalo-. Si me apurás un poco yo diría que a vos te gusta Rembrant… No sé por ahí por el estilo del barroco…
                Yo negué con la cabeza.
                - Nada que ver, aunque si me hablás de un estilo barroco te podría decir Breccia. ¡El padre, eh! Sobre todo cuando experimentó en los sesenta con la obra cumbre del maestro Oesterheld. Pero a mí me gusta un Byrne, un Romita Jr, un Alex Rose… Alex Rose trabaja sobre modelo vivo… Un manejo de la anatomía tiene…
                Cuando vi la forma en que todos se miraban entre sí, me di cuenta que había vuelto a suceder. Fue ahí que me puse de pie y me dirigí al baño a castigarme un poco.
                Cuando llegamos al departamento de Gonzalo, Marisa preparó café con su máquina expreso último modelo y nos acomodamos en los sillones de su living.
                - ¡¿Qué me cuentan de la Inseguridad?! –tiró Amilcar como para proponer algún tema.
                - ¡Ni me hablés! –saltó Gonzalo-. El otro me robaron el celular. Iba por calle Florida, imagínate lleno de gente, lleno de polis… ¡Qué me voy a imaginar que me van a arrebatar la Blackberry! Pero bueno, el raterito no tiene la culpa… La culpa la tiene el sistema, la sociedad. El pobre pibe sale a robar porque no le queda otra, si el estado le diera las herramientas para salir adelante…
                - Para mí, el que es chorro es chorro y hay que boletearlo –indicó Amilcar-. ¡Todo por culpa de la falopa, viejo. Es así! ¡Andan todos los pendejos sacados!
                - Bueno… la falopa también es culpa del sistema…
                - Hace falta más policía –acotó Miguel.
                - La policía no puede hacer nada, Miguelito –le dijo Amilcar-. Con esto de los derechos humanos están atados de pies y manos… ¡¿Y los jueces garantistas?! ¡Por favooor!
                - ¿Vos te pensás que con más policía vas a solucionar el asunto? –intervino Marisa que comparte el pensamiento de su marido-. Educación, Amilquitar, educación hace falta en este país.
                - ¿Vos que decís, Andrés? –me preguntó Gonzalo-. ¿Creés que están mal aplicados los derechos humanos?
                - Y no sé… Batman nunca te va a matar a un delincuente, pero que los quiere encerrados los quiere encerrados…



                - ¡No, dale! Estamos hablando en serio… ¡No metas un dibujito para nenes ahora!
                Me quedé mirando a Gonzalo fijamente. Giré la cabeza hacia un lado, luego hacia el otro, muy lentamente, haciendo crujir los huesos de la nuca. Me puse de pie, tomé mi abrigo.
                - ¿Vamos, Calandria?
                - ¡Eh! ¿Ya te vas? –me preguntó algo sorprendido Gonzalo-.
                - Sí, tengo que levantarme temprano mañana.
                - Pero… si es domingo mañana, yo pensé que…
                - ¡Yo los domingos me levanto temprano! –lo corté en seco.
                - Andresito… ¿vos te ofendiste por algo que dije? –se lo notaba realmente preocupado a Gonzalo. Pero en ese momento no me importaba.
                - Noooo… ¿Ofendido yo? ¿Por qué iba a estarlo? –la cara me estaba hirviendo-. Ya te dije, mañana… viste como es… Uno a veces…
                - No está bien, está bien… Te entiendo…
                Me despedí de todos, y por último de Gonzalo que nos acompañó a la puerta. Le di un beso en la mejilla, el me palmeó la espalada, salí al palier y llamé al ascensor.
                - ¡¿Y sabés qué?! –le dije de pronto dándome vuelta súbitamente, tanto es así que Gonzalo sorprendido dio un respingo. Yo estaba furioso y ya no me pude contener-. ¡Para que sepas, Batman no es ningún dibujito para nenes! Los argumentos de Batman gozan de una complejidad y una calidad literaria que a la altura de Borges podrían estar. ¡No le permito a nadie, a nadie, ni a mi vieja, que se insulte así de esta manera el trabajo de grandes como Alan Grant, Alan Moore, Frank Miller… tan solo porque ignorantes como vos se quedaron con los patéticos dibujitos de Hanna & Barbera…
                Llegó el ascensor y me fui junto con calandria que intercambió un par de miradas de preocupación con Gonzalo. De inmediato me di cuenta de lo desesperada de mi situación… Menos mal que el lunes voy a ver a la psicóloga… Esta situación se está volviendo insostenible.
                Ya en la tranquilidad de mi hogar, Calandria quiso saber qué había sido esa reacción mía.
                - ¿Qué reacción? –me hice el desentendido.
                - Gritarle de esa manera al pobre de Gonza…
                - Yo no le grité –le respondí haciendo pucheritos y retorciendo nerviosamente uno de los faldones de mi camisa.
                - ¡Vamos, admitilo! Te habías puesto como loco…
                Acorralado por Calandria, no sabía que responder. Comencé a sudar mientras trataba de buscar en mi mente una respuesta lógica y adulta para dejarla satisfecha, entonces le dije:
                - ¡No admito nada! ¡Y ojala que a ese Gonzalo lo agarre la Doom Patrol por bocón… ¡Mirá si Batman va a ser para nenitos! ¡La boca se tiene que lavar antes de hablar así del Caballero Oscuro! ¡¿Qué se piensa?! Y ahora si me disculpás tengo que ir al baño.
                En el baño me di una buena golpiza, pero ese fuego interior que se me despierta ya no lo pude apagar. Salí con un tapón de algodón en mi fosa nasal izquierda y una curita en mi pómulo derecho. Calandria me estaba esperando en la cama, como Dios la trajo al mundo pero a mi me dolía todo y no estaba de ánimos para hacer nada, así que me dormí.
                En mitad de la madrugada me desperté y ella no estaba en la cama. Me levanté y fui al living sin encender la luz, ella estaba sentada en uno de los sillones hablando por su celular.
                - No quiero hacerle esto, Teófilo… Me parece un buen chico… Es un poco pavo, pero malo no creo que sea como para que le hagamos esto…



                ¡Horror! Calandria me está engañando con alguien… ¡Encima con alguien llamado Teófilo! Encima tengo la extraña sensación de que ese nombre me suena muchísimo, aunque ignoro el motivo.
                Por supuesto, volví a la cama y me hice el dormido. Ella regresó a la cama a los cinco minutos procurando ser todo lo sigilosa que podía para no despertarme. Por ahora no le voy a decir nada, veré si puedo averiguar algo más concreto antes.
                No tengo más que contarles por el momento. Una angustia más se ha sumado a mi maravillosa vida de adulto. El lunes les contaré como me fue con la psicóloga. ¡Adiós!

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